Álbum

Castora Herz

Cien años de CastoraSamain Music, 2026
La música tradicional, si no evoluciona, se fosiliza, acaba convertida en una pieza de museo, y deviene folclore más muerto que vivo. Durante décadas, ese parece haber sido el destino de buena parte del patrimonio musical del Estado español, en manos de instituciones tan retrógradas como los franquistas Coros y Danzas del Movimiento, que en algunos lugares todavía persisten bajo otras denominaciones.

Luchando contra la ignorancia a la que a menudo ha sido condenada, esa tradición ha conseguido, afortunadamente, sobrevivir a sus más implacables perseguidores, porque siempre ha habido colectivos que la han mantenido en activo contra viento y marea, renovándola constantemente, ya sea acercándola hacia el folk-rock, pasándola por el cedazo de la canción de autor o incorporándola a las tendencias de la world music, aunque en este último caso cueste discernir si unos ritmos tan cercanos, tan de casa, como los de Castilla y León que nos ocupan en este caso, pueden adscribirse a esa calificación de matriz anglosajona.

En los últimos años, una nueva corriente ha irrumpido en este sufrido campo de la canción y el baile popular. En cierto modo se podría decir que ha entrado a saco, como un elefante en una tienda de cerámica, para ver qué tesoros obtenía hurgando en ese patrimonio que ha subsistido a tantas penalidades a lo largo de la historia. Y lo ha hecho esgrimiendo una nueva arma: la folktrónica, que consiste en la pretensión de poner al día esas músicas inyectándoles dosis más o menos contenidas o más o menos exageradas de componentes electrónicos. En este país vamos sobrados de experimentos de este tipo, que con mayor o menor fortuna están llamado la atención, ampliando repertorios y discografías y llenando tanto plazas como discotecas.

Uno de los ejemplos más llamativos de esta nueva escuela es el sello Samain Music, con sede en el pueblo palentino de Ampudia, y regido por Castora Herz, un DJ y productor que ha editado su primer disco de larga duración, “Cien años de Castora”, que pretende ser un homenaje íntimo a la tradición, encarnada por su abuela, Castora Hernández Rasposo, natural de esta población. Con este trabajo, Castora Herz quiere otorgar una posición de flamante modernidad a esa tradición, llevando al terreno de la mencionada folktrónica un repertorio de jotas, seguidillas, cantos de trabajo y bailes como el ajechao, con melodías que mantienen su vigencia, como la popular “Campurriano”, a base de incorporarles bits y más bits artificiales, cuya frialdad no deja de contrastar con el original carácter orgánico, comunitario y espontáneo de ese patrimonio que rescata con un acierto más bien discutible.

O contradictorio. Porque, ¿hasta qué punto esos ingredientes tecnológicos enriquecen la tradición? O, dicho de otra manera, ¿hasta qué punto la tradición precisa de la tecnología para sobrevivir? Son preguntas que el tiempo responderá. Mientras tanto, Castora Herz y tantos otros pueden seguir con sus experimentos en búsqueda de un supuesto vellocino de oro que les permita lograr la fórmula perfecta capaz de combinar la naturalidad ancestral y telúrica con la maquinaria cibernética y despersonalizada.

De momento, el productor palentino parece tener claro su camino y para redondear sus “Cien años de Castora” se ha rodeado de un montón de amigos, comenzando con el grupo multidisciplinar La Quadrilla y continuando con las aportaciones del dúo Delameseta, Cristina Len, María Alba (El Naán), Yoel Molina (Casapalma), Miguel “Sator” Sánchez, Diego Baeza y la poeta María Sotelo. ∎

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