Álbum

Clarissa Connelly

World Of WorkWarp-Music As Usual, 2024

Residente en Dinamarca desde la infancia, la multinstrumentista de origen escocés Clarissa Connelly fichó a finales del año pasado por Warp para publicar en el prestigioso sello londinense su tercer álbum –quinta colección de temas si consideramos las dos cintas de casete que sacó en Brystet entre 2015 y 2018–. “World Of Work” propone un mundo interior que fluye en hechuras clasicistas –piano y guitarra forman la base de su sonido– y que recuerda a Kate Bush por su detallismo, onirismo y uso de la voz como instrumento, aunque fue junto a otras damas ilustres como Laurie Anderson y Meredith Monk con quienes mejoró sus técnicas vocales. En cuanto a sus colegas contemporáneas, se alinearía con gente como Jenny Hval, aunque el universo de Clarissa Connelly resulta menos amenazador.

Temas únicos como “Wee Rosebud” (“Pequeño pimpollo”), primer single digital de “World Of Work”, encapsulan la última evolución de Connelly, una suma de experimentación, delicadeza, la enigmática belleza del folk nórdico –no tanto el celta esta vez– y cierto medievalismo que parte del gótico místico de Hildegarda de Bingen y pasa por la música del Renacimiento hasta la electrónica de Anderson. Todo ello resulta en un pop de cámara trufado de notas de jazz, suave prog-rock y otras exquisiteces organizadas alrededor de dos conceptos no estrictamente musicales: trabajo –lo cotidiano o mundano– y deseo –o extático o elevado–. Así, el álbum da comienzo con “Into This, Called Loneliness”, donde parece escucharse “don’t know how I got here, but I know that loneliness is here, entre Moondog y Joanna Newsom, seguido por “The Bell Tower”, donde solo se oyen pasos y el tañido de campanas, motivo que se repetirá más adelante.

Durante la creación del disco Connelly confiesa haber escuchado cosas tan dispares como el minimalismo centroeuropeo de Arvo Pärt, un trío de folk noruego llamado Valkierien Allstars, al maliense Bassekou Kouyate y su versión del gnoni africano, a la gran Joni Mitchell o el álbum homónimo que Lyle Mays, pianista de Pat Metheny Group, publicó en 1986. Por esas pistas no tan trilladas como pudiese parecer –Connelly también suele citar a William Blake en el apartado de las imágenes– camina “World Of Work”, un trabajo que se desenvuelve lógicamente entre lo sacro y lo profano. Así sucede en cortes como el recoleto “Turn To Stone”, o “The Excess Of Sorrow, Laughs”, pieza central donde suaves arreglos de mellotron y frases como “What if death’s false alarm?” desbrozan el camino del oyente hacia la luz.

“World Of Work” consolida la madurez de la escocesa afincada en Copenhague, especialmente en la segunda parte del álbum, donde recurre aún más si cabe a un folk interpretado a base de preciosos arpegios de guitarra acústica, sintetizadores atmosféricos y un lenguaje místico que remite a los segundos Eyeless In Gaza en temas como “Tenderfoot”. “Crucifer” invocaría a Current 93, aunque las formas de Connelly son poco apocalípticas a la hora de expresar ese lado numinoso y liminal. Al final, “S.O.S. Song Of The Sword” parece sucumbir a ese mundo adulto del trabajo –el título del álbum se inspira en un ensayo de George Bataille, “El erotismo” (1957), autor que conoció leyendo una entrevista de Björk–, el que nos aliena de nuestra verdadera naturaleza divina. Pero lo mejor siempre es perderse en la música y dejar que cada cual saque sus propias conclusiones. ∎

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