El cambio que se apuntaba en “The Caution Horses” (1990) queda consolidado en este cuarto álbum de la banda de los hermanos Timmins. Si en sus inicios sus canciones eran puros susurros espontáneos, grabados con un micrófono en medio de la quietud y la melancolía, ahora se han hecho más fuertes, sin perder delicadeza. Y también más convencionales. Cowboy Junkies se han ido escorando hacia un rock tradicional muy bañado de country y blues, cada vez más sofisticado. Estas nuevas doce canciones siguen dejando sitio al reconfortante ambiente que siempre han sabido crear, al gusto exquisito de las melodías que componen y a la ensoñación más recia. Pero también se confunden más entre montones de producciones del pasado y el presente. Su sonido es menos distintivo.
Pero es la voz de Margo Timmins lo que prevalece. Pocas chicas hay que canten con semejante calidez, y al mismo tiempo sepan marcar las distancias. Entregada y fría al mismo tiempo. Irresistible. Y del mismo modo, aunque no sorprenda en un principio, se va haciendo irresistible todo el álbum, canción a canción. Porque siguen componiendo muy bien y consiguen una unidad total en el disco, a pesar de que dos de las composiciones no sean suyas, sino de Townes Van Zandt, o de que por un momento tiendan a adornar las canciones, con la sección de viento de “Oregon Hill” o el dueto vocal con John Prine en “If You Were The Woman And I Was The Man” . ∎