“The Testament Of Ann Lee” es el nuevo trabajo cinematográfico de Daniel Blumberg, aka Hebronix y exmiembro de Cajun Dance Party y Yuck. Con estreno previsto en España el 13 de marzo, es el tercer largometraje de la directora noruega Mona Fastvold, esposa de Brady Corbet. Él coescribió y protagonizó el primer filme de Fastvold, “Dobles parejas” (2014), y participa también en el guion de esta última película, mientras que ella es coguionista de “The Brutalist” (2024). Daniel Blumberg se entiende bien con ambos: debutó en el ecosistema familiar con la música de “El mundo que viene” (2020), segundo largo de Fastvold; compuso después la oscarizada de “The Brutalist” y firma esta inquietante partitura sonora sobre Mother Ann Lee (1736-1784), la mujer que fundó y lideró la Sociedad Unida de Creyentes en la Segunda Aparición de Cristo, conocidos como los shakers por la excitación y sacudidas de sus bailes rituales. Fue un movimiento/secta teológico y utópico, emparentado en ciertos aspectos con los cuáqueros protestantes, que defendió la dualidad masculino-femenina de la divinidad y la igualdad de género. Eran célibes y vaticinaron que en 1792 Jesucristo volvería para provocar el fin del mundo.
Campanas, sonido de pájaros, un rumor electrónico y la voz de la actriz neozelandesa Thomasin McKenzie –quien interpreta a Mary Partington, una de las primeras shakers que emigraron de Inglaterra a Nueva York para escapar de las persecuciones y abusos a los que estaban sometidos los miembros de la secta– entonando el tema de presentación del filme. El corte “Manchester”, en alusión a la ciudad en la que nació Lee, termina con el sonido lúgubre de unos azotes y encadena con la muy breve “Hero Prayer One”, construida a partir de los bailes y alaridos que proferían los shakers en sus ceremonias. La banda sonora se desarrolla a través de miniaturas instrumentales que procuran cierta calma con violas y liras (“Walk To Wardleys”), algunas muy bellas (la cristalina y ensoñadora “Magical Boat Ride”), o bien describen los procesos neblinosos en los que se sumerge la protagonista con cuerdas repetitivas hacia el abismo que recuerdan al score de “The Brutalist” (“Search For Ann”, “Arrest”) o las teclas desganadas de un piano que arropan una letanía en susurros (“Whore”). La vehemencia recula cuando entran unos violines de aires campestres para silenciar ese piano angosto y congeniar con la inesperada irrupción de una guitarra eléctrica (“The Eclipse”). Tras un grito demencial de mujer, los coros femeninos en distintas capas ofrecen una sensación de fiesta y celebración (“Building & Growing”).
Alternadas con estas fases instrumentales, Blumberg compone catorce piezas vocales, o elaboradas solo con voces, que son las que describen mejor las vivencias de la protagonista y sus acólitos. Algunas de ellas están inspiradas en los himnos de la congregación y otras son canciones originales compuestas para la narrativa de la película. “Wardleys” incluye los lamentos siniestros de Maggie Nichols, vocalista de improvisación y free jazz. “Hunger & Thrist”, “Beautiful Treasures”, “Stone Prison” y “Down To The Deep” son baladas luminosas cantadas en plenitud o a media voz por Amanda Seyfried, la actriz que da vida a Ann Lee. “Bow Down Of Zion”, interpretada por Lewis Pullman (William Lee en la película), inclina solemnemente la cabeza ante el Monte Zion y la tierra prometida, con otra intromisión final de una guitarra eléctrica enfebrecida. La voz de Seyfried se funde con los coros de todo el reparto en “All Is Summer”. “I Love Mother (Pretty Mother’s Home)” adquiere el tono de un hermoso blues espiritual y colectivo. En “John’s Running Song”, la interpretación de Pullman es acompañada por los sonidos y ritmos vocales de David Cale, dramaturgo, compositor y monologuista que interpreta a otro de los personajes fundamentales del filme. “Clothed By The Sun”, el tema que cierra disco y película, es un reverberante dueto entre Seyfried y el propio Blumberg, con el melancólico subrayado de una armónica, que recuerda a algunos temas serenos y tristes de Califone.
Una banda sonora generosa, de 33 cortes y 78 minutos (sobre los 137 minutos que dura el filme), que tiene más semejanzas con la de “The Brutalist”: el tema “Shattuck”, uno de los más largos, ofrece la misma sensación de miedo, vacío, angustia y agobio, aunque aquí subraye los delirios y visiones religiosas del siglo XVIII y allí acompañara la crisis del mundo moderno tras la barbarie de la segunda contienda mundial y el Holocausto. ∎