Álbum

Death Cab For Cutie

I Built You A TowerANTI-[PIAS] Ibero América, 2026

Death Cab For Cutie llegaron cuando ser emo era prácticamente una profesión a tiempo completo. La tristeza tenía prestigio cultural, el indie había terminado de florecer y Ben Gibbard escribía canciones sobre seguir a tu pareja incluso después de la muerte. Su tema más famoso era (y sigue siendo) “I Will Follow You Into The Dark”, una canción que convertía uno de los pensamientos más obsesivos posibles en una declaración de amor: estar con la cabeza en que tu pareja la va a palmar. Lo curioso es que Gibbard logró vender todo aquello como algo mucho más sofisticado. Mientras publicaba discos con Death Cab For Cutie, también triunfaba con “Give Up” (2003), álbum un poco más electrónico y experimental de su otro proyecto, The Postal Service. Entre sintetizadores delicados, portadas minimalistas y guitarras cristalinas, consiguió que una generación de lo que en esos entonces se llamaba gafapasta (y por suerte ya no) abrazara un discurso muy emo sin llamarlo emo.

Incluso cuando Death Cab fueron acercándose a un indie rock cada vez más pulido, Gibbard siguió escribiendo sobre la muerte, la pérdida y el paso del tiempo. Ahí estaba Codes And Keys(2011), un disco aparentemente luminoso que incluía “Underneath The Sycamore”, construida alrededor de la imagen de un ataúd. Y es que Death Cab siempre han hablado de hacerse mayores. Lo que ocurre es que durante mucho tiempo lo hicieron con la intensidad emocional de quien todavía cree que la juventud es un estado permanente. Y ahora ya no lo son tanto.

“I Built You A Tower”, su nuevo disco, sigue hablando de pérdidas, separaciones, cansancio y duelo, pero lo hace desde un lugar completamente distinto. Transatlanticism (2003) y Plans (2005) construyeron una forma muy concreta de entender las relaciones sentimentales. Una ruptura adquiría dimensiones tectónicas y pocos grupos contribuyeron tanto a romantizar la tristeza, pero a los cincuenta ya has sobrevivido varias veces al fin del mundo. Durante los últimos años Gibbard ha atravesado un divorcio, varias pérdidas personales y una etapa de desgaste emocional que permea buena parte del álbum. Sin embargo, las canciones rehúyen la autocompasión para centrarse en algo bastante más complejo: la aceptación.

La mejor representación de esa idea aparece precisamente en la estructura del disco. En “I Built You A Tower (a)” Gibbard construye una torre mental para encerrar a una persona dentro del recuerdo: “I needed you contained”, canta. Más de media hora después, “I Built You A Tower (b)” recupera la misma canción para ofrecer una conclusión diferente. La obsesión sigue ahí, pero ahora aparece acompañada por una frase que resume buena parte del álbum: “I’m learning how to live without you”. El LP entero puede entenderse como el espacio que separa ambas afirmaciones.

Así, “I Built You A Tower” continúa el camino que Death Cab empezaron a explorar en Asphalt Meadows (2022), aunque con resultados bastante más consistentes. John Congleton vuelve a la producción y empuja al grupo hacia un terreno donde conviven varias versiones de sí mismos. Siguen apareciendo las guitarras cristalinas, los arpegios luminosos y las melodías vocales que definieron discos como “Plans”, pero ahora conviven con bajos más agresivos, ritmos nerviosos y una presencia mucho mayor de texturas cercanas al post-punk, el krautrock e incluso cierta electrónica analógica heredera tanto de The Postal Service como de la tradición indie estadounidense de finales de los noventa. Así, “Punching The Flowers” se construye sobre una guitarra seca y repetitiva que introduce una energía ansiosa, muy alejada del tono contemplativo que suele asociarse a la banda. “How Heavenly A State” gira alrededor de un bajo abrasivo y una dinámica ascendente que por momentos recuerda más a grupos contemporáneos como Protomartyr o The Murder Capital que al propio pasado de Death Cab. Incluso “Trap Door”, probablemente la canción más cercana a las inquietudes electrónicas de Gibbard, encuentra un equilibrio elegante entre sintetizadores ambientales, cajas de ritmos discretas y la sensibilidad melódica clásica del grupo. Por su parte, en “The Flavor Of Metal” las imágenes de ansiedad física y emocional aparecen integradas dentro de una reflexión mucho más amplia sobre el envejecimiento y la fragilidad. Todas ellas son canciones que observan el dolor desde cierta distancia. El protagonista ya no se encuentra atrapado en medio del incendio, sino que camina entre las cenizas intentando entender qué hacer a continuación. Un ave fénix renacería. Pero nosotros somos seres humanos. ∎

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