Álbum

Diepkloof United Voice

Harmonizing SowetoOstinato, 2023

Sin prisa pero sin pausa, el sello independiente neoyorquino Ostinato –que fundó y dirige con buen olfato global Vik Sohonie– saca lustre a archivos históricos y también ofrece novísimas propuestas para divulgar música ignorada de esquinas del mundo. Entre los primeros relucen los recopilatorios “Tanbou Toujou Lou. Meringue, Kompa Kreyol, Vodou Jazz & Electric Folklore From Haiti” (2016), “Sweet As Broken Dates. Lost Somali Tapes From The Horn Of Africa” (2017) y otros rare grooves que exploran músicas de Cabo Verde y Sudán. Entre sus lanzamientos más recientes figuran “Beja Power! Electric Soul & Brass From Sudan’s Red Sea Coast” (2022), a cargo de Noori And His Dorpa Band, con una incandescente mezcla de rock, blues del desierto, música etiópica y efluvios nubios para configurar una vibrante música sudanesa actual. Del mismo país es el electro del misterioso teclista Jantra, protagonista con su Yamaha del álbum “Synthetized Sudan. Astro-Nubian Electronic Jaglara Dance Sounds From The Fashaga Underground” (2023).

Siempre con la oreja pegada a lo que se cuece en África, su último descubrimiento es el fabuloso góspel-soul a capela del grupo sudafricano Diepkloof United Voice, un noneto de jóvenes originarios de Diepkloof, vecindario del township de Soweto, en la periferia de Johannesburgo, la ciudad más grande del país y el principal centro económico y financiero, con una inmensa área metropolitana que se acerca a los diez millones de habitantes. Y en este hervidero de gente, en el que predomina la población joven, no todo es amapiano y afrobeats. Desde antes del apartheid hay devoción por el góspel, un género, el de los espirituales negros, que hizo famoso en el país a finales del siglo XIX Orpheus McAdoo, un cantante y empresario de minstrel shows originario de Carolina del Norte que giró extensivamente por Sudáfrica al frente de sus Jubilee Singers. Esta y otras troupes de vaudeville y ragtime propiciaron el surgimiento de un estilo local a principios del siglo XX, el isicathamiya, canto a capela que mezclaba elementos del góspel y de las canciones de los espectáculos minstrel con música tradicional zulú.

El canto a capela sudafricano empezó a expandirse en los años treinta del siglo pasado gracias a las llamadas Iglesias Sionistas Cristianas, incorporando ritmos tradicionales a la liturgia. De esa época data la legendaria canción “Mbube” (“león” en zulú), grabada en 1939 por Solomon Linda’s Original Evening Birds y que se puede escuchar en “The Secret Museum Of Mankind, Vol. 4. Ethnic Music Classics 1925-1948” (Yahoo, 2006). Alan Lomax la descubre en 1951 y la muestra a Pete Seeger, que con su grupo The Weavers la transforman en “Wimoweh” para el sello Smithsonian Folkways. También la grabó Yma Sumac. Pero la versión más popular fue la reconversión de The Tokens en “The Lion Sleeps Tonight” (1961). En 1960 Joseph Shabalala había fundado el grupo Ezimnyama (Los Negros), muy popular en las competiciones de isicathamiya que se celebraban los sábados por la noche en Durban y Johannesburgo. Tras una serie de sueños recurrentes, Shabalala decide en 1964 cambiar el nombre del grupo para pasarse a llamar Ladysmith Black Mambazo, y el resto, como se suele decir, es historia. Una historia en la que también se ha de incluir el estilo mbaqanga de Mahlatini (apodado el León de Soweto) y las Mahotella Queens, y cantantes de góspel como Rebecca Malope, Lundi Tyamara o el Soweto Gospel Choir.

Los nueve jóvenes que integran Diepkloof United Voice se conocieron en competiciones de canto, muy típicas en los townships, a la manera de las luchas de gallos del rap; no en vano su música, siendo puro y celestial góspel-soul, tiene mucho del espíritu de la calle y de la filosofía del hip hop, con esa manera de cantar tan inimitable que mezcla góspel, doo-wop, folk y soul y que ellos llaman “kasi soul”. El grupo se dio a conocer en 2016 al hacerse viral su música en TikTok, YouTube y Facebook. Aunque esa audiencia global no les impide en su día a día ganarse la vida actuando en fiestas, funerales, iglesias, en la calle o en emisoras de radio. Todo para divulgar lo que el subtítulo del disco define como “Golden City Gospel & Kasi Soul From The New South Africa”. Golden City hace referencia a IGoli, “lugar de oro”, que es como se denomina Johannesburgo en zulú. Es el espíritu de Sam Cooke, Mahalia Jackson y Mahlatini, destilando armonías vocales en festines polifónicos como “My Brother”, que retrotrae a aquella maravilla a capela llamada “Freedom Is A Constant Struggle”, grabada por Barbara Dane y los Chambers Brothers uniendo góspel y soul en una canción que cincuenta años después sigue emocionando como el primer día, tal como se encarga de recordar Leyla McCalla.

El grupo empezó triunfando en las redes con “Too Late For Mama”, una versión –grabada primero de manera precaria con el móvil y vuelta a regrabar para el disco– del que fue gran éxito de la diva del pop y el R&B sudafricano Brenda Fassie. Una triste canción que habla de una mujer fulminada por un rayo: “Ten kilometres barefooted in the bush / Started raining on the way to fetch some water / Poor woman had a baby on her back / Was struck by lightening on the way”. Ellos cambian totalmente la melodía, haciendo aún más dramática la canción y convirtiéndola en algo muy suyo. Esa capacidad narrativa y melodramática aflora de manera constante en un disco grabado en una escuela abandonada. Otra versión es “Baninzi”, el único tema del álbum cantado en zulú, con unas armonías vocales que propician un romanticismo africano, ideal para una canción de amor cortesía del grupo The Soil, un recomendable trío de Soweto, integrado por dos cantantes y un beatboxer, que también practica música a capela.

Uno de los miembros de Diepkloof United Voice, Linda Mnisi, tiene un alter ego artístico, Lee McKrazy, con el que está haciéndose un nombre en la escena del amapiano. Pero en esta coral de voces unidas se dedica exclusivamente a explorar la tradición para darle una vuelta y convertirla en algo conmovedor. Lo consiguen plenamente en “Sipo”, una sombría canción cuyo reclamo principal es Simphiwe Maluleka, otro de los protagonistas destacados del grupo; un himno tradicional y canción funeraria, para recordar a los soldados caídos, que mezcla armonías de corte experimental con una voz solista solemne y llena de soul. Otra transformación sorprendente se produce en “Round & Round”, al convertir el “Stay” de Rihanna en un dechado de doo-wop soul espolvoreado de scat, reescribiendo la letra y transmutando la melodía en un festín polifónico.

En “Who Knows” –canción original del oscuro soulman Marion Black y rescatada para las nuevas generaciones por The Numero Group, sello especializado en reediciones, en el recopilatorio “Eccentric Soul. The Capsoul Label” (2004)– toman una dirección que inicialmente recuerda a los cantos de los presos de bola y cadena que tan bien divulgó Alan Lomax, aunque a medida que avanza el tema se impone un frondoso swing en una fiesta coral de kasi soul que poco tiene que ver con el sufrimiento. Para desgarro nada como el que desprende la voz solista de “Nomalizo” –dando la vuelta por completo al original electro-boogie de Letta Mbulu (1942), cantante de Soweto que a causa del apartheid tuvo que exiliarse a Nueva York–, impulsada por unos plañideros coros y por un ritmo que está entre el chasquido de dedos y la clave cubana. Los clics rítmicos también marcan el tempo de la final “My Brother”, con una voz solista que busca exorcizar la falta de dinero del que habla la letra y unos coros, entre el doo-wop y el isicathamiya, que rescatan ese sonido que conquistó el mundo gracias al “Graceland” (1986) de Paul Simon. ∎

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