Álbum

Error 97

Nadie nos recordaráMont Ventoux, 2026

Resulta complicado disociar cualquier reseña sobre Error 97 del factor generacional. Eso está ahí presente desde que debutaran en 2021 con el EP autoeditado “Voy a morirme solo”, grabado por sus componentes en plena adolescencia. Su sonido de guitarras con letras angustiadas, autoexploratorias desde la confusión y el descontento, remite a todo eso que vuelve empezar una y otra vez en la historia del rock, el bucle eterno del teen angst. Nuevas generaciones, nuevos grupos, y el mismo sentimiento de siempre, pero adaptado a las circunstancias de cada época. “Barrio del Pilar”, por ejemplo, apela con una lucidez encomiable a una realidad contemporánea, la de saber que es imposible que puedas seguir viviendo en las calles en las que creciste porque la voracidad del mercado de la vivienda te va a expulsar de ellas. La de asumir la tragedia existencial que ello conlleva. Pero, antes de que algún listo suelte la típica referencia condescendiente a una presunta generación de cristal, hay otro aspecto que refuta todo lo que estamos exponiendo y que me parece muy relevante: el líder del grupo, Álvaro “Torete” Casado, toca también en Biznaga, pertenecientes a otra generación anterior, pero las realidades que los atraviesan, y que exponen en sus canciones, son las mismas. La precariedad nos une mucho más de lo que nos separa.

La visión de la realidad de Error 97 es negativa. Está en el mismo nombre del grupo y en los títulos de sus discos (“Voy a morirme solo”, “Nada bueno”, “Nadie nos recordará”…) Están replicando constantemente aquel “No future” de los Sex Pistols desde una posición genuinamente desesperada. Hay aquí momentos líricos que podrían ilustrar muchas tesis sociológicas, como “Hace meses dejé de luchar / Por un futuro que me haga valer algo / No quiero dinero, quiero libertad / El juicio moral / ¿Quién decide lo bueno y lo malo? / Ya me he cansado de darme grandes palos” (en “Los mejores años de mi vida”). También los veo como parte de esa novísima generación de bandas que reacciona contra la falsa cultura del éxito que ha adulterado el indie hasta convertirlo en un circo turbocapitalista de apariencias y espejismos filtrados en stories de Instagram. Como en, por ejemplo, “No seré una estrella”, de Las Petunias y Amor Líquido, el cuarteto madrileño parte de la consciencia de que no asaltará los cielos del pop si las reglas del juego son estas. En ese sentido, “Invisible” es una de las canciones más relevantes del disco: “Conseguí revivir / Y mirar fotos de ayer / Se llenó, la sala reventó / Pero ahora vuelvo a ser invisible (…) Al igual que otras veinte bandas / en algún momento seremos invisibles (…) Mis referentes nunca tuvieron razón ni respuesta / Ni nada que tenga valor / Solo apuntan al suelo / Igual que lo hacemos tú y yo”.

También están las canciones, bastantes, de confusión sentimental, que Casado entrega a corazón abierto, con un sentimiento de honestidad que se superpone al postureo que suele reinar en este tipo de temas. Consiguen eso tan importante de sentir que te lo está contando como vivido por primera vez. No es solo la concatenación de unas palabras que hablan de amor en su discurso, como cantaba Le Mans en “El amor” (1998), sino que son hormonas en conflicto influyendo sobre las palabras.

Sí querría recalcar que las formas no están siempre a la altura del contenido. Hay un sonido un poco edulcorado (en algún lugar donde el indie rock de la escuela Superchunk se encuentra con el punk juvenil de radiofórmula, pero también con esa escuela del pop-rock español que nos retrotrae a Los Secretos) y la voz me resulta demasiado blanda, arrastrando también ese último influjo. Pero son todavía muy jóvenes y hay en sus canciones ideas desarmantes. Me resultan especialmente emocionantes los dos últimos temas, “El gran recuerdo” y, sobre todo, “Tu yo de pequeño”, donde Casado se enfrenta a la nostalgia y expectativas de su infancia, con conclusiones… joder, muy duras. ∎

Etiquetas
Compartir

Contenidos relacionados