La primera vez que escuché la palabra glow fue en boca de un chico 13 años menor que yo con el que estuve liado. Gen Z, obvio. Como persona que habita el intersticio entre lo millennial y lo boomer, pedí explicaciones sobre el término y vino a explicarme que el glow es eso que desprende alguien que está en su pico estético y personal, un estado de belleza radiante y jugoso magnetismo que sigue a un momento vital de self-care y empoderamiento. Pero mientras me explicaba este concepto tan zillennial, yo solo podía pensar: y después del glow, ¿qué?
La respuesta me la ha dado FKA Twigs en la continuación del reciente “EUSEXUA” que publicó a principios de este mismo año 2025. En aquel disco, Tahliah Debrett Barnett creaba el concepto de eusexua para capturar “lo que sientes cuando has estado bailando toda la noche y te das cuenta de que has estado perdida siete horas en la música. También cuando conoces a alguien que te gusta mucho y os pasáis la noche besándoos, os besáis durante horas. Pierdes el tiempo. Es porque estás en estado de eusexua”. Twigs vertía en aquel álbum las incontables noches que pasó bailando techno en clubes de Praga mientras rodaba “El cuervo”, y el resultado fue una celebración de un hedonismo escapista que tiene mucho que ver con su momento vital (convalecencia, novios mediáticos, relaciones tóxicas, anuncios polémicos), pero que todavía tiene más que ver con nuestro momento vital, este en el que la Gen Z está resignificando un techno en versión hiperestilizada perfecto para lucir en redes sociales.
Meses después, se ha afianzado la sensación de que “EUSEXUA” es la fiesta perfecta entendida como el contraplano de “brat”: mientras Charli XCX sublima la fiesta como algo a flor de piel, FKA twigs apuesta por algo que ocurre bajo la epidermis. Pero por todos es sabido, incluso por la Gen Z que ahora está exprimiendo su juventud mientras la siguiente generación le pisa los talones, que el refranero español no se equivoca cuando dice que “no hay fiesta que dure tres días sin que se acabe la bebida”. Y resulta imposible no entender el nuevo “EUSEXUA Afterglow” como el descenso hacia el valle que sigue al pico del anterior disco de la artista.
Aquí, el glow de “EUSEXUA” sigue iluminando, pero ya empieza a deformarse, resquebrajándose en grietas que proyectan inquietantes sombras. La misma twigs parece huir deliberadamente de la perfección absoluta de aquel disco: quiere enfangarse y afrontar la parte menos amable de todo periplo fiestero. Para hablar en lenguaje nocturno, si “EUSEXUA” fue la fiesta, “EUSEXUA Afterglow” es el after, el chill, el mañaneo en el que acaban los despojos de la noche anterior intentando alargar la juerga cerrando las ventanas a cal y canto, poniendo la música (cualquiera música) a toda pastilla y haciendo volquete de los restos químicos de la noche.
Eso es precisamente lo que se describe de forma literal en “Cheap Hotel” (“To the cheap hotel right behind the club / In room 20 or 24 / Call me when you’re outside / With some friends of mine at the summertime / Bring the mini bar, bring your credit card”). Pero es un sentir que se extiende al orden del tracklist, que va desde la euforia ravera y breakbeat de “Love Crimes” hasta la bajuna trip hop de “Lost All My Friends” (“Lost all my friends in the club / Then I lost my mind in the car / I don’t even remember who you are”), a la que sigue el broche final de una “Stereo Boy” que suena al negativo fotográfico de la euforia: pura disforia.
Entremedias, encontramos el afterglow musical a lo que supuso el glow de “EUSEXUA”: aquí, el armazón de la referencia pluscuamperfecta a la Madonna producida por William Orbit o a la Björk noventera se descuajaringa para que FKA twigs coja los pedazos de aquellas referencias y se haga una armadura a su medida. Dicho de otra forma, una vez sublimada la referencia, twigs la hace suya y solo suya, por lo que resulta más fácil (y gozón) escuchar el ADN de todos aquellos temazos que condujeron hacia “LP1” (2014), pero también la dispersión efortless de la mixtape “CAPRISONGS” (2022). Todo ello sin alejarse del guiño queer constante, a veces tan evidente como el sample del “Walk 4 me” de Tronco Traxx que se marca en “Sushi”.
Lo mismo ocurre con unas letras que superan el hedonismo eufórico y no dudan en embarrarse en los lodos de la parte más pringosa de la noche erótico festiva. El disco se abre con la declaración de intenciones de una “Love Crimes” en la que deja claro que “hard times call for love crimes”, lo que planta al amor en la puerta del garito de after para lanzarse a… otras cosas que no son amor. Cosas más sucias. Sentimientos más perturbadores. Emociones más oscuras. “I wanna go and resist your sweet temptation but you / Took me home, I wanna know you / Who you really are when you’re naked / I’m a three-minute ride and an eighteen-minute walk”, afirma en “Predictable Girl”.
Y es que, en este álbum, twigs se muestra candorosamente honesta a la hora de señalar lo que desea y cogerlo por el cuello: “Wet thighs, I’m ecstatic / Chemistry was automatic / Don’t touch, there’s no rush / I gotta know something about you / Just tell me, would you do it hard?”, canta en la zumbona “Predictable Girl”. Una actitud que se agradece porque, la verdad, la tía podría haber sido continuista con la perfección de “EUSEXUA”, pero esa perfección ya está, ya pasó, ya fue el pico de la noche de fiesta ideal con sus jajás y su misticismo a flor de piel. En “EUSEXUA Afterglow” la fiesta quedó atrás y nosotros nos negamos a aceptarlo, así que nos vamos de chill… No es ni mejor ni peor. Lo que sí que está claro es que es menos perfecto, con más aristas, más peligro. Porque cualquier fiestero profesional sabe que el viaje que supone ir de after es un deporte de alto riesgo en el que puedes acabar con heridas sangrantes. Pero el viaje… Madre mía, el viaje. En ese viaje siempre habrá mucha más verdad que en cien noches de fiesta en clubes que echan el cierre antes de que amanezca. ∎