Álbum

Flea

HonoraNonesuch-Warner, 2026

El primer instrumento que aprendió a tocar Flea fue la trompeta, no el bajo. Algunos de sus ídolos musicales más tempranos fueron Miles Davis o Dizzy Gillespie, cuya obra conoció gracias a su padrastro, el también músico de jazz Walter Abdul Urban (tupido velo sobre sus maltratos: quizá esto también sea un exorcismo personal). Ocurre también que el colaborador más destacado en “Return Of The Dream Canteen” (2022), el último trabajo de Red Hot Chili Peppers, fue un músico de jazz: el saxofonista y productor Josh Johnson, cuyo instrumento embellecía cinco de sus dieciocho cortes (prácticamente los más reseñables). Aquí produce. Y además resulta que Honora es el nombre de la tatarabuela de Flea, emigrada desde Irlanda a Australia a mediados del siglo XIX para escapar de la pobreza. Y que la mujer de la portada es su propia suegra, la iraní Shahin Badiyan, fotografiada en los años sesenta, antes de tener que exiliarse para no sufrir los rigores del régimen de los ayatolás. Sorprende que haya tardado tanto tiempo el músico australo-estadounidense (tiene ya 63 años) en debutar en solitario a lo grande: el EP “Helen Burns” (2012), su única referencia propia hasta el momento, ya tenía algo de jazz, pero también de ambient y electrónica. Pero todo se entiende mejor sabiendo cuáles son sus premisas: las de un álbum con hechuras de testimonio vital, de legado concluyente, de vuelta a las raíces y de reivindicación de luchas personales, tanto las propias como las de quienes forman parte de su familia. Y lo hace rescatando parte de su ADN en una inmersión en el jazz que es más profunda que cualquiera de las emprendidas en el pasado por Iggy Pop, David Bowie, Joni Mitchell, Elvis Costello o cualquier otra figura del espectro pop-rock que puedas imaginar. Aquí Flea transpira en clave de jazz. Al mando de la trompeta y también del bajo. Indistintamente, y a veces sonando a la vez.

Lo hace también alentado por el ejemplo de formaciones actuales como los Atoms For Peace de Thom Yorke, junto a quien compuso “Traffic Lights”, seductor medio tiempo en el que intervienen la percusión de Mauro Refosco (también en Atoms For Peace) y la guitarra de Jeff Parker (Tortoise, Chicago Underground, Makaya McCraven), otro de los puntales a lo largo de estos suculentos cincuenta y un minutos. El factor Yorke, con lo que tiene también de ambigüedad lírica en torno a una letra que trata sobre un mundo en el que cada vez cuesta más discernir lo real de lo inventado, hace que sea ya uno de los cortes más escuchados en streaming, junto al magnético llamamiento a la fraternidad en clave jazz-funk que es la cinemática “A Plea”, con el spoken word del propio Flea y esos coros de “Civil war!” primero y “Peace and love!” después. El tercer highlight en cuanto a escuchas es su bonita versión del “Thinkin Bout You” de Frank Ocean: cuatro de estas diez composiciones son versiones, como si no hubiera ido muy sobrado de material propio, pero hay que reconocerle que todas encajan con acierto dentro de su credo expresivo y están inteligentemente secuenciadas en el último tramo del disco, tanto la catedralicia versión de “Wichita Lineman” (Jimmy Webb para Glen Campbell), con la voz de Nick Cave, como sus tomas de “Magott Brain” (Funkadelic) y “Willow Weep For Me” (An Ronell), preservando la lisergia de la primera y renovando la segunda (la original data de 1932) con capas de Moog a cargo de Josh Johnson.

Prevalece aquí en todo momento la libertad de un músico que demuestra (por si alguien lo dudaba) que esto es cualquier cosa menos un capricho: ni siquiera el dub groove de “Frailed”, con sus diez minutos, deriva en empacho. En “Morning Cry”, conducida por su trompeta, está más cerca que nunca de Miles Davis u Ornette Coleman. Y “Free As I Want To Be” es una declaración de intenciones final en clave de jam de space jazz, con la guitarra eléctrica de Jeff Parker sobresaliendo de entre una selecta nómina de instrumentistas (Deantoni Parks –The Mars Volta– a la batería, Nate Walcott –Bright Eyes– a los teclados, Anna Batters –Andrew Bird, Phoebe Bridgers– al contrabajo) que se prestan a redondear un disco exuberante y (por momentos) exquisito. ∎

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