Quedarse paralizado en mitad de la calle porque no recuerdas dónde está la tienda de cervezas y darte cuenta de que, en realidad, a quien echas de menos es a esa persona que ya no está. Con esta clase de epifanías de andar por casa (esta en concreto de su tema de raíces en la americana “Yonder This Way Comes”) se construye el universo más inmediato de Frog, el incombustible proyecto que Daniel Bateman dirige desde las afueras de Nueva York. Lo hace además lanzándose al vacío con el respaldo de un sello (Audio Antihero) que presume de orquestar suicidios comerciales. Su nueva entrega, “Frog For Sale”, es toda una declaración de intenciones. Tras un silencio de cuatro años que rompieron con “Grog” (2023), el estadounidense y su hermano Steve se han metido en una espiral creativa asombrosa. Este nuevo trabajo culmina la hazaña de despachar tres discos en apenas catorce meses, tras “1000 Variations On The Same Song” (2025) y “The Count” (2025).
Este octavo LP no persigue la perfección de estudio, sino que se agarra a una filosofía lo-fi donde los errores y la frescura aportan todo el color. Los Bateman construyen un pop artesanal que bebe de Paul McCartney y Buddy Holly, filtrado por esas constantes escuchas de Mozart que obsesionan al autor. En ese afán por documentar cada rincón de sus afectos a un ritmo imparable, uno podría acordarse de refilón de la incontinencia emocional de “69 Love Songs” (1999) de The Magnetic Fields, de esa lucidez desaliñada tan propia de los mejores Pavement o del costumbrismo romántico y algo perdedor de los británicos Hefner, salvando las distancias conceptuales y sonoras. Todo ello queda coronado por esa tierna instantánea de la portada, con un Daniel todavía niño sosteniendo a su hermano recién nacido.
El arranque con “Bad Time To Fall In Love Again” juega al despiste. Tras una fachada juguetona y saltarina, la voz de Bateman pasea sobre un piano pidiéndonos cautela, mientras se introduce algo similar a un xilófono o carrillón que acompañará al álbum: “Stay with me darling, don’t you tell him, watch him and wait, don’t make a mistake”. El costumbrismo se retuerce al entrar en “Best Buy”. Apoyado en un ritmo R&B y unos teclados envolventes, casi de iglesia, el vocalista reflexiona sobre su deseo en medio de estanterías de electrónica, escupiendo versos con una franqueza desconcertante: “I’ve resolved to try and find a way inside of your vagina”. Como quien para en un 7-Eleven a por ZYN pensando ya en el momento de quedarse a solas con ella.
La atmósfera da un giro fascinante en “Dark Out”. Apoyado en su delicado falsete, Bateman relata cómo la depresión asoma a media tarde y dibuja imágenes de perros ladrando “como en Dachau” (el campo de concentración nazi), todo envuelto en una melodía de inequívoco aroma beatleliano. Tampoco se nos escapa “Max Von Side-Eye”, una viñeta adictiva e hilarante sobre la prostitución y el aislamiento urbano donde el autor se cuestiona si la soledad debería considerarse un delito de pena capital. Por el contrario, es en “Lois Lane” donde nos devuelve a un pop ecléctico y teatral. Aquí hay guiños en la ducha a Carole King y un relato fantástico sobre una nota de Dios encontrada flotando en el mar, la cual avisa de que estará fuera de la oficina, pero que eso no significa que no le importe.
También recaemos en “Je ne sais pas”, el primer sencillo que vio luz pisando el acelerador con una urgencia al piano que evoca inevitablemente la energía de los primeros Ben Folds Five, radiografiando desengaños en sextos pisos sin ascensor. El desenlace llega de la mano de “Beg, Borrow, Steal”, un broche donde jura que mendigará o robará para sobrevivir, entre sonidos caseros y percusiones que nos trasladan de alguna manera a los videojuegos de los noventa.
“Frog For Sale” termina siendo un catálogo de perdedores entrañables y melodías que se adhieren irremediablemente a la cabeza. Un disco que confirma a los neoyorquinos como un tesoro semioculto de la actual escena independiente. Al final, si estas doce canciones no te provocan unas ganas tremendas de gastarte la calderilla en la tienda de la esquina mientras esperas que la vida te devuelva la llamada, es que tienes horchata en las venas. O quizá eres un adulto plenamente funcional, lo cual, viendo el nivel de inspiración de los hermanos Bateman, resulta casi aburrido. ∎