Reedición

GAS

November 89Kompakt, 2026

Wolfgang Voigt no deja en paz su propia obra. Este productor de Colonia se hizo un nombre con una tanda de discos que publicó como GAS entre 1996 y 2000, y desde entonces lleva años volviendo sobre ellos para cambiarles el orden, meter temas nuevos y quitar viejos, como un jardinero obsesionado que arranca y replanta el mismo bosque cada pocos años. “November 89” es el último movimiento de esa manía, y el más raro. No es música nueva, sino que en 2008 asomó por una rendija: Raster-Noton publicó un libro de arte con las fotos de bosques que son la cara visual de GAS, y dentro, como un extra, venía un CD con esta música. Llegó de propina con un libro de fotografías, no como disco propio, y por eso casi nadie la escuchó. Ahora Kompakt la edita en vinilo y la presenta como el primer álbum, el germen de todo lo demás. Lo raro salta a la vista, porque el primer disco de alguien suele ser lo primero que publica, y este es lo último en aparecer, casi cuarenta años tarde. Como si a un novelista famoso le editaran hoy el cuaderno que escribió de adolescente y se lo vendieran como el origen de su obra. El título, como alemán, es bastante obvio: en noviembre de 1989 cayó el Muro de Berlín, y Voigt sitúa el nacimiento de GAS justo en el mes en que Alemania volvía a coserse en una. Pero está raro que uno elija a posteriori la fecha de su cumpleaños.

Conviene saber qué es GAS para entender la jugada. Bajo ese nombre Voigt hace un ambient naturalista, un post-techno inundado de samples de orquesta ralentizados hasta que se deshacen en niebla, todo hundido en reverberación. La leyenda dice que su sonido nació de los viajes de ácido que se pegaba de joven en el Königsforst, un bosque a las afueras de Colonia. Es techno pasado por el romanticismo alemán, por esa idea de la naturaleza como algo inmenso y hermoso que también aterra, más cerca de un cuadro de Caspar David Friedrich que de una pista de baile. Entre 1997 y 2000, en discos como Zauberberg y Königsforst, convirtió ese sonido en una obra redonda. Dentro de ese ecosistema, hay una manera de entender el ambient como huida. Uno no aguanta el ruido del vagón, del mundo, de la propia cabeza, se pone los cascos y se fabrica un refugio. Música para bajar revoluciones, se dice, para gente que necesita tapar el exceso. Pero el silencio no existe. En la realidad siempre gotea algo, zumba algo, sopla algo, y su ambient, en el fondo, recrea justo esos ruidos que romperían el silencio si de verdad lo hubiera. Ahí vive “November 89”. Hiroshi Yoshimura ponía esos sonidos para que te reconciliaras con el entorno; Voigt los pone para recordarte que el entorno no es amable. Es un disco que da algo de miedo, como un bosque alemán.

“Der Wald” es una gotera. Un goteo pequeño y constante que cae sobre distintas superficies mientras el bosque respira al fondo, como una fuga de agua en una casa vacía. “Das Moor” suena a dormir con un ventilador de techo encendido, ese zumbido que da seguridad hasta que deja de dártela; es el corte más tétrico, y cada tanto lo rajan unos violines muy agudos y unos chelos que no se sabe de dónde salen, un terror doméstico que patentó Lustmord. “November 89” recicla los motivos de “Das Moor” y los pasa por un filtro digital tan ruidoso que la canción se acerca al 8 bit, a un videojuego estropeado; analógico y enfermo, y tiene sentido, porque este material apareció por primera vez en el sello de Alva Noto, maestro en convertir el error digital en música.

“Nah Und Fern” parece grabada con la ventana abierta un día de ventolera. Once minutos de eso, de un silbido que no toca nadie. “Tal 90” cierra, y tiene guasa: es la más luminosa, ascendente, un amanecer, la música con la que arrancaría el día en una película, salvo que aquí es donde el día se acaba. La cruza un punteo de guitarra que podría haber tocado Manuel Göttsching. Voigt puede reordenar las fechas y fabricar el origen que le apetezca. Se ha puesto él solito el día del cumpleaños, ha comprado hasta las velas. La invitación, en cambio, no va a llegar. Este bosque tiene cara de pocos amigos, así que no estás invitado. ∎

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