Álbum

Greg Mendez

Beauty LandDead Oceans-Popstock!, 2026

Vivimos tiempos convulsos, pero tenemos la opción de encontrar cosas como “Beauty Land”, discos capaces de despejar nuestro tortuoso camino. Porque Greg Mendez bebe de las fuentes más cristalinas: una combinación de Leonard Cohen con los Beach Boys de “Friends” (1968) en “Mary / Dreaming”; Elliott Smith pasando por Judee Sill en “Looking Out Your Window”, pieza procedente de un cajón de descartes con inflexiones que remiten a “The Lamb Ran Away With The Crown”; el cuidado miniaturismo de Nick Drake en “Frog”, escapando a la vez del consabido esquema guitarra acústica-voz y condensando en su letra uno de los leitmotivs de “Beauty Land”: “Por favor, perdóname por mis fallos”.

Pero Mendez no es un recién llegado. Por lo que se refiere al trabajo en estudio, cuenta en su haber con dos discos autoeditados, “¯​\​_​(​​)​_​/​¯” (2017) y el más colectivo “& Gum Trash” (2018), del que actualmente sobreviven un par de amigos para las tareas de sonido –Evan Bernard– y mezcla –Ian Farmer–. Su tríptico más conspicuo lo componen, no obstante, “Cherry Hell” (2020), “Greg Mendez” (2023) –con el pelotazo indie “Maria”– y el actual. Todos ellos plantean una atractiva estética visual que no se compadece del todo con su contenido narrativo: el primero recuerda a Current 93, el segundo a Sunn O))) y el tercero a Swell. Sabemos que “Beauty Land” ha sido grabado en el estudio casero, sin luz natural, que el artista montó en su pequeño apartamento de dos cuartos en Filadelfia, esa ciudad clasicista que aún sigue produciendo artistas weird de nivel, por lo que tales conexiones no resultan del todo descabelladas, solo que el universo de Mendez remite menos a los mundos sobrenaturales que a su realidad diaria.

Por otro lado, “Beauty Land” contiene para bien un sonido menos abierto y expansivo que, por ejemplo, su ínclito precedente. Desoyendo los cantos de sirena, el artista ha optado por mantenerse al margen del tráfago más inmediato de la industria –productores de renombre, estudios profesionales, sobreexposición promocional–, creando un disco que se ahogaría en la caudalosa corriente lo-fi norteamericana –se le asocia también a Damien Jurado o Alex G–, si no fuese por la brillantez de unas canciones que abordan el dolor, el aislamiento o la culpa partiendo de certezas como un hospital o el día de año nuevo, y no de meras ensoñaciones. Además, la claridad de cortes como “It Breaks My Heart” tampoco malgasta autocompasión ni requiere de largas peroratas.

“Beauty Land” tiene catorce canciones mayormente breves –la instrumental “Interlude In D Minor” solo llega a 43 segundos–, pero no esquemáticas sino sintéticamente concebidas y delicadamente arregladas con pequeños teclados o alguna voz adicional como la de Veronica Mendez, su señora, en “So Mean”, con referencias a Jesucristo, como hacía antiguamente la Sill. Es el corte más largo del álbum con sus casi tres minutos de duración junto a las no menos extraordinarias “Everybody Wants to Be Your Friend (Except Me)”, un tema escrito en 2011, y otro single, “No Evil”, elegido hace un mes y medio como “canción del día” en estas misma cabecera. Es indiscutible que del sufrimiento puede surgir la belleza. Mendez puede hacerlo desde la primera canción de “Beauty Land”, “I Wanna Feel Pretty”, sin perder un ápice de la dulzura, valentía y hermosa singularidad que marcan su forma de hacer: Entré en rehabilitación a las 7 en punto, intenté no ser malo hasta que logré escaparme por un agujero de mi calcetín”. 

Etiquetas
Compartir

Contenidos relacionados

Rockdelux
Ministerio de Cultura
Ministerio de Cultura

Esta revista ha recibido una ayuda a la edición, del Ministerio de Cultura, a través de la Dirección General del Libro, del Cómic y de la Lectura.