Reedición

Heatmiser

The Music Of HeatmiserThird Man, 2023

Los trabajos en solitario de Elliott Smith (1969-2003) conforman, evaluados en retrospectiva, una de las obras más idiosincráticas y celebradas de la música independiente de los noventa y finisecular; tanta es la (justa) fascinación por los recovecos de su voz autoral que sus otros proyectos han sido, incluso a día de hoy, (injustamente) relegados al olvido. La valía de este curioso –aunque limitado– artefacto publicado por Third Man Records es recordarnos la contundencia de Heatmiser, su banda de juventud más ruidosa, hasta ahora semignorada por la moda discográfica de excavar los noventa. El epíteto “curioso” se debe a que es un disco de difícil categorización: por un lado, es una reedición de un casete promocional de seis canciones distribuido originalmente en 1992 y un single de tres temas de 1993; por otro, es una recopilación de demos del primer álbum del grupo, Dead Air” (1993), así como de un puñado de canciones inéditas; finalmente, incluye la recuperación de un directo que realizaron para la radio KBOO. Es “limitado”, no obstante, porque estos contenidos amenazan con rozar la redundancia.

El grupo, que Smith formó en 1991 en Portland junto a sus colegas Neil Gust a la guitarra (con quien se reparte las tareas de composición y canto) y Tony Lash a la batería (además de encargarse de labores de producción), encarna perfectamente el espíritu estrepitoso de la primera mitad de los noventa: si bien a ratos recuerda al grunge típico del noroeste continental (en particular la rugosidad de las voces), también se aprecia la afilada matemática del post-hardcore de la escuela Fugazi y una suciedad de noise rock garagero a lo AmRep. Las canciones primerizas de la banda son trallazos de corta duración, guitarreo furioso a la vez que gomoso (con algún que otro riff inventivo), juegos a dos voces, y una sólida y severa sección rítmica que nunca llega a la aceleración del punk, pero se mantiene siempre trepidante.

Lo destacable de Heatmiser es que lograron perfeccionar un sonido concreto muy rápidamente –la compenetración estilística e interpretativa entre Gust y Smith es admirable (hasta el punto de que incluso resulta difícil diferenciar sus voces artísticas)– y no sorprende que se ganaran una buena reputación en directo (dan fe los feroces cortes de la sesión de radio). Sin embargo, el recopilatorio también demuestra las limitaciones de los inicios de la banda, que si bien se muestra técnicamente bien engrasada en lo instrumental, peca de poco imaginativa. Exceptuando algunos bombazos de adrenalina indiscutible, especialmente si son reproducidos a todo volumen (“Lowlife”, “Stray”, “Can’t Be Touched”), la mayoría de canciones son meramente competentes sin salirse demasiado de una fórmula ni tampoco apabullar en términos melódicos. Una música energética, directa y satisfactoria, pero que requeriría de más personalidad y experimentación para alzarse sobre sus contemporáneos, meta a la que se acercarían más en sus dos LPs posteriores. Curiosamente, lo que más color aporta al recopilatorio son algunos de los temas inéditos, de carácter más juguetón y peculiar, como las soleadas “Man Camp” y “Bloody Knuckles”, o el ritmo seudojazzístico de “Meatline”, interesantes hallazgos que permiten una mejor reconstrucción del periplo del grupo. Su versión de “Revolution” de The Beatles (que por lo visto hicieron a petición de una agencia publicitaria que luego rechazó la grabación) es, sin embargo, demasiado ortodoxa como para suscitar interés.

Debe advertirse que cualquiera que se acerque a este material por vez primera y acabe fascinado ante la vasta disparidad sónica respecto a la obra en solitario de Smith (“Roman Candle” se publicaría tan solo un año después) cometería un error de lectura cronológica. El sonido de Heatmiser es más bien producto de las tendencias de la época que del mismo Smith, dado el eclecticismo musical que este ya había demostrado en sus proyectos anteriores, bastante más variados y desde luego más indicativos de su desarrollo artístico posterior: su otro grupo con Tony Lash, Harum Scarum, que presenta momentos de guitarra espasmódica y cuasi noise pop pixesiano e intimismo relajado; el post-punk con claras aberturas al indie folk de A Murder Of Crows; así como el revoltijo tonal de Stranger Than Fiction, que pasa de dramas al piano con sintetizadores orquestales a píldoras de chamber pop jangle. Observado desde un punto de vista más holístico, pues, en cuanto se refiere a Smith, los inicios de Heatmiser podrían contemplarse como una respuesta a los tiempos y no tanto como punto evolutivo orgánico (incluso tienen más que decir sobre la evolución de Gust, dada la fisonomía de su siguiente banda, No. 2).

Con casi treinta cortes, algunos de ellos temas repetidos, este recopilatorio podría enajenar a quienes no tengan especial interés por los orígenes de Heatmiser, y en concreto por “Dead Air”, álbum del cual Smith nunca fue demasiado fan, a pesar de su innegable encanto. Sin embargo, tampoco las demos de ese disco son particularmente reveladoras (más allá de sonar menos embotadas), por lo que son las canciones desenterradas las que configuran el principal atractivo de esta labor archivística, cuyo anclaje estricto en los primeros años de la formación es, por otro lado, una decisión respetable. Dicho esto, también podría ser una buena –si bien dilatada– introducción para aquellos que no sepan nada de Heatmiser; los arqueólogos de terrenos eclipsados por la sombra del grunge, por su parte, tienen asegurado un buen rato. ∎

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