De ese versátil productor llamado James Ellis Ford se puede esperar, a estas alturas, casi cualquier cosa –ha sabido sacar lo mejor de gente tan distinta como Arctic Monkeys, Depeche Mode o Beth Gibbons–, pero, aun así, “Lost In Another World” coge por sorpresa y desarma por completo. La historia del disco es simplemente increíble. Diagnosticado de leucemia mieloide aguda, cáncer hematológico que actúa generalmente con celeridad, Ford no cayó en la lógica desesperanza, sino que sacó fuerzas creativas para hacer todo un álbum en poco más de dos semanas, entre sesión y sesión de su segunda ronda de quimioterapia en el Hospital San Bartolomé de Londres.
Primero creó algunos bocetos con un laptop y un micro barato; acabó de convertirlos en canciones con algunos sintetizadores apoyados en una mesilla plegable de IKEA que le compró su mujer. Cantaba, al parecer, lo primero que le pasaba por la cabeza, en una especie de impulsivo diario musical sin filtros, una fotografía sónica que no quiso retocar al volver a casa. Tampoco es que estas canciones lo necesitaran.
Es un proyecto capaz de retrotraer, en cierto modo, al legendario “I Trawl The Megahertz” de Paddy McAloon (2003), cuyo título hacía referencia a esa época en la que, aquejado por males oculares que todavía arrastra, el líder de Prefab Sprout se convirtió en fan de la radio de onda corta. Pero, musicalmente, desde luego, son muy diferentes: el de McAloon era una especie de salto al vacío casi enteramente instrumental, pero este se basa más en canciones redondas.
La inaugural “Overtones” delimita bastante bien el terreno: medios tiempos synthpop cantados con voz frágil –no era cuestión de incordiar a los compañeros de hospital–, armados con sonidos etéreos y lógicamente teñidos de reflexión; ecos del Brian Eno de un disco con título similar, “Another Green World” (1975). Pese a la dura situación, Ford encuentra también momentos de dinamismo, como “‘Til Our Days Are Gone”, la kraftwerkiana “This Too Shall Pass” o una “The Ever After” que no desentonaría en el catálogo de sus Simian Mobile Disco.
Acercar el oído a las letras puede resultar devastador y, a la vez, hacerte volver a apreciar todo lo que tienes, quizá el mejor piropo que se pueda hacer a una obra de arte. “Me suplicas que te lea hasta que te quedes dormido / nunca volveré a dar estos momentos por sentado”, canta a su hijo con estilo de crooner en “Here Today”. Otro golpe emocional es “Parallel Dimensión”, en la que Ford, casi al estilo del Joel Edgerton de la serie “Materia oscura” (Blake Crouch, 2024-), tiene la sensación de haber caído en otro mundo y no saber si será capaz de dar con el camino de vuelta: “Tengo confianza en el proceso / Pero es jodidamente doloroso / Y no estoy seguro de que este veneno / No lo esté haciendo todo peor”.
Según ha explicado en alguna entrevista reciente, ahora mismo se siente bien. Hay riesgo de recaída, pero se ve con energía. De hecho, parece inquietarle la idea de hablar mucho sobre un disco que representa una época que preferiría ir dejando atrás. Para su suerte o desgracia, de “Lost In Another World” se hablará durante largo, largo tiempo. O al menos así debería ser. ∎