Reedición

Jon Iturbe And The Radio Gangsters

Sudden Deaths RevisitedFolc, 2026

Hay una estirpe de músicos, como también la hay de no-músicos, que respiran la esencia perturbadora y desafiante del rock’n’roll, que la entienden porque son su propia aclaración, incluso su justificación, fundamento y razón de ser. Algunos lo saben disimular y pueden pasar por la vida sin que muchos se percaten (a no ser que se hile muy fino), otros sin embargo lo llevan escrito en la mirada, o dibujado en su silueta, o ambas cosas. El guipuzcoano Jon Iturbe es uno de ellos. Como Johnny Thunders. Como Josetxo Exponda. Como Stiv Bators. Como pocos más. Luego está el mito, la peripecia trágica de los malditos. Los que viven en un mundo que no les pertenece ni los asimila sino como mártires de una causa que en realidad solo a ellos atañe, secundarios de un teatro vérité montado en torno a la derrota como única victoria válida.

The Hot Dogs fue el grupo principal de Iturbe, el ómnibus al que dedicó dos décadas de su vida, de 1991 a 2010, con un intervalo inactivo en los cuatro primeros años del presente siglo. Pero no se puede decir que Iturbe perdiera el tiempo, pues es en esas fechas, a caballo entre Barcelona y Bilbao, cuando compone, graba y edita el disco que nos ocupa por su reciente reedición. “Sudden Deaths”, ahora revisitado en un pack de LP remezclado, maxi inédito, CD con textos traducidos y atinados comentarios de Eduardo Ranedo, era uno de esos tesoros locales que el tiempo convierte en leyenda urbana, pero en el más literal y elogioso de sus sentidos. Firmado como Jon Iturbe And The Radio Gangsters, una banda tan lujosa como coyuntural formada por otros músicos vascos (Guanche, Álvaro Segovia, Álvaro Heras, Sara Iñiguez, Mikel Biffs y Jorge Reboredo), tuvo una primera edición por El Beasto en 2003, dos años después de ser registrado, gracias al empeño –incluso aportando money– del periodista musical Jaime Gonzalo para que aquello no se disolviera en el limbo de los justos.

“The Neverclosin’ Bar” es un primer pasaporte al disco, una de esas canciones que auguran que no estás ante cualquier cosa, que no hace falta pegar gritos, ni subir el volumen, ni mucho menos caer en la tara de la sobrexplicación, que el rock se atiene a distintas frecuencias, y a una elegancia propia y distintiva, como ese bar que nunca cierra, o el tono descriptivo de la voz de Jon, firmemente trémula, contestada en el coro improvisado y varonil de The Gangsterettes. “There’s A Big Thing Goin’ Round” y la más áspera y arrastrada “Radio Gangsters (Tigers Of Noise)” se ubican más en el puro nervio excitado, a la caza de una diversión más que garantizada cuando algo grande merodea o el ritmo se acelera. Intenso y extenso medio tiempo a medida que coge velocidad y giros, “Niagara Falls” podría formar parte de algún álbum de The Gun Club o Jeffrey Lee Pierce, haciendo virtud del vicio, o a la viceversa si se prefiere, mientras “I.A.Z.” respira el delicado aire de las baladas confesionales.

La cara B del vinilo nace con “Live Wire With A Bad Liver Life”, cruce de guitarras ensuciadas con el contraste de atisbo de melodía aseada, a la vez que avisa del peligro. Un ritmo cortante preside “Kill Minomotorbike Kids” para luego continuar en el moderato de “Crab Nation”, con el piano de Olatz Estensoro de fondo a una guitarra infiltrada que se apodera de la canción. El set original se cierra con el título genérico del álbum, a modo de dueto a lo Johnny Thunders-Patti Palladin, con Sara del grupo Rubia. El maxisingle añade dos canciones más, grabadas para la ocasión, que en su día se quedaron fuera y ahora sirvieron de detonante a la feliz y puntual reunión de Radio Gangsters. Una luminosa y vitalista “A Spark Is Enough” y una última cantada en castellano, “Desde el principio me entendiste mal”, rock que remite a lo mejor de los años ochenta con sus guitarras explosivas.

El tiempo ha jugado a su favor, y ahora “Sudden Death” ha quedado como la obra cumbre de todos los que allí participaron, justo en un cambio de siglo que ya vertía un futuro contrario al paradigma que propagaban, y también a una entrega personal que el paso del tiempo suele apaciguar. El propio Iturbe lleva más de década y media alejado de la práctica y composición musical, si bien en tiempos recientes ha dado unos cuantos bolos con los Hot Dogs, sin aludir a un regreso intencionado. “Demasiado nunca es suficiente”, canta en la primera estrofa del disco, y probablemente esa sensación de autoexigencia existencial haya decantado a un músico de alma y corazón hacia la lectura de viejos tebeos infantiles belgas o el disfrute de screwball comedies. El romanticismo siempre antepone la emoción a la razón. ∎

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