Álbum

Júlia

Oscil·lobatentHidden Track, 2026

El extraño poder de seducción de Cate Le Bon, influencia confesa, es uno de los principales acicates para que la carrera de Júlia, el proyecto que ahora comanda en solitario la alcoyana Estela Tormo (su compañera Lídia Vila ya no figura en los créditos ni en las fotos promocionales), siga siendo uno de los entes creativos más estimulantes no solo de entre los que han surgido en el País Valenciano en los últimos tres lustros, sino, por extensión, de todo el panorama estatal. Harían bien los fans de cualquier trabajo producido por Javier Vicente Carasueño (Tulsa, Alondra Bentley, The Secret Society, La Habitación Roja, Gabriel y Vencerás…) en prestarle atención, desde luego: aquí coproduce junto con Estela, quien además se encarga de casi todo lo demás: voz, guitarras, bajos, sintetizadores, ritmos y programaciones. Pero también cualquiera que comulgue un poquito con la más noble tradición indie pop británica y con el mejor synthpop (de donde sea) de las últimas décadas, porque un poco de cada uno hay en este quinto trabajo de Júlia, tan notable como cualquiera de los anteriores pero también más versátil, intrincado y poliédrico que ningún otro que hayan publicado antes.

El post-punk del palo de los primeros New Order –o los Joy Division: esa zona limítrofe– se hace carne en la inicial “Animal”, un corte que en cierto modo enlaza con esa animalidad a la que otro sensacional proyecto valenciano reciente, los AnimalPersona de Carles Chiner, aluden en su primer álbum. A partir de ahí, todo es familiar pero a la vez sorprendente. Identificable pero profundamente estimulante desde un nuevo enfoque. Oxigenando a medias como en una corriente alterna, en modo oscilobatiente, como indica su título. El chisporroteo de electricidad que emite la distorsionada “Rara avis” (y que tiene un nosequé o un queseyó al “This Is The Dream Of Evan And Chan” de Dntel) nos avisa de que este es otro disco prendado de una singular personalidad. Como “Ante Meridiem”, una suerte de chispazo de post-pop de muchos quilates que hace honor a una de sus frases definitorias: “Intrigant, sofisticat, com un disc de Cate Le Bon”. El guiño (en absoluto disimulado, es notorio) a la cantante y productora galesa no se queda ahí: “Oh Am Gariad” es una versión suya que tiene la virtud de ser fiel a la original sin opacar el sello personal que Estela imprime a todo lo que hace. Pero el rango expresivo del disco llega mucho más lejos: hasta el delicado pop electrónico de “Baix”, que es el corte que más claramente remite a sus discos inmediatamente anteriores, y al indie de hechuras C86 de una “Dalt” que es lo más cerca que han estado nunca de los Smiths en su vis más dinámica y jangle pop. Otra absoluta delicia.

El synthpop burbujeante de “Senyal”, en una onda a lo alt–J o Metronomy, alfombra la recta final de esta concisa entrega (ocho cortes en 24 minutos) hasta la final “Totes santes”, su composición más larga (4:45 minutos) y también la más expansiva y fascinante: un crescendo al hilo de una visión lúdica y recreativa de la noche de todos los santos (“ballar fortament tecno tota la nit, no parar d’escoltar tecno tota la nit, atrevir-se a fer tecno tota la nit”), que crece hasta competir en esa liga a la que tanto se asociaba hasta ahora a Júlia, la de las levitantes cenefas sonoras de Beach House. Aquí no sobra absolutamente nada. ∎

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