Es en estos momentos convulsos que experimentamos cada día es cuando discos comprometidos con el dolor humano como “Forgive Us For” tienen más sentido que nunca. El nuevo álbum de Kronos Quartet –en abril aparecerá “Glorious Mahala”, reinterpretando la obra de Mahalia Jackson– entra en esa gran categoría en la que la belleza sonora y significado social alcanzan un equilibrio razonable, empezando por un título como “perdónanos por”, donde la lista de faltas queda abierta aun centrándose de hecho en tres de ellas: la invasión, la xenofobia y la erradicación.
“Forgive Us For” empieza con la tradicional galilea “Ya Taali’een el-Jabal”, que en árabe significaría “Oh, quienes subís a la montaña”, en referencia al gesto que las mujeres palestinas se veían obligadas a realizar para comunicarse con sus hombres presos y cuyo origen no queda del todo claro si se encuentra en los tiempos del Mandato Británico o pertenece al período otomano anterior. La vocalista Rim Banna, tristemente fallecida en 2018 a los 51 años, recuperó este símbolo folk de resistencia que ahora divulgan Kronos conservando su voz pero añadiendo tensión con los arreglos del colaborador Jonathan Berger. Tampoco pueden perderse la versión a capela de la desaparecida artista de Nazaret.
Le sigue la misteriosa composición “Fólk fær andlit” –algo así como “la gente consigue rostros” en islandés–, de Hildur Guðnadóttir, conocida por su participación en múm, por sus variadas colaboraciones en el mundo del pop y por los premios recibidos por la banda sonora de “Joker” (2019). El corte trata en realidad sobre la controvertida deportación en 2015 de unos emigrantes albaneses –familias con hijos enfermos– efectuada por los servicios de inmigración de Islandia. Con la asistencia de la arreglista Jeanne Velonis, productora de las dos primeras piezas del disco, Kronos Quartet eliminan los coros originales simplificando “Fólk fær andlit” a un austero corte instrumental que sabe destilar la vileza subyacente a aquel acto de xenofobia por desgracia demasiado actual –y subiendo en triste gerundio–.
El drone como eficaz recurso expresivo del trauma humano se repite en “Doroha. Дорога (The Road)”, primer movimiento de los cuatro que componen “Chernobyl. The Harvest”, con la producción esta vez de otra colaboradora habitual como Reshena Liao y la intervención central de la vocalista ucraniana Mariana Sadovska, que también compone el cuarteto además de cantar y acompañar con su armonio a un combo estadounidense –integrado por David Harrington y Gabriel Díaz a los violines, Ayane Kozasa a la viola y Paul Wiancko en el chelo– que opera a toda máquina entre la repetición minimalista, el enraizamiento solidario y la fortaleza clasicista. El segundo tiempo, “Zhnyva. Жнива (The Harvest)”, resulta más festivo, mientras que “Platch. Плач (Lamentation)”, bellísimo a pesar de las armonías disonantes que intensifican las cuerdas, responde al sentido de su traducción. Un minimalismo lacerante que remite a Philip Glass resurge en la catártica “Rai. Рай (Paradise)”, donde el edén se siente más definitivamente perdido que recuperado. ∎