Disco destacado

La Estrella de David

MáximoSonido Muchacho, 2026

Tanto Bach Is Dead como Beef fueron dos cuerpos extraños (para bien) en el “pequeño circo” del indie español de los noventa (cuando “indie” tenía un significado claro y meridiano). Afortunadamente para todos, David Rodríguez nunca ha tirado la toalla y sigue en plan guadianesco editando música y aportando su sabiduría en proyectos ajenos: sus producciones para La Bien Querida, Soleá Morente –“Lo que te falta” (2020) me sigue pareciendo la cumbre de la mediana de la saga de los Morente– o Rachid B –el pequeño bum de “El Ghorba” (2025) no se habría producido sin su colaboración–.

La Estrella de David debutó en largo en 2007 gracias a El Ejército Rojo –J ha dicho en más de una ocasión que David le parece el genio oculto de la música española– y sin muchas prisas ha ido construyendo una obra tan sólida como minusvalorada: peguen la oreja a “Maracaibo” (2011) y “Consagración” ( 2018) y descubrirán a un compositor imaginativo y totalmente ajeno a las modas del momento.

Tras su magnífico mano a mano con Maria Rodés –“Contigo” (2021)–, Rodríguez reactiva La Estrella de David con este “Máximo” que él mismo ha calificado como su “disco madrileño” (lleva instalado varios años en la capital del reino ayusiano): treinta seis minutos y trece canciones que crepitan con las mejores llamas del rock independiente con guitarras on fire y unas letras que trenzan sin pretensiones la mejor melancolía con el humor ácido que siempre ha emanado de su obra.

Soy leyenda. Foto: Daviz Pé
Soy leyenda. Foto: Daviz Pé

“Máximo” es un disco de guitarras (en lo musical) y, mayormente, del desencanto amoroso y sus rupturas (en lo lírico). Y aquí un inciso: creo que nunca se han valorado suficientemente las letras de David, capaz de encapsular en cuatro frases un angst existencial que no necesita recurrir a la gravedad ni a la poética pedante para soltar verdades como puños.

“Máximo” está repleto de hits que riegan sus brotes verdes con Dinosaur Jr., Sonic Youth, My Bloody Valentine o Pavement –por citar solo algunos, aunque aquí las influencias son lo de menos: están tan perfectamente digeridas y bien dispuestas que todo suena única y exclusivamente a La Estrella de David–.

Escoltado por amigos y conocidos –Ana Fernández Villaverde (La Bien Querida), Jordi Irizar (Doble Pletina), Luis Fernández (Los Punsetes), Sergio Pérez (Svper), Joe Crepúsculo, Luis Troquel (firma la letra de “Cariño madrileño”), Andrea Buenavista y Roberto Berlanga (Ornamento y Delito; sus seis cuerdas son un sólido pilar en un álbum que, ya se ha dicho, sostiene sus pilares musicales en las guitarras eléctricas)–, desde la inicial intro instrumental –con el piano eléctrico de Pérez– de “Máximo riesgo” al cierre con la estremecedora “Mari Carmen” –o cómo armar un retrato costumbrista sin sonar rancio ni autocomplaciente–, todo en “Máximo” suena sólido y crujiente, directo y lo suficientemente “destartalado” como para evitar el tufo a producción de diseño industrial. Escuchen “Yo quiero enamorarme de ti”, “No me quieras tanto” –con ese hipnótico trote rítmico de bajo/batería–, la radiante reflexión sobre el paso del tiempo y los madriles de “Haciendo el tonto” –que, uy, me trae ecos más o menos lejanos del “Creep” de Radiohead…– o el demoledor spoken word de “Látigo Negro” –un relato de dirty realism con conciencia de clase en poco menos de tres minutos; me remite, en mejor, a “La primera piedra” de “Maracaibo”– y degusten el menú de un álbum que se despliega como un fastuoso festín de rock sin roña ni parálisis nostálgica. No llenará pabellones vendiendo entradas con un año de antelación pero La Estrella de David es un tesoro nacional que se merece todas las reverencias del mundo mundial. ∎

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