Después de dos miniálbumes (“Sweet AluMinnie” en 2020 y “Hard Cor” en 2022) en los que el artista-transformista Pere Francès fue adentrándonos en su imaginario sonoro –una electrónica maximalista, angular y deconstruida heredera de sellos como LuckyMe, Numbers y PC Music, abierta también a lo camp–, LaFrancesssa entrega ahora el que es su verdadero debut largo, “TOUNTA…”, para el que ha contado con un círculo cercano de colaboradores y con la asistencia a las letras del poeta Jun Komura. Una especie de cabaret distópico y electrónico que parece reimaginar la mitología artística del siempre frenético Paral·lel de Barcelona en sus propios términos: las historias de vedettes y madames, buscavidas o artistas circenses; las variedades, los cuplés, los vodeviles…, todo se funde con la experiencia contemporánea del Apolo, los ecos electrónicos del Nitsa o la escena punk-queer para construir una narrativa propia, en la que los ecos del pasado sirven para evocar un nuevo presente posible. En este Paral·lel, el Molino Rojo es más bien un coliseo ciberpunk, las ruinas de un teatro en decadencia.
La artista catalana encarna en “TOUNTA…” a Linda Vangelisss, una especie de cruce entre Linda Evangelista y Liza Minnelli pero con sintetizadores y paisajes colapsantes de ciencia ficción. Una replicante de Diamanda Galás que en lugar de diabólica, gótica y operística ha salido más mamarracha de la cuenta, y que ejerce como la maestra de ceremonias de este espectáculo: “PussyCat Dolls” –junto a FADES y Llum, artistas muy vinculadas a la escena queer underground barcelonesa actual– juega a los colores pastel, al azúcar digital y a las nubes vapor pero como podría hacerlo Putochinomaricón, y “Electro-Bici-Diousi” conecta también con el imaginario de Chenta a través de un electropop evocador que sucede en alguna brecha cibernética. En “Besardada”, deconstruye junta a Ouineta lo que podría ser el gran hit pop del trabajo. Pero si LaFrancesssa se folla a su ordenador, desde luego no lo hace como Ninajirachi, un poco a lo bestia, sino más bien con romanticismo, calma y una sensualidad casi clásica, ancestral.
En el disco predominan temas reposados, algunos –como “Micro-Bio”– cercanos a la balada y que incluyen instrumentaciones orgánicas en el lenguaje del jazz o de la psicodelia progresiva, pese a que todo el tratamiento y el revestimiento aludan principalmente a la tradición de la IDM y el deconstructed club. Se nota que Pere ha trabajado con músicos como Edu Gil o con los guitarristas Hugo Lorenz y Zebaknizel –miembro del colectivo Offline Meeting Point– para darle fisicidad a esa fantasía de ordenadores, efectos, plug-ins y sintetizadores que tiene en la cabeza. “Jove i fora de si”, por ejemplo, se plantea en general en los códigos del j-pop lo-fi, pero lo hace entre resonancias vapor y chillwave. “La festa perfecta”, por su parte, lleva las revoluciones hacia una balada desdibujada y ambiental, guiada por una melancólica guitarra acústica y ecos que emulan slide guitars: es folk hiperdigitalizado que recuerda a los universos de Eartheater o el Sega Bodega más introspectivo, e incluso a la vertiente más minimalista de rusia-idk. Y “Eivisssa divina” evoca a la Arca más misteriosa desde un lugar hedonista y bailable.
Aquella performance suya en el Sónar de 2017, látigo en mano, resuena, en general, a lo largo de los mejores momentos de “TOUNTA…”: el melodramatismo, el éxtasis electrónico, la deconstrucción, la violencia frente a la caricia. Arca se encuentra con Fabio McNamara en la espectacular apertura que supone “Sausssage”, rebelión de latigazos en contra del capitalismo (“¿Cómo estáis, camaradas? Mira, aquí tenéis salchicha”) y la gentrificación (“Afterparty, escudella, que no hot-pot”); en el otro extremo, cerrando el trabajo, la electroacústica “Linda Vangelisss” va habitando sutilmente entre glitches, bleeps y bajos implosivos un gran escenario –vacío y de atmósfera digital; una simulación del grand teatre, acaso– sobre cuyas tablas meditan voces distorsionadas, un piano mortuorio, un saxofón y ecos fantasmas de arpas y leyendas olvidadas. Invocando el patetismo de las grandes divas (y divos) venidas a menos, y relacionándolo de algún modo con su propia experiencia como artista precaria que trata de buscarse la vida en el contexto ultracapitalista actual y en una gran ciudad como Barcelona, desbordada y vendida –como todas las de su clase– al mejor postor, LaFrancesssa supera por fin la performance sonora y se descubre para el mundo real como una artista capaz de producir significado, para después retorcerlo a su antojo. “TOUNTA…” es uno de los grandes triunfos recientes del underground barcelonés, y casi un prodigio de la autoedición con medios limitados.
Completan el álbum dos versiones de clásicos del pop en catalán (“Batiscafo Katiuskas” de Antònia Font y “Els teus somnis” de Sopa de Cabra) y dos remixes. Pruebas todas ellas de que LaFrancessa es ya una artista total y con las cosas bastante claras. ∎