Álbum

Loma

How Will I Live Without A Body?Sub Pop-Popstock!, 2024

El pasado 24 de junio, ‘The New York Times’ publicaba un divertido artículo en el que desafiaba al lector a apuntar si una imagen era real o creación de IA. Lo más tranquilizador era lo fácil que resultaba detectar lo falso. Al menos de momento, a nuestros señores droides les queda mucho por entrenar para acercarse a la realidad. También en la música es sencillo detectar los dobles de voz sintéticos y los patrones conjugados sin magia ni espontaneidad.

Difícilmente la IA podría marcarse por sí sola (o, bueno, después de haber masticado un buen puñado de influencias previo impago de derechos) cualquiera de los escurridizos, esquivos, inasibles temas indie folk/dream pop de “How Will I Live Without A Body?”, nuevo álbum de Loma, el proyecto compartido por Jonathan Meiburg (Shearwater) con Emily Cross y Dan Duszynski (es decir, el antiguo dúo Cross Record). Lo único que tiene este disco de esa tecnología es el título, al parecer extraído de una IA entrenada en la obra de Laurie Anderson. Loma envió a la leyenda una foto, ella la pasó por la máquina, y el resultado fue un poema con versos como el que da nombre al tercer disco de la banda.

Era un título apropiado porque, durante un tiempo, Loma fueron una entidad virtual. Disgregados a lo largo y ancho del globo, separados después por la pandemia, Jonathan, Emily y Dan casi empezaron a asimilar que su proyecto de ida y vuelta quizá no volvería. Una primera reunión pospandémica acabó pronto por una enfermedad. Pero al final lograron reagruparse en la pequeña casa de piedra, antiguo taller de un fabricante de ataúdes, donde Cross trabaja como doula de la muerte en Inglaterra. Lograron convertir las limitaciones en virtudes (un ataúd acolchado hizo de cabina de voz) y, de nuevo, por tercera vez, surgió la magia.

“How Will I Live Without a Body?” es igual de extraño y de pop, de sobrenatural y de humano, que el revelador “Loma” (2018) y “Don’t Shy Away” (2020). De nuevo, más que cantar canciones, Cross parece recitar conjuros. La secuenciación podría ser incluso mejor que en el anterior. Este no es un disco que se necesite trocear, sino uno de obligada escucha íntegra. Arranca a paso lento pero tenso, con una “Please, Come In” de diálogos inquietantes entre lo acústico y lo eléctrico e interferencias de sonidos encontrados. El trino de los pájaros se extiende a una “Arrythmia” abierta al jazz y, quizá, al influjo de Radiohead. Pero el primer hito es “Unbraiding”, que es un poco como folk de Laurel Canyon pasado por un sutil filtro hauntológico: insuperable banda sonora de terror.

Todavía mejor es la central “How It Starts”, de ritmo hipnótico cercano al de “Xenarthran”, del último disco de Shearwater, el diría que poco escuchado “The Great Awakening” (2022). En la extensa “Broken Doorbell”, Meiburg se hace oír con unos coros etéreos, pero le gana en magnetismo la dulzura embriagadora de una Cross que parece homenajear a la Becky Stark de Lavender Diamond. Menos directo emocionalmente, más opaco, es el single de aires dub “Pink Sky”, con un recomendable vídeo de animación basado en acuarelas de Cross. “Affinity” recupera los aires folk horror, pero justo después, “Turnaround” calienta el alma como una pequeña hoguera entre grandes amigos. Acabas el disco creyendo en la humanidad y riéndote de los robots. ∎

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