Álbum

Mary Lattimore

Goodbye, Hotel ArkadaGhostly International-Popstock!, 2023

En la entrevista de José Manuel Caturla con Mary Lattimore (Asheville, Carolina del Norte, 1980) publicada en esta misma web el 15 de enero de 2021, la arpista estadounidense ya decía que el título del disco que presentaba en aquella época, “Silver Ladders” (2020), el cuarto álbum en estudio de su trayectoria, se refería a una bucólica bahía en Stari Grad, un pequeño pueblo de la isla croata de Hvar. Lattimore decía que “las olas eran suaves y formaban escalones plateados [silver ladders] que me recordaban a una piscina que se adentra en el mar”. Pues bien, como continuación de aquel álbum le llega ahora el turno a “Goodbye, Hotel Arkada”, un disco que ha tardado dos años en completar. El título hace referencia a un viejo establecimiento hotelero de la misma isla y el mismo pueblo croatas, del que su amiga Stacey le dijo, mientras recorría el lobby y su viejo salón de baile, que se despidiera, ya que podría no seguir ahí si alguna vez regresaba a Stari Grad, ya que el Hotel Arkada iba a ser reformado y, posiblemente, perdería su antiguo y decadente encanto (como así ha sucedido, según se ve en las fotos de Booking.com).

La propia Lattimore dice, refiriéndose a las seis piezas instrumentales que componen “Goodbye, Hotel Arkada”, que le hacen pensar “en flores marchitas en jarrones, velas derretidas, envejecer, estar de gira y que las cosas cambien mientras estás fuera, sin darte cuenta de lo efímeras que son las experiencias hasta que ya no vuelven a suceder; el miedo por el futuro de un planeta que estamos perdiendo a causa de la codicia, y, al mismo tiempo, una oda al arte y a la música que realmente han marcado tu vida y que pueden transportarte atrás en el tiempo, al anhelo de mantener la sensibilidad y no hundirte en un abatimiento estéril”.

Mary Lattimore solía grabar y producir sus discos en solitario. Sin embargo, por mediación de un amigo, pudo conocer a Neil Halstead, el líder de Slowdive, a quien admiraba, y de ahí surgió la posibilidad de que este le produjera el citado “Silver Ladders”. Ahora, Lattimore ha vuelto a producir el disco por su cuenta, pero aplicando varias de la enseñanzas de Halstead: el sonido del arpa, que había cambiado en su disco anterior, ya no resulta empalagoso ni evoca angelotes de mejillas regordetas punteando tiernamente las cuerdas del instrumento. Ahora no está Halstead, pero hay otra presencia shoegaze en el disco, la de Rachel Goswell, cantante y guitarrista de Slowdive, que colabora con su voz en “Yesterday’s Parties”, el último tema (y el más etéreo) del álbum, en el que también participa la violinista, guitarrista y bajista estadounidense Samara Lubelski.

“Goodbye, Hotel Arkada” es, en realidad, un disco de colaboraciones. En el tema de apertura, “And Then He Wrapped His Wings Around Me”, Lattimore cuenta con la participación de dos de sus amigos más íntimos, la compositora Meg Baird –con quien creó un álbum conjunto, “Ghost Forests” (2018)– y el acordeonista Walt McClements, una presencia habitual en sus giras. Con ambos ha sacado a la superficie un recuerdo: de niña, Lattimore ganó un concurso de dibujo a través de una emisora de radio y obtuvo como premio acudir a ver ‘Barrio Sésamo’ en directo en su Asheville natal. Allí, entre bastidores, el personaje de Paco Pico (Big Bird en inglés) le dio “un abrazo increíble con sus alas amarillas”. La pieza dibuja la calidez de ese momento teñido ahora de melancolía, sobre el que Baird tararea suavemente sobre las ondulantes ondas del arpa.

En el segundo tema, “Arrivederci”, la colaboración corresponde a Lol Tolhurst, uno de los fundadores de The Cure y otro de sus héroes musicales. Lattimore ha explicado que escribió este tema después de ser despedida de un proyecto porque no había tocado suficientemente bien las partes de arpa que le correspondían. “Llegué a casa, lloré a mares y escribí esta canción para intentar recuperar mi amor por tocar el arpa”. La delicadeza de su interpretación se ve perfectamente arropada por los teclados de Tolhurst.

En “Blender In A Blender” la relación es con el guitarrista Roy Montgomery, pionero de la música experimental neozelandesa (nació en Londres, pero se trasladó allí siendo todavía niño). Montgomery es quien inicia la composición con unos acordes distantes hasta que se incorpora el arpa y la guitarra adquiere otra dimensión. La interacción entre ambos instrumentos es maravillosa: el arpa suena lenta, terrenal y pensativa, mientras que las notas de guitarra se deslizan tenazmente, formando remolinos lánguidos en un diálogo que se caracteriza menos por las contradicciones de sonoridad que por lo que un instrumento aporta al otro.

Solo dos piezas cuentan exclusivamente con la intervención de Lattimore, la tenue (aunque excesivamente lineal) “Music For Applying Shimmering Eye Shadow” y “Horses, Glossy On The Hill”, mucho más destacable, con un repiqueteo percusivo que se asemeja a los cascos de un caballo, obviando la abstracción que se supone que es la música.

El tema final, “Yesterday’s Parties”, es, probablemente, la pieza más elegantemente brillante del disco, con la voz de Goswell cantando sin palabras mientras el arpa se desliza junto al violín de Lubelski de una forma que podría recordar a Cocteau Twins. Un hermoso colofón para un álbum densamente arreglado y más complejo de lo que parece a primera escucha, con una serie de combinaciones colaborativas que le confieren un amplio espectro de sonidos y estados de ánimo. ∎

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