El inicio con una variedad melódica de sintetizadores modulares ya nos pone sobre aviso de las imágenes que vamos a ver aunque no sepamos quién es el protagonista de este documental de Netflix. El segundo corte, “State Of Denial”, parece llevarnos de la mano hasta una fosa subterránea donde anida algo perverso: el título hace referencia al estado de negación con el que los gobiernos poderosos quieren camuflar las peores de sus decisiones. El tercero, “Power & Dissent”, es más oscuro que ese poder y más bello que la disidencia. El personaje en cuestión no es otro que Seymour M. Hersh (Chicago, 1937), uno de los más importantes periodistas de investigación. Es autor de un sinfín de reportajes y varios libros en los que ha destapado los aspectos más sucios de las sucias guerras, golpes de Estado y corrupciones de los sistemas llamados democráticos: de la masacre de My Lai durante la guerra de Vietnam a las brutales torturas en la cárcel iraquí de Abu Ghraib, pasando por el Watergate o las maquinaciones de la CIA para asesinar y derrocar líderes de otros países. No hay contexto complejo, conflicto violento o escándalo gubernamental al que no se haya acercado Hersh en sus diáfanos reportajes para ‘The New York Times’ o ‘The New Yorker’ y en la mayoría de sus libros.
El filme “Cover-Up” (2025), disponible en Netflix como “Cover-Up. Un periodista en las trincheras”, es un documental presentado en la pasada Mostra de Venecia, donde su codirectora, Laura Poitras, ya ganó el León de Oro por “La belleza y el dolor” (2022), sobre Nan Goldin. El otro director es Mark Obenhaus, cuyo papel fue, sobre todo, el de generar confianza en Hersh, quien dice al principio que no se fía de nadie. Obenhaus había colaborado con él en tres reportajes. El título del filme está tomado del libro sobre las matanzas en Vietnam con el que Hersh ganó el Pulitzer en 1970.
El tema titulado “My Lai” no puede evocarnos otra cosa que la violencia convertida en auténtica malignidad: esta parte de la película se centra en la noticia destapada por Hersh sobre un teniente del ejército estadounidense, William Calley Jr., que fue acusado de la muerte de 109 civiles vietnamitas, aunque pasó poco tiempo en la cárcel y salió finalmente libre de cargos. Conviene ver la película para comprender mejor la magnitud de la música en este pasaje, pues aparece con fuerza para convertirse sabiamente en silencio, o un rumor muy lejano, cuando Poitras utiliza una imagen de archivo en la que un soldado confiesa en una entrevista televisiva cómo vació cuatro cargadores de su arma sobre hombres, mujeres, niños y recién nacidos, y nunca llegó a cuestionarse por qué lo hacía. Ha ocurrido en todas las guerras, y sigue ocurriendo con métodos quizá más sofisticados en la actualidad, pero lo que Hersh describió, Poitras filma y Maya Shenfeld potencia con la música es extremadamente virulento, porque, entre otras cosas, los ecos traumáticos del conflicto de Vietnam siguen resonando para los norteamericanos como no lo han hecho otras contiendas.
Shenfeld es una compositora de música electrónica nacida en Jerusalén e instalada en Berlín que debuta en el cine con la banda sonora de “Cover-Up” después de haber publicado a su nombre un par de discos, “In Free Fall” (2022) y “Under The Sun” (2024). La ejecución de los catorce temas de no muy extensa duración, excepto el último, “Another Level”, es con sintetizadores, módulos Eurorack, cuerdas y metales procesados, cintas y teclados. Tabea Schrenk toca el violonchelo, y Caleb Salgado, el contrabajo. El resultado es esencialmente analógico, lo que le va muy bien a las muchas imágenes de archivo utilizadas por Poitras y Obenhaus (televisivas, en 16 mm o Super-8, vídeos) que nos transportan a Vietnam, los experimentos con gas nervioso y otras armas y químicas, el golpe de Estado en el Chile de Salvador Allende, el caso Watergate o la guerra de Irak. Funciona a la perfección cuando adquiere un cierto aire de ambient setentero en el momento en el que el filme habla de los orígenes de Hersh en una familia de origen judío y clase trabajadora de Indiana (“Origins”); al subrayar con una sonoridad ominosa la impunidad del golpe de Estado chileno (“The Coup”) o la falacia del sueño americano (“American Dream”); al describir con una métrica angulosa las jerarquías de los estamentos y corporaciones (“Chain Of Command”); o al proponer una cierta pausa a través de una melodía somnolienta que no renuncia a las impurezas de la grabación analógica (“Image Makers”). “Invasion” funcionaría de forma perfecta en una película de ficción sobre la guerra de Irak, y cortes como “There’s Always Another Level” y “Another Level” los podrían haber firmado los Tangerine Dream de la banda sonora de “Carga maldita” (William Friedkin, 1977): Shenfeld vuelve la vista atrás con criterio para recuperar una sonoridad específica que le viene como anillo al dedo –así debería ser siempre la música cinematográfica– a la historia tratada y las imágenes escogidas para tratarla. ∎