Álbum

Mirah

DedicationDouble Double Whammy-Absolute Magnitude, 2026

¿Qué le había pasado a Mirah desde el ya lejano “Understanding” (2018)? ¿Por qué llevaba tanto tiempo sin hacer el mundo mejor con un nuevo disco? Básicamente, le sucedió la vida. Estaba embarazada de seis meses y se disponía a salir de gira con su citado álbum anterior cuando su padre falleció. Un año después, cuando medio recompuesta quiso recuperar sus planes y volver a dar conciertos, apareció la pandemia para dar con todo al traste y, según parece, hacer empeorar su depresión posparto.

Cuando la vida te sucede de esta manera, es normal que te salga un disco como “Dedication”, menos apegado al ingenio y la oblicuidad de la antigua Mirah de K Records que a la pura catarsis. Ni las partituras tienen muescas inesperadas ni las letras te dejan desencajado; o sí, pero no de desconcierto sino de emoción. Acompañada de músicos que saben de esto último –Meg Duffy (Hand Habits) y Jenn Wasner (Wye Oak, A Flock Of Dimes) son presencias estelares en su banda de apoyo–, la autora de “You Think It’s Like This But Really It’s Like This” (2000) ha grabado un puñado de preciosas canciones que no invitan demasiado a dobles lecturas, en las que lo que oyes es lo que hay.

El viaje arranca tranquilo con “The Ballad Of The Bride Of Frankenstein”, que nada tiene que ver con la inminente película “La novia!” (Maggie Gyllenhaal, 2026); es una balada folk con el imaginario del terror como vocabulario para hablar del matrimonio: casi parece ir menos sobre la novia del monstruo que sobre la esposa de Victor Frankenstein. Parece culpar de una crisis marital a la pandemia (“¿fue la plaga, el modo en que el mundo entero se congeló?”), época también evocada en la más uptempo “Stumbling”, recordatorio de la suerte que tenemos de seguir vivos.

La reciente madre Mirah pudo dedicarse a crear estas canciones, a volver a ser artista y dejar que la inspiración fluyera, gracias a una residencia compositiva que la llevó de Nueva York a San Gabriel, California. Lejos del hogar, empezó a echar de menos el calor y el caos familiar y acabó saliéndole una preciosidad como “After The Rain”: “He dedicado toda mi vida a ser fiel al amor que no se desdibuja. Por mí misma, mi familia y amigos, por ti y por nosotros tres hasta el final”, canta en un estribillo para enmarcar. En su single de regreso “Catch My Breath”, la narradora (claramente la propia Mirah) se resiste a dejar marchitar una relación: “Solo digo que no estoy lista para rendirme con nadie, mucho menos conmigo, mucho menos contigo”. Para su bebé ha escrito “Mama Me”, que igual a algún oyente le parece cursi, pero que a este padre aún primerizo le ha enternecido hasta lo indecible. Por otro lado, no todo es rosa en esa letra: también hay referencias a coladas por doblar, movimiento incesante y cansancio. Es fácil sentirse identificado.

Y al padre fallecido le reserva el corte de despedida, “New Jersey Turnpike”, triste pero reconfortante balada de piano sobre la persistencia del amor más allá de la muerte. “Siempre y para siempre, siempre recordar. Eso es todo lo que significa el amor. Dura cuando la vida se va”. Queda claro: también de la mediana edad y la vida familiar pueden nacer discos intensos. ∎

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