Fue en 2008: Alberto Montero teloneó a la banda folk estadounidense Fern Knight, en la que tocaba Jesse Sparhawk (ninguna relación familiar con el líder de Low), y la fortuna quiso que el músico valenciano interpretara una versión de Robert Wyatt, “Sea Song”, que le gustó mucho a Jesse. Así surgió un contacto amistoso y profesional que facilitó que cuando un par de años después el norteamericano regresara a Barcelona se hospedara un par de días en casa de Montero. Y más adelante, en 2011, Sparhawk le pidió que pusiera letra a una composición instrumental que le envió por correo electrónico. Y le pidió, además, que el texto fuera en castellano… Así terminó saliendo “Frío de la aurora”. El resultado les satisfizo a ambos y se amplió a cinco canciones más, que terminaron publicándose en 2015 en una limitadísima edición de cincuenta unidades en casete a través del sello valenciano Discos Mascarpone y con el nombre de Montero de Halcones, por el apellido del valenciano y la castellanización de una parte del apellido del americano.
Hace cinco años Sparhawk volvió a la carga y le pidió a Montero hacer más canciones, y ahora ha visto la luz el primer álbum de ese proyecto tan esporádico como hermoso y trabajado a fuego lentísimo, formado por las seis canciones ya aparecidas (pero prácticamente inencontrables hasta ahora) hace diez años y seis nuevas. En el disco, titulado otra vez “Montero de Halcones”, igual que su proyecto colaborativo, las canciones impares son las recientes y las pares se corresponden con las preexistentes. Los títulos tienen su miga: salvo la inicial y “Rescate de nubes (Cloud Rescue)” –y “Frío de la aurora”, con la que se inició todo el proyecto–, todas tienen dos significados distintos. El original es el inglés, con el que Sparhawk había creado sus instrumentales. Que aparezcan los dos sirve “para preservar lo que cada pieza sugirió a cada uno de sus artífices”, como se lee en la hoja de promoción que acompaña al disco.
Alberto Montero es un artista menos conocido de lo que merecería, una especie de Julio Bustamante (por poner un referente también valenciano) de la generación millennial, pese a estar dotado de una sensibilidad musical extraordinaria y de una voz que encaja como un guante en proyectos de una belleza atávica que recomiendo sin ninguna duda: además de los siete álbumes publicados a su nombre, Alberto es un músico poliédrico, capaz de trabajar en colaboraciones insospechadas, de Tórtel a Dorian Wood, pasando por Gonzalo Fuster (con quien creó Algo), con una obsesión casi enfermiza por la “melodía perfecta”.
En esta ocasión, en cambio, lo musical es de Jesse, mientras que Montero se encarga de las letras (y de adaptar las melodías a su cálida voz). Basta una sola escucha de “Perdona a un introvertido (Forgive An Introvert)”, la pieza de rock progresivo con que comienza el disco, para que uno se sienta ya enganchado. La urgencia en la voz de Montero es palpable y se complementa con la interpretación circular de Sparhawk. Es una de las canciones nuevas y el momento más “desquiciado” del disco. Las seis composiciones datadas en 2015 se caracterizan por una especie de folk de cámara, minimalismo progresivo y trascendencia, mientras que las nuevas son más exuberantes y eléctricas, pero la combinación no chirría para nada, sino que se convierte en algo emocionalmente resonante y atemporal, con pinceladas de bandas o artistas siempre reivindicables como los texanos Shearwater, o los ingleses Talk Talk o Pentangle, en sus venas. El álbum está construido en torno a frases y figuras repetidas hasta que las piezas se convierten en mantras que combinan la intimidad acústica con la profundidad atmosférica y lo inquietante con lo melancólico, en perfecta alternancia. Se podría pensar que Sparhawk, afincado en Filadelfia, y Montero, afincado en Barcelona, han trabajado juntos desde siempre, y no solo en este LP, pero sabemos que no ha sido así… Es posible que la sensación sea el resultado de probaturas y probaturas de cada tema hasta dar con la tecla… O tal vez no. Eso solo lo saben Jesse y Alberto, pero la química que se establece entre ellos merecería continuidad. ∎