Disco destacado

Nacho Vegas

Vidas semipreciosasOso Polita, 2026

Nacho Vegas vuelve con Vidas semipreciosas como quien regresa a casa: una casa que se cae a cachos, pero donde alguien sigue pasando la escoba cada mañana por pura obstinación ética. El concepto del título va justo por ahí: reivindicar lo semiprecioso frente a la obsesión contemporánea por parecer impoluto. Él mismo lo plantea como una defensa de lo impuro y común frente a la élite de lo pulido o la obsesión por parecer emocionalmente impecable.

Durante unos cuantos años, el asturiano parecía instalado en una especie de meseta creativa respetable, pero poco destacable. Desde Violética” (2018), su producción había seguido siendo honesta y políticamente alineada con su trayectoria, pero también menos capaz de colarse en la conversación pública más allá del circuito fiel de oyentes convencidos. Mundos inmóviles derrumbándose” (2022) fue un disco digno, pero digno solamente. “Vidas semipreciosas”, en cambio, rompe esa inercia. No porque Vegas se reinvente (no lo hace), sino porque vuelve a escribir desde un lugar donde su forma y el momento histórico están separados por una línea muy fina. Esa sensación atraviesa el álbum desde el primer corte, cuando toma prestada una frase de William S. Burroughs (“Quizá cualquier placer sea un alivio”) sobre un arreglo de violines doloroso, mientras carga contra “nuestro tiempo” o el simple trampantojo de pensar que es nuestro, que nos pertenece.

Política personal. Foto: Jordi Santos
Política personal. Foto: Jordi Santos

Musicalmente, el disco juega a lo que Vegas lleva años perfeccionando: sonar a canción de autor sin quedarse en la guitarra-voz de manual, y sonar a tradición sin hacer cosplay folclórico. Si bien “Alivio” es más moderna (un arreglo propio del folk anglo con una superposición de voces de diferentes intensidades), en “Fíu” ya vuelve a un sonido plenamente asturiano, dedicada a su madre y con vocación de himno familiar-político. También hay un tramo especialmente disfrutón en “Deslenguarte” (con Albert Pla), donde la provocación funciona más como carburante de un punk cuqui que como sermón: si quieres escuchar a Vegas y Pla cagándose en Dios durante siete minutos, es tu canción. Cuando entra “Seis pardales” (con Rodrigo Cuevas y L-R), el álbum deja claro que su política favorita es la de la gente: es un homenaje a homenaje a las Seis de Suiza, seis sindicalistas de la CNT condenadas por protestar contra la pastelería La Suiza (Gijón).

Entremedias, el disco cuenta con varios interludios con nombres propios: Javitxu Aijón, uno de los llamados Seis de Zaragoza, condenado por participar en una protesta antifascista (“mas allá de meternos miedo o de impedirnos salir a las calles, nos da todavía más fuerzas”, recita en el álbum); Anna Gabriel, exdiputada de la CUP y exiliada tras el procés, y Adur Ramírez de Alda, sentenciado en el caso Altsasu. La ideología de Nacho Vegas no se disfraza de metáfora ni se esconde detrás de la ambigüedad poética; se articula desde una izquierda explícita, incómoda y consciente de sus derrotas, que entiende la canción como un espacio de memoria y de señalamiento. Sin embargo, y pese a no poder estar colmado de referencias más claras, uno de los aciertos es cómo el disco mete lo militante sin convertirlo en un eslogan lineal. Los interludios en castellano, catalán y euskera no están puestos para dar una lección, sino para recordar que las canciones no salen de un vacío: salen de un país y un clima, y que incluso nuestras vivencias más íntimas (algo tan simple como una carta de amor escrita a nuestra madre) también están marcadas por un contexto determinado. Si lo personal es político, lo político también debería ser personal. ∎

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