Álbum

Ouineta

Ouineta VerificadaDoble Cuerpo, 2026

To be cringe es to be free: dar vergüenza es ser libre. Esa es la tesis estética que Ouineta defiende en “Ouineta Verificada”. Marta Ros llega a su debut después de haber trabajado como coreógrafa para figuras como Rigoberta Bandini y Amaia, y después de haber defendido públicamente dos ideas que hoy, en realidad, están más asumidas de lo que pensamos: que el mainstream puede ser genuino y que el miedo al ridículo es lo que separa a los artistas del resto de los mortales. Los primeros no necesariamente tienen más talento, pero siempre tienen menos pánico. El concepto de verificación que atraviesa el disco funciona como una ironía sobre las formas actuales de legitimación cultural. El “verificada” del título alude al check azul de las redes sociales, pero aquí aparece exagerado para explicar la paradoja de una industria donde parece necesario ser validada desde fuera para reconocerse como artista. En ese juego, Ros reflexiona sobre algo que el pop rara vez admite: que la autenticidad nunca ha sido pura, sino siempre, en cierta medida, coreografiada.

“Ouineta Verificada” es, en el fondo, un disco de reguetón, aunque uno muy mutado, muy barcelonés y muy atravesado por internet. Lo que organiza el movimiento interno del álbum es una lógica rítmica de dembow y de síncopa urbana: aquí es donde se nota que Ouineta piensa como coreógrafa más que como música. “Ves-te’n de la festa” es uno de los mejores ejemplos: hay ahí ecos de Bea Pelea, de Tomasa del Real y de toda aquella tendencia donde el reguetón underground hispano se volvió simultáneamente futurista y de barrio. Bases hiperdigitales, timbres sintéticos duros y una nostalgia rara por el reguetón viejito. En realidad, Ouineta no se reconcilia tanto con el mainstream como con las formas under de lo que terminó haciéndose mainstream. En ese sentido, el álbum dialoga mejor con la periferia que con el centro. Tampoco es de extrañar, porque es queer hasta la médula.

Desde la introducción, “Tot el món vol ser”, Ouineta se mueve en ese terreno de reggaetrap (porque en España ambos fueron aliados), que recuerda bastante a piezas como “Sugar mami”. “Evil Ouineta”, por su parte, tiene algo de Rihanna pasada por un filtro de pop teatral catalán, con una base que coquetea también con la ñoñería acústica de Natasha Bedingfield. Sin embargo, las piezas más lentas, como “Lily-Rose” o “Buganvilla”, cuentan con sintetizadores que remiten bastante al “Visions” (2012) de Grimes: colchones brillantes, melodías suspendidas, una producción que da la sensación de estar levitando un poco por encima del suelo. Pero donde Grimes tendía a lo espectral, Ouineta mete calor. Y ahí entra otra referencia clave: ese pop tropical estilizado que en la escena española dejó huella a partir del primer trabajo de El Guincho, allá por 2008. En “NOIS”, junto con Mushkaa, y en otros momentos del disco, hay una forma de tratar la percusión, el color de los sintes y la voz como textura que bebe claramente de esa tradición: música luminosa, algo naíf, algo torcida, mediterránea, siempre muy física. Por su parte, en “Chetos i scroll” se pone emocional sin abandonar la ironía. Aquí la catalana entiende algo que muchos discos más serios (los que ella critica con su debut) olvidan: que el yo contemporáneo es profundamente absurdo, y que retratarlo desde el lache no significa quitarle dignidad.

En realidad, todas las referencias citadas anteriormente remiten (salvo alguna excepción ligada al pop global) a un ecosistema musical que, de un modo u otro, se ha articulado en torno a la escena catalana de la última década. Incluso “BRALLA”, junto a Ben Yart, puede leerse dentro de ese marco: la aparición del artista navarro responde a una genealogía que difícilmente habría existido sin el laboratorio previo que supuso Barcelona para ciertas formas híbridas de música urbana en España. Incluso en “Certified”, con la que cierra el álbum, el fraseo recuerda bastante a LaBlackie, probablemente una de las referencias más sólidas del rap catalán actual. El disco funciona así como una especie de mapa implícito de esa constelación cultural. No tanto porque cite explícitamente a sus referentes, sino porque cristaliza una escena que lleva años gestándose. Una escena que empezó igual que ella: sabiendo que daba un poco de cringe y no importándole demasiado. ∎

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