Antwan “Big Boi” Patton y André “Dre” Benjamin se están hartando de explicar el significado del título de su cuarto LP: un estado de gracia creativo y de total libertad. Por ahí debe entenderse que un disco tan fuera de onda –comprometido, irónico, inteligente– como
“Stankonia” (2000) tenga una pegada tan brutal. Aquí no vale Brooklyn ni Compton,
OutKast defienden el palo
southern desde Atlanta, aunque a veces parezcan marcianos. Se permiten
rapear con estribillos capaces de pegarse a todo, como los de
“Gasoline Dreams”,
“Ms. Jackson”,
“So Fresh, So Clean” o
“I’ll Call Before I Come”, que, por otro lado, no hacen ni una concesión a la comercialidad fácil –la de lucha libre– que es el hip hop de los últimos años. Si son accesibles es porque discos como “Stankonia” suenan a clásico instantáneo.
Están dentro del círculo de lo atemporal y lo recorren a sus anchas tantas veces como les apetece, empezando por el p-funk –Sly Stone y George Clinton podrían ser los asesores de imagen de Dre– y abarcando todo lo demás. Lo que los revela como auténticos visionarios es que cuando ponen la coctelera en marcha consiguen sonar únicos, cada vez más frescos y, sí, innovadores, manteniendo su fórmula fuera del alcance de imitadores en un negocio de depredadores cuando ya han pasado siete largos años desde su sorprendente debut,
“Southernplayalisticadillacmuzik” (1994).
Utilizando guitarra, bajo y percusión reales, parecen convencidos de que Little Richard, Jimi Hendrix y Prince son más hip hop que Master P y demás elementos. Por lo tanto, no se les escapa que el drum’n’bass también lo es, y por eso hay que estar atento a locuras como
“B.O.B”, un single construido sobre
breakbeats incendiarios y fuego cruzado a base de
scratches, guitarra eléctrica y un bajo pesado. Tal vez este sea el canto de la moneda que todavía no le ha salido a Roni Size. ∎