Álbum

Peaches

No Lube So RudeKill Rock Stars, 2026

Diez años después de su último álbum, a más de dos décadas de la eclosión del electroclash y a ¡tres décadas! de su primer LP, publicado aún con su nombre real, Merrill Nisker: ¿hay motivos para concederle a Peaches parte de nuestro tiempo en un presente tan hipersaturado de estímulos cuyo maximalismo expresivo podría dejar en pañales sus proverbiales andanadas de electro-punk deshuesado, machacón y procaz? Cuando empieza a sonar la minimalista “Hanging Titties”, con ese videoclip de estética declaradamente grotesca (siempre fue fan fatal de la cultura trash) en pro de la liberación de nuestros sentidos –vamos, que cada cual disfrute del sexo como le dé la real gana y con quien le rote–, es difícil no verse asaltado por la duda. Me llega a recordar un poco a la M.I.A. de 2005, lo cual puede estar muy bien pero no es precisamente vanguardia.

El electroclash (si es que todavía se puede mentar) confrontativo de “Fuck Your Face”, un poco ramplona, no ayuda a despejar las dudas, pero entonces emerge el hyperpop de “No Lube So Rude”, que parece una hermana pequeña de “Club Classics” de Charli XCX (salvando cualquier lógica distancia), y uno empieza a intuir que este séptimo álbum de la canadiense no es un mero brindis al sol, que depara chicha y que el tiempo no la ha relegado al cajón de la obsolescencia. La pegadiza y elástica “Whatcha Gonna Do About It”, con un estribillo de lo más excitante –aunque remitir a la Madonna del magno “Confessions On A Dance Floor” (2005) tampoco sea romper ningún dique estilístico en 2026–, confirma las buenas sensaciones, poco antes de que el R&B de reflejos estroboscópicos que media la deliciosa “Panna Cotta Delight” nos asegure que en estos treinta minutos hay más diversidad y matices de los que a primera vista puede parecer. Que a Peaches aún le queda cuerda, vaya.

Ocurre también que en su condición de icono queer y feminista hay una corriente de ida y vuelta: podemos conceder que Billie Eilish, Chappell Roan y otras estrellas de escaso aprecio por lo normativo y alergia a los cánones (de toda clase de géneros) hayan aprovechado para hollar el filón que ella (en parte) excavó hace décadas, y en ese feedback seguro que jugó un papel esencial el documental “Teaches Of Peaches” (Philipp Fussenegger y Judy Landkammer, 2024, estrenado en la 74 Berlinale), del que precisamente se aprovecha aquí una frase de quien fue su pareja, Black Cracker (el poeta, productor, MC y artista visual Ellison Renee Glenn), para bautizar una de sus canciones, “Not In Your Mouth None Of Your Business”, otro brote de electropop malsano por infeccioso, con un sonido tan intencionadamente guarro como es también “Fuck How You Wanna Fuck”. El contexto juega también a su favor: ambas son, en lo meramente textual, alegatos en favor de unos derechos LGBTQ+ que no deberíamos dar por garantizados, tal y como está el mundo ahora mismo. Pero en el término medio está la virtud, y aquí, en este conciso regreso, todo está medido para no estomagar ni tampoco saciar del todo, para que tengamos motivos para darle al play al menos dos o tres veces: “Be Love” –su cierre–, con su pulso aeróbico, su pegadiza melodía y esos sorprendentes violines finales, certifica que la artista de Toronto no ha quedado sepultada por la sucesión de modas y tampoco ha extraviado del todo ni el mojo ni la inquietud, a sus 59 primaveras. ∎

Etiquetas
Compartir

Contenidos relacionados