El dúo experimental de ambient Space Afrika, radicado en Mánchester y a medias en Berlín, une sus fuerzas creativas con la visión más pop del subversor de Preston Rainy Miller para crear este “A Grisaille Wedding” que busca unificar ambos mundos y llegar a un pacto común, a una fórmula aristotélica que equilibre la extrañeza y la familiaridad. Que dé, de algún modo, forma física y tangible al sfumato en que habitualmente se diluye su música.
Ellos mismos han reconocido inspirarse en las técnicas pictórica y escultórica del relieve y el claroscuro, y más concretamente en cómo ambas se relacionan en híbridos artísticos como la grisalla o el bajorrelieve: dibujos que buscan, a través del uso de las sombras, imitar la volumetría de la escultura, o esculturas que solo adquieren su tridimensionalidad realzando las líneas de dibujo.
Así, todo este trabajo conjunto bascula constantemente entre lo etéreo, lo abstracto, y lo físico, lo concreto. Entre los ambientes esbozados en fondo por Space Afrika y la presencia melódica de Rainy Miller. Los unos dibujan amaneceres cósmicos como el de “Shelter” o paisajes futuristas como el posapocalipsis contemplativo de “I Believe In God, When Things Are Going My Way” –que encierra al final sorpresa, luz, humanidad, en forma de guitarra grunge– o la distopía experimental de “The Graves At Charleroi”, que pasa a disolverse en una lamentación folk que resuena a lo largo de “1-2-1” –por su parte, la excepción sonrojante del disco por consistir básicamente en un discurso en contra del amor tóxico con el mensaje algo tópico de que “ey, no te preocupes, hay alguien ahí fuera perfecto para ti, solo tienes que encontrarlo”–.
Y Miller, por su parte, aporta un tono melódico que entremezcla pop y trap digital, con reminiscencias a la escena Year0001: el Auto-Tune en modo diablo –o en modo angelito, más bien–, logrando un onírico falsete que consigue encajar con el trance meditativo que se sucede a lo largo de todo el álbum. Es el caso, por ejemplo, de “00-Down / Murmansk 12”, que pese a todo se fractura en su segunda mitad hacia los territorios de un ambient de futuro posapocalíptico. O el del grime que la sigue, “Sweet (I’m Free)”, que se construye sobre un revoltijo digital que aúna bajos ultradiluidos de drill, sintetizadores ambient, cortes noise, sutiles glitches. “HDIF” se va a un palo más trap, aunque en su fondo colisionen cuerdas nórdicas y cantos gregorianos y en su estructura se lean signos de deconstrucción.
Lo más interesante, en fin, es la belleza enturbiada y desesperada que logran convocar las dos fuerzas cuando sus personalidades se sincronizan a la perfección, como sucede en el radioactivo trip hop de “Maybe It’s Time To Lay Down The Arms”, con Mica Levi, o en una “Let It Die” que convierte la plegaria autotuneada de Miller –una melodía que hasta trae recuerdos del “Bad Blood” de Taylor Swift– en un mantra febril sobre una infinita progresión paisajística y cinematográfica que culmina en una granítica lluvia noise. Entre Blackhaine y Burial, entre el tenebrismo y un obsesivo matizado, “A Grisaille Wedding” funciona realmente como un estudio del relieve de la voz y cómo esta es capaz de ser moldeada con el delineado de los sintetizadores. ∎