Álbum

Réka Csiszér & Radwan Ghazi Moumneh

Le révélateurAsadun Alay, 2026

Pocas pistas en el rastreo de Réka Csiszér y Radwan Ghazi Moumneh. Ella, de nacionalidad húngara e instalada en Berlín, es vocalista y compositora de música contemporánea, ha participado en algún corto, registró un álbum con el grupo suizo de garage The Pussywarmers y el pasado año publicó como Viz el disco “Danse des larmes”. Él, canadiense de Montreal, de origen libanés, tiene tres discos grabados en colaboración con otros músicos y un ambicioso proyecto interdisciplinario a nombre de Jerusalem In My Heart. Muchas certezas con el filme al que el dúo pone inesperada banda sonora. Inesperada porque “Le révélateur” (1968) es la película más pura de la etapa más primitiva de Philippe Garrel, aquella que incluye títulos mayúsculos como “Le Lit de la vierge” (1969), “La cicatriz interior” (1972), “Les hautes solitudes” (1974), “Un ange passe” (1975), “Le berceau de cristal” (1976) y “Le bleu des origines” (1979), la mayoría de ellos alumbrados por la presencia de Nico, quien caracterizó la particular fotogenia del cine de Garrel por un lado, y lo llevó por el tortuoso camino de la heroína por el otro. Pura en su primitivismo –el cine de los primitivos, de los Lumière, Louis Feuillade y, extendiéndonos un poco hasta la edad de oro del cine mudo, Robert Flaherty, F.W. Murnau y Eric von Stroheim– porque es una película de 62 minutos rodada en un blanco y negro que va del expresionismo al naturalismo y descarta todo sonido: ni ruidos diegéticos, ni voces, ni música. A partir de “L’enfant secret” (1979), Garrel se haría poco a poco más narrativo, algo evidente en sus películas del siglo XXI, fieles a sus orígenes a la vez que en oposición en cuanto a su gradación estética y emocional. Quizá más fáciles de asimilar –“Los amantes regulares” (2005), “Un verano ardiente” (2011), “Amante por un día” (2017), “La sal de las lágrimas” (2020)–, pero no por ello mejores.

Un niño de apenas cuatro años (Stanislas Robiolles) y dos adultos, sus padres (Bernadette Lafont y Laurent Terzief). Planos hipnóticos alumbrados solo por la tenue bombilla de un cuarto casi despoblado de objetos. Planos fascinantes en bosques frondosos –de la Selva Negra–, carreteras –la policía alemana aparecía constantemente para impedirles el rodaje– y caminos en los que no se ve a nadie más. Tres personajes que huyen de algo que nunca acaba de concretarse, aunque quizá sean refugiados que escapan de una guerra. La virginidad nada inocente del cine mudo de los primeros tiempos ligada al cine experimental de vanguardia. Un relato sin relato. Un filme absolutamente cinético y en duermevela. El título atañe a la revelación de los sentimientos tanto como al proceso de revelado del negativo cinematográfico. El vientre materno es el laboratorio de donde surgen las imágenes. El nacimiento de todas las cosas: del cine, del amor, del hijo, del sufrimiento. ¿Cómo ponerle música a algo abstracto que fue concebido de forma deliberada sin sonidos, palabras y notas musicales? Garrel no los necesitó, pero la opción de Csiszér y Moumneh es muy válida. Garrel escupió su relato con la luz y los dos músicos lo hacen con sonidos entretejidos entre la calma que precede a la tempestad y la melodía que es anulada por el ruido.

Son ocho cortes, 42 minutos en total, 20 menos que en el metraje del filme, ideados inicialmente para la experiencia de la película-concierto. Csizér y Moumneh acompañaron por primera vez en directo una proyección de “Le révélateur” en 2023. Dos años después entraron en un estudio para pulir las músicas que habían improvisado en aquella primera actuación y en los siguientes conciertos con el filme de Garrel. A partir de la quinta pieza (los temas carecen de título), Csizér emplea la voz como una sosegada letanía que conecta maravillosamente bien con las escenas de calma de la película, las del recogimiento antes que la revelación, o con la forma de un spoken word que dialoga con esas imágenes somnolientas, acompañada por un violonchelo flotante y las tres cuerdas del rebab árabe. En los anteriores cortes, la voz está diseñada como un instrumento más. El tándem ha capturado bien el espíritu de Garrel, el del filme que transmite una experiencia narrativa, una historia, sin un argumento preciso. La cadencia natural del ambient minimalista entre oscuro, etéreo y acuoso (las tres sensaciones conviven en el tema seis) se empareja con el tratamiento de la luz y la textura arcaica de las imágenes; se disuelve en ellas, lo que es un acierto en una música que, estando presente, busca también cierta invisibilidad. Es una película construida sobre la quietud y el desplazamiento de los cuerpos, y esta banda sonora diseñada “desde fuera” de la percepción garreliana invita a las dos ideas, el reposo y el movimiento. Prefiero “Le révélateur” como fue concebida originalmente, tan cruda y magnética, pero los tratamientos electrónicos y las voces, a veces enraizadas con el folclore de la Europa Oriental –tercer tema–, casi siempre lejanos, como si procedieran del corazón de ese bosque que rodea la casa de los protagonistas –el séptimo corte es un buen ejemplo–, o con la extraña suavidad melódica de unas trompas sobre un colchón de sintetizadores –el octavo–, le confieren algo así como una atractiva vida paralela.

El sello Thrill Jockey publicó en 2016 el disco de Mary Lattimore (arpa) y Jeff Zeigler (sintetizadores) “Music Inspired By Philippe Garrel’s Le révélateur”, un acercamiento complementario en la forma de entender las atmósferas musicales para un filme mudo hecho en los tiempos del sonoro. ∎

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