En el pop siempre ha habido dos bandos, quienes sostienen que las letras no son esenciales y los que aguzan el oído para entenderlas. Está claro que no es lo mismo escuchar el lenguaje poético de los Smiths que el inventado de Wim Mertens. También que los resultados son a menudo híbridos y paradójicos. Por ejemplo, mientras algunos tratan por aquí de ampliar el mercado cantando en inglés y tal vez pensando que alguien va a entender lo que dicen, otros prefieren hacerlo en su lengua vernácula priorizando la expresión natural. Clara Viñals, dueña y señora compositora de Renaldo & Clara –le ayuda en la ejecución y producción el multinstrumentista Hugo Alarcón–, emplea el catalán leridano y un símbolo asociado al inglés, el ampersand, pero que viene del latín por unión de las dos letras de “et”.
“L’encant” es el quinto álbum de Renaldo & Clara, tercero para Primavera Labels, sello donde el proyecto empezó a introducir en su sonido, sin perder de ningún modo la ascendencia pop, los colores de la electrónica. Es verdad que la suya aparece engarzada con los instrumentos tradicionales de esa forma que llaman orgánica. El uso de teclados analógicos como el Omnichord –suena en clásicos como “This Is The Day” (1983), de The The– ayuda a tener esa percepción. También nos parece escuchar un melotrón progresivo que Renaldo & Clara voltean con delicadeza gracias también al estilo interpretativo de la cantante, aún más suavizado si cabe y muy japonés. Pensamos en Kahimi Karie, un poco en Cristina Quesada y en cierto pop donostiarra.
Su antepenúltimo trabajo, “L’amor fa calor” (2020), sexto puesto entre los mejores álbumes nacionales de aquel año para Rockdelux, así como el siguiente, “La boca aigua” (2023), tenían un sonido más rítmico y abiertamente pop, menos sensualizado que “L’encant”. Dado que Viñals cogió su nombre artístico de “Renaldo And Clara” (1975), una película dirigida y protagonizada por Bob Dylan, nos permitimos usar otra imagen cinematográfica como “El desencanto (1976), de Jaime de Armiñán, para confirmar que lo nuevo de la leridana está en las antípodas de ese filme y que se distancia también de sus discos anteriores bajando el volumen, afinando las hechuras y adoptando derroteros cercanos a nouvelle vague, solo que sus nueve miniaturas –la más larga supera apenas los tres minutos– son enteramente propias.
Temas sobre la fascinación del amor y sus avatares –sexo, celos FOMO, rupturas, los vaivenes de la atracción–, a menudo con algo afilado entre los dientes, para bien –“Loteria”– y para mal –“M’hauria agradat”–, como la espacial y muy Bacharach “Tan brillant” –“Tan brillant como l’asfat l’estiu se’n va volant”–, la rapeada “Tinc paraules”, el pop satinado de “Quines coses de mi” o la más contemporánea aunque remita a los años noventa “Repartit”. El disco empieza con el clasicismo pop de “Amb tu podria estar” y termina con la burlona “Una moneda”, cuya producción parecería de Hidrogenesse –suya fue la de “Encaix”, un tema del anterior disco–, si no estuviera en el actual a cargo de Viñals, Alarcón y Adrià Domènech alias InnerCut. Fuera de las modas, alérgico al lenguaje metafórico, autocrítico y sensitivo, entre lo acústico y lo sintético –definitivamente más de lo primero–, detallista, atmosférico y exquisitamente realizado, melancólico, intimista y terrenal como no podía ser de otra forma viniendo de esta profesora de Historia en la “vida real”, “L’encant” cumple, en efecto, lo que promete. ∎