Álbum

Revinientes

Nosotros queremos realizar el arte y destruirlo al mismo tiempoAutoeditado, 2023

Vuelven Revinientes tres años después de haber publicado lo que ellos consideran la primera fase de su proyecto sonoro. El dúo conformado por Pilar Rubí y el afamado azote literario posmodernista de nuestra generación Agustín Fernández Mallo sigue indagando en las líneas invisibles que fluctúan entre la heterodoxia pop y la causalidad narrativa. A partir de esta pauta, surge “La tragedia del monstruo”, que suena como una mutación malsana de Le Mans, la cual aderezan con un violento crisol de disonancias eléctricas.

Por su parte, “Krautrock” es una muestra de pop tenso burroughsiano. Imágenes y sonoridades tremendamente estimulantes a nivel musical, pero que abruman en su dimensión lírica. La excusa lo-fi no es el aval buscado para poder justificar un entramado vocal que queda lejos de poder enamorar desde la afectación neutra de referentes en la sombra como Décima Víctima o Young Marble Giants, a quienes, con gran honestidad, citan en la descripción de este disco.

Tampoco se intuye ninguna intención por evitar el feísmo destilado en la lírica de cada una de estas siete piezas, que apela a la numeración mágica que Franco Battiato utilizó en sus discos más célebres de los primeros años ochenta. Ni mucho menos: estamos ante un acto musical que busca violentar al oyente. Un intento por ahondar en la necesidad de desbaratar los significantes de lo que entendemos como pop de consumo. Desde esta barricada, surgen milagros como la profundamente emocionante “Regreso a Hanging Rock”, la cual traslada los fantasmas del clásico filme de Peter Weir a una descarnada dimensión pop sci-fi.

A continuación, “Corazón de hojalata” podría ser una versión en clave popema de Esclarecidos. Y quizá esta sea otra de las claves de este proyecto, el concepto “popema”, término que brota del maná creativo del tercer LP de Nosoträsh.

Porque, cómo no, otro de los puntos fuertes es el aspecto narrativo, que ahonda en una poética que abraza tanto la literatura gótica como la esencia beatnik más cruda, entre otros alardes de posmodernismo consecuente con las intenciones creativas de un artilugio que bebe de la ortodoxia post-punk más extremista y de la tradición punk neopsicodélica de los años ochenta. Música de condición altamente visual, encuadrada en pequeñas maravillas como “La balada del único ser con dos ojos”. O lo que es lo mismo, el punto álgido de este ser tan extraño como reconocible por las aristas de ese pasado/futuro que son los años 1978-1981, y que también sirve de abono creativo para cerrar el disco con “Les revenants”, otra muestra inequívoca de lo que ellos mismos señalan en el lema Nosotros queremos realizar el arte y destruirlo al mismo tiempo”, más que apropiado título para este álbum y también uno de los cortes que conforman tan nutritiva declaración de principios. ∎

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