Álbum

Shearwater

The New WorldPolyborus, 2026

Nunca le hemos hecho demasiado caso a Jonathan Meiburg y sus Shearwater. Empleo el plural mayestático porque, mientras intento dilucidar si es verdad que este es el mejor de sus once discos publicados desde que se desgajó de la primera formación de Okkervil River, caigo en la cuenta de que me sería muy difícil conocer a alguien que los haya catado todos. Yo tampoco: seguí siempre su carrera de forma intermitente, prestando atención a The Golden Archipelago” (2010) o Jet Plane And Oxbow” (2016) sin apenas enterarme de que, tanto antes como después, continuó desvelando nuevas colecciones de canciones, tanto en Matador como en Sub Pop, sellos cuyo pedigrí no realzó su eco mediático ni popular. Escasas críticas, precario eco en redes sociales y magra presencia en las agendas de directo. Pero si hay algún disco capaz de revelárnoslo como un underdog de mucha categoría, como uno de los grandes tapados del pop o del rock (por llamarlo de algún modo) independiente norteamericano de las últimas dos décadas, es este “The New World“. Y no solo por la vistosa y abultada nómina de implicados: Leo Abrahams (quien también coproduce), Laurie Anderson y Shahzad Ismaily entre ellos.

Como si fuera un cruce entre la americana que se impregna de la narrativa del gótico sureño (siempre me acuerdo de los 16 Horsepower de David Eugene Edwards, también por esa voz cavernosa) y las exploraciones post-pop de los Talk Talk crepusculares, los Shearwater de 2026 son un producto perfectamente acabado y definido, capaz de generar un acentuado poder de subyugación. A poco que le prestes atención, este disco hipnotiza. Se nota que Meiburg es biólogo (no es la primera vez que escribe sobre cuestiones medioambientales o de preservación de la naturaleza) y que le gusta hacer las cosas a conciencia: esto lo ha grabado, tras una expedición crucial a la Antártida, durante cuatro años y en tres localidades, entre Londres, Berlín y Texas, aunque parte del trabajo se remató en el estudio de Shahzad Ismaily (a quien pudimos ver por aquí tocando el bajo en la última gira hispana de Marc Ribot) en Brooklyn. Saxofones, flautas, clarinetes, congas y chelo complementan sobradamente la que sería sonoridad básica de una formación de bajo, guitarra y batería. Hay mucho cuerpo, mucha profundidad de campo en este sonido.

En “More And More”, Meiburg filtra los espectros del blues como un crooner en la onda de un Nick Cave contenido, algo de por sí complicado. Otro ilustre, como es su amigo Jamie Stewart (Xiu Xiu), toca el gong en la imponente “Daydream Unbeliever”, cuya grandilocuencia, que no suena impostada, es redondeada por las cuerdas de la London Orchestrate. Hay ecos evidentes de Bowie en “Slugs In The Marigolds”, e incluso nos podría recordar al mejor Perry Blake en “Anamnesia” o a un Tom Waits en versión pulcra en la traqueteante “A Mink In The Dusk”. Pero lo más impresionante son los cuatro minutos y medio in crescendo de “The Only Sound I’m Afraid Of” y la guinda final de contar con la inconfundible voz de Laurie Anderson en uno de sus proverbiales spoken word para la cinemática y espectral “You And Your Dog”, fascinante reflexión sobre la pérdida de contacto real y sensible no solo con nuestros seres queridos, sino con el planeta que nos acoge y al que tanto maltratamos. Estamos ante un disco importante, tanto por lo que nos dice como por la forma de hacerlo. ∎

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