El armazón armónico, modos e instrumentos de las músicas orientales han representado un recurso infalible para muchos artistas más –George Harrison, Peter Gabriel– o menos –Terry Riley, La Monte Young– vinculados al rock que en un momento dado han querido diversificar bien su oferta sabiendo rodearse de los colaboradores idóneos. Un ejemplo reciente es Jonny Greenwood, el prolífico multinstrumentista de Radiohead y The Smile –además de autor de un álbum junto con Dudu Tassa, “Jarak Qaribak” (2023)–, que aquí colabora con el neoyorquino Shye Ben Tzur, un interesante compositor especializado en música sufí, afincado en Jafa tras vivir muchos años en la India, fundador también del potente combo de folk The Rajasthan Express integrado por una serie de percusionistas, vocalistas de qawwali y músicos de viento que remiten al jazz etíope de los años cincuenta.
Con ellos publicó previamente “Junun” (2015), un disco doble grabado en el imponente castillo de Mehrangarh –que en sánscrito significa “fuerte del sol”–, situado precisamente en el estado de Rajastán. Producido esta vez por Sam Petts-Davies, “Ranjha” diverge en significado –“amor incondicional” en punjabi, frente a la “pasión” de “junun”– y en haber sido registrado en el estudio que tiene el inglés en Oxford con todo el esfuerzo logístico que conlleva concitar a los 21 músicos intervinientes. Once años han pasado desde entonces con una pandemia por medio que retrasó aún más el rencuentro, y once son los cortes que integran el nuevo disco, todos con música de Shye Ben Tzur. Grabaciones que ganan en calidad a costa de la rugosidad, no necesariamente autenticidad, que desprendían los estudios improvisados en aquella fortaleza del siglo XV.
Además de desaparecer las voces femeninas, no abundan tanto en “Ranjha” temas extensos con la torrencialidad extática de “Hu”, otros impresionistas como “Kalandar” –aunque la mística “Shipwa (Reprise)” podría competir brevemente con ella– o la gimnasia sufí de “Eloha”. A cambio, contamos con la misteriosa “Shemesh”, que significa “sol” en hebreo, una pieza basada en la raga todi del norte de la India que concita el abigarrado espíritu colaborativo de un álbum donde, además de trompetas con sordina (Aamir Bhiyani) e instrumentos de percusión como el nagara (Nathu Lal Solanki) o el dholak (Khan Ajmeri), también suenan violines carnáticos (Jyotsna Srikanth), un esraj también tañido con arco (Kirpal Singh Panesar) o los más contemporáneos sintetizadores y guitarras eléctricas. Una buena muestra es “Marbolot” al combinar flautas con una psicodélica cibertecno que no disgustaría a creadores como James Holden.
La interculturalidad es una intención evidente en “Ranjha”, lo dífícil es hacerlo sin que resulte excesivamente folclórica ni que la llamada vanguardia tecnológica occidental colonice el clasicismo secular predominante de Shye Ben Tzur y The Rajasthan Express. “Shipwa” es uno de los cortes que muestra más abiertamente ese equilibrio abriendo a lo Charanjit Signh –cuyo “Synthesizing. Ten Ragas To a Disco Beat” (1982) va a ser próximamente reeditado por Light In The Attic–, dando paso a una mixtura de guitarras eléctricas, vientos, tambores y coros con la intensidad de la banda sonora de James Bernard para “Los estranguladores de Bombay” (Terence Fisher, 1959), pero no, son los muy benignos del Rajasthan Express quienes cantan.
La arabizante “Ishq-e-Manjun” construye una cadencia envolvente de tipo trip hop bajo arreglo de flauta hasta que entra la voz de Shye Ben Tzur, el resto del coro y esos vientos jazzísticos que suspenden toda categorización. La melódica “Saqi” incorpora al final de sus cantos un sorprendente arreglo de corneta fronteriza –ya lo hacía “Junun Brass” en el álbum anterior–, mientras que “Aviv” echa mano de algo parecido a un vocoder con insistente ritmo krautrock a lo Neu! y violín. En “Mustt” reaparece, accionado por Zakir Ali Qawwal, el armonio característico de la música devocional qawwali, de origen sufí, junto a un bajo eléctrico orgánicamente integrado, y en la final “Sharminda”, Shye Ben Tzur canta como Pandit Pran Nath en modo kirana gharana sobre una base de órgano cenobial digno de Eyeless In Gaza que deriva en algo celebratorio, la auténtica entraña de “Ranjha” –grande también su tema homónimo, muy africano–, un álbum valiente, sincrético y gozoso que da voz a unos músicos de los cuales no sabríamos absolutamente nada de no ser por la marca Greenwood, y en cuyo vídeo de presentación reza al principio algo así como: “Oh, hermano que andas perdido, has de saber que este paisaje es solo una parada, que en tu intención yace la dirección de este viaje sin mapa, y que el sendero es el destino”. ∎