Álbum

Slikback

AttritionPlanet Mu, 2025

Acostumbrado a vivir en la carretera, a componer siempre en movimiento y sin ritmos prestablecidos, y a publicar del mismo modo, con la espontaneidad que le permiten su amplio rango estilístico –más que un género podríamos decir que lo que hace el DJ y productor keniata es contribuir a la paulatina deconstrucción que estos han sufrido a lo largo de la última década, aunque en su caso más bien podríamos hablar directamente de destrucción– y el hecho de tener su propio sello, Hakuna Kulala, que utilizara para debutar en 2018, Slikback ha hecho del caos su propia regla. Pero mudarse a Polonia hace tres años y una espera casi eterna para conseguir visa de viaje cambiaron por un momento las cosas radicalmente para él: por primera vez en su carrera, estaba obligado a estar parado y con tiempo libre para poder organizarse. Y sin la necesidad de recurrir a los salvavidas de Hakuna Kulala ni Bandcamp, que le han permitido marcarse sus propios ritmos cuando buscaba inmediatez, y pudiendo adaptarse también a calendarios más industriales, decidió hacer algo que no había hecho consistentemente nunca: ponerse al servicio de un sello discográfico. Sí, antes había publicado “Slip B” (2019), un trabajo a medias con la productora china Hyph11e, en el sello de esta, SVBKVLT, clave para entender la escena deconstructed club asiática y la idea de hard drum que comparten ambos productores con otros como 33EMYBW. También un 7’’ más tipo boutique en Byrds Out –“Quoios” / “Klout” (2021)–. Pero el maxi “Data”, lanzado en enero con Tempa, dejaba ver una aproximación más “ordenada”, conceptualizada, “nueva” para él, a la deconstrucción club.

Esta misma idea adquiere forma completa en “Attrition”: durante la espera por la visa, el productor estuvo trabajando mano a mano con Planet Mu para hacer un disco que supondría su debut largo en la reputada plataforma, y el resultado es quizá no lo mejor que Slikback ha publicado hasta la fecha, pero sí lo que mejor condensa y ordena sus ideas musicales. Una presentación perfecta de sus inquietudes y de sus ambiciones. Tomando ritmos de una amplia gama de tradiciones locales de todo el globo, aplicándoles su habitual filtro distópico y maquinal, sometiéndolos a las implacables presiones del epicentro de motores hidráulicos y aportándoles un diseño sonoro extremo de videojuego y ciencia ficción, el productor de Nairobi entrega en “Attrition” algo muy cercano a su percepción de lo que es el club: un espacio corrupto en el que el peligro acecha en cada esquina, pero también una metáfora acelerada del mismo mundo en el que se ubica; su visión y su vivencia nos avisan del futuro al que podemos estar abocados si no nos planteamos nuestra forma de relacionarnos con la tecnología, con el sistema y con el impacto que ambas tienen en la sociedad.

La destrucción, lo extremo y lo industrial, por tanto, son constantes en todo el largo, del mismo modo que los nombres de varios temas –y del propio álbum: “attrition” podría traducirse como “desgaste”– remiten a ese contexto tecnoindustrial: “Knot”, “nudo”, como los nudos de distribución de materiales y recursos del videojuego “Death Stranding”; “Sheltered”, algo así como “acorazado”; “Fracture”, “fractura”... En muchos momentos “Attrition” efectivamente se siente como estar en las entrañas de las turbinas de una fábrica de mechas. Es una tónica expresionista y maximalista que sienta ya “Knot” con su trituradora de sintetizadores láser, y que llega al punto de la tortura auditiva en “Trars”, la más destacada del trayecto y a nivel sonoro la más destructivista, puro hard noise que, entre helicópteros y brazos mecánicos, demuestra una agresividad nada extraña para un productor que realmente viene de las áres más oscuras e implacables del techno industrial; al final termina mutando a una especie de trap siniestro que acojona de verdad.

Estas mutaciones también van a ser, como en la carrera de Slikback, parte fundamental de “Attrition”. “Guerrilla”, por ejemplo, hace colisionar –pero literalmente: uno hasta escucha las esquirlas resultantes del choque– riddim, EDM, dubstep y neurofunk en una especie de cámara de los horrores sónica, y aún más allá en este sentido va “Taped”, hard jungle ciberpunk del más alto nivel que parece circular por las venas como un virus digital que sobredimensiona todas tus capacidades. En “Sekli” una amalgama de deconstructed club y de bombos gabber se percibe como un complejo entramado IDM. Y toda “Spend” es en sí misma una increíble sucesión de mutaciones: arranca rollo electro, pero su armazón rítmico es una gozada, puro hard drum y dubstep diluido, mientras los sintes viajan de un dancehall esquizofrénico hasta ponerse en plan deep house. Luego todo se desquicia en serio, mezclando ambient, IDM y neurofunk con pura deconstrucción maquinística y breaks trap horrorcore, rozando por momentos el beat bruxaria más experimental y el gqom afrofuturista de una Nairobi convertida en imperio tecnológico.

Y sin embargo la idea de viaje está siempre ahí, una especie de hilo conductor que le da unidad al disco más allá de un drop painting radical de ritmos brutales, enlazando las canciones y convirtiendo la escucha en algo sorprendentemente unificado dentro de tanto caos e intensidad percusiva. No es casualidad que “Attrition” empiece en “Snow” con hipnótica profundidad introductoria, marcando una tónica narrativa cinematográfica y futurista con influencias de la música de videojuegos y plenitud de distorsiones y asfixiantes fx, ni tampoco que “Sheltered” opte por la metralleta rítmica y el bombardeo maximalista sin dejar de ser, al menos en espíritu, un techno introspectivo y cerebral. Se nota el debate interno entre contar y avasallar, y de eso va un poco “Duality”: de un lado juega al trance apocalíptico de Evian Christ y lo funde con una base de breaks progresivos, pero también lo inserta entre aullidos de ruido blanco y voces digitales; en su segunda mitad un espíritu dancehall, acaso esa dualidad entre experimento y ritmo, entre introspección e impacto inmediato, parece apropiarse del tema de un modo pagano, casi demoníaco, y la ascensión final se convierte en una preciosa cacofonía que es como una lluvia purificadora. Un abrupto cambio, sin mezcla alguna, conduce semejante apoteosis industrial hacia la calma ambient abrasiva, ese mundo erosionado que queda tras el diluvio ácido, de “Semblance Of Composure”: hay euforia, sin embargo, una brizna de humanidad resistente, en su construcción de un yermo inhabitable. Una metáfora que bien serviría para definir la aportación, ya fundamental, de Slikback al acervo electrónico del club experimental reciente. ∎

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