Álbum

Stephen Pastel And Gavin Thomson

This Is Memorial DeviceGeographic-Domino, 2024

Aunque en Spotify aparece acreditado también a nombre de The Pastels, no se puede considerar este trabajo como la continuación de “Slow Summits” (2013), el último álbum hasta la fecha del grupo de Glasgow. Tampoco como una banda sonora más o menos al uso, como la que entregaron para el filme de David Mackenzie “The Last Great Wilderness” en 2003. Y, atención, tampoco como una obra menor. Es cierto que “This Is Memorial Device” tiene algo de todo eso y, al mismo tiempo, tal como dice Stephen Pastel, es como un tren que se va alejando de Glasgow y dejándolo atrás hasta llegar a Airdrie, una ciudad de 35.000 habitantes que se encuentra a 20 kms de distancia. Allí se sitúa la novela que publicó David Keenan (sí, el afamado crítico de ‘The Wire’ que acuñó los términos “New Weird America” y “Pop hipnagógico”) en 2017 (editada aquí en 2018 por Sexto Piso) y que, en forma de relato oral, narra la historia de una banda ficticia de post-punk y sonido industrial que podría haber existido allí a comienzos de los años ochenta. Posteriormente, el dramaturgo Graham Eatough la convirtió en obra teatral y, ahora, Stephen Pastel aporta una nueva banda sonora con la intención de que se convirtiera en “una tercera voz”.

Stephen compone, produce y toca casi toda la música junto a Gavin Thomson, excomponente de Findo Gask y técnico de sonido de The Pastels, aunque con contribuciones ocasionales de miembros de la banda. Las más visibles son las de Katrina Mitchell, con una voz fantasmal que no emite palabras, y Tom Crossley a la flauta en “The Most Beautiful House In Airdrie”, que es lo más parecido a una canción de The Pastels última época que se puede encontrar aquí. Eso, y una pequeña travesura titulada “We Have Sex”, recuperación remozada por Thomson de una maqueta de adolescencia de Stephen junto a su amigo John McCorkindale. Es un tema punk gamberro con reminiscencias de The Fall que suena a travesura, pero adquiere su sentido al relacionar la música del grupo ficticio protagonista con lo que Stephen McRobbie podría haber estado haciendo en aquel mismo momento en el local de ensayo contiguo.

Pero, en general, el alma mater de los Pastels y su colega Thomson se sacan a sí mismos de en medio y diseñan la música poniéndola al servicio de la historia. Para mostrar fidelidad a la estructura del relato, predomina el spoken word, reproducido a través de los monólogos de los actores en la propia obra teatral (¡qué delicia la dicción, con ese acento tan escocés, del gran Paul Higgins!). Y, tal vez más sorprendentemente, no intentan reproducir lo que habría sido el sonido de Memorial Device –aunque sí haya unos breves pasajes industriales–, sino que construyen su propia atmósfera. Sonidos eminentemente orgánicos para acompañar a las palabras y cargarlas de mayor emoción, con un aire evocador que las hace flotar como en la nebulosa del recuerdo. Por todo esto es por lo que decía que no nos encontramos ante una obra menor, sino ante un artefacto con vida propia que, más allá de la curiosidad, vale la pena ser escuchado por todas aquellas personas que amaron a The Pastels alguna vez en su vida. ∎

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