Sunny War arranca. Un rasgueo y ya estás dentro. Algunas voces son cálidas, agradables, te suenan bien. De hecho, pareciera que cada año la industria musical redescubriera la guitarra acústica, pero pocas veces te arrastrara a las profundidades. Ya la vimos en su gira por España en 2023, impactando a quemarropa por el silencio de confesionario casi sepulcral que se originó a su costa, con su fingerpicking de blues y esa intensidad que parecía abrirse paso entre las sombras del punk.
Esta temporada tocaba estar alerta a cualquier cosa que quisiera venir a contarnos. De los días arrancando blues en Venice Beach a compartir escenario con Bonnie Raitt y Mitski, la cosa es que la trayectoria de Sunny nos ha hecho estremecer. Si en “Anarchist Gospel” (2023) se asomaba al abismo con su crudeza acústica y raíces folk, ahora, con “Armageddon In A Summer Dress”, cambia el cuchillo acústico por una eléctrica afilada. La diferencia ya no está en el filo, sino en cómo lo hunde, pero no ha cambiado en absoluto nuestra adoración por la de Tennessee: Sydney Lyndella Ward, la artista itinerante que iniciara su camino artístico con lecciones gratuitas de guitarra para niños en un parque comunitario cercano a su hogar.
Las colaboraciones son el primer gancho. Empieza a ser un poco de postureo esto de regocijarte en otros artistas en cada entrega, como si no fuera suficiente siempre todo en todas partes, pero hay química pura, o al menos suena como para que nos lo creamos. Puedes irte al Newport Festival o pararte a descansar en este disco. Steve Ignorant, leyenda punk de Crass, suelta líneas en “Walking Contradiction” repartiendo verdades incómodas que entran en bucle con “It’s simply users and abusers, us and them, peace and war / Ain’t it funny how you don’t see them as people anymore?”. Ella interviene con esa voz de whisky sin hielo, y juntos logran un dueto que suena a charla de madrugada en una gasolinera de carretera.
Valerie June aparece en “Cry Baby”, acariciando la melodía con un toque de góspel polvoriento, mientras que John Doe y Tré Burt –otro que ya empieza a ser imprescindible en sus visitas por España– le añaden ese sabor a viaje sin cameos y con cómplices de ruta. El pedal steel atraviesa las notas de “Scornful Heart” junto a Tré Burt, mientras en “Gone Again” con John Doe planea la sombra de un matrimonio desgastado con un órgano insistente y pegadizo que incide en ello.
El arranque inesperado con “One Way Train” te agarra del cuello, un ritmo casi maníaco, como si la Patti Smith más eléctrica y Debbie Harry hubieran conspirado en un club neoyorquiino a las tres de la mañana. Luego viene “Bad Times”, con un órgano que suena a feria decadente y versos que retratan la precariedad con una mezcla de rabia y resignación. Pero no todo es gris. “Rise” mete un rayo de sol entre las grietas, con un aire soul que invita a levantarte incluso cuando la resaca emocional del club neoyorquino pesa como plomo.
Y luego está “Ghosts”, algo más macabra y nacida de aquellas noches en la casa de su padre, donde los fantasmas resultaron ser fugas de gas. Vibráfonos y órganos nos envuelven en un trance casi espectral, mientras la guitarra llora a lo Robert Johnson. En “No One Calls Me Baby”, Sunny destila un sonido también tenebroso, pero con la soledad sureña brotándole por todos los poros. Y cuando llega “Lay Your Body”, la temperatura sube y nos encontramos ante un blues nocturno y sudoroso que pide luces bajas y promesas rotas.
La portada merece su momento. Un vestido de verano flotando bajo un cielo azul y un conjunto de flamencos, entre los que destaca uno negro, con la belleza y el caos en equilibrio precario, igual que el álbum. La firma es de la pintora Adrienne Brown-David.
Con “Armageddon In A Summer Dress”, Sunny War no pide permiso. Su guitarra suena más grande, su voz más profunda y sus letras más afiladas. Y lo mejor es que, cuando termina, solo quieres volver a darle al play. De estas afinaciones no te quieres mover, que es otra forma de decir que nos gusta, y mucho, este trabajo. Esperamos verla pronto. ∎