Siempre llevando la contraria, Tano! han celebrado su décimo aniversario publicando con nocturnidad y alevosía su cuarto largo, “Danses a la discòrdia”. Lanzamiento sin previo aviso para mantener la pureza, magia, casi inocencia, que se obtiene alejándose del ruido de las redes sociales y resto de mecanismos del FOMO.
Oskar Garcia y Víctor Pelusa, guitarra y batería respectivamente de este dúo gerundense (además de irredentos agitadores del avispero cultural underground metidos en mil y un fregados), querían cogernos con el pie cambiado. Lo han conseguido. Un regalo inesperado que, justamente por ser imprevisto y espontáneo, eleva su goce al cubo: cuando no hay sencillos de adelanto, cuando se desconoce cualquier detalle relacionado con la grabación (a mí, sinceramente, me importa poco saber que lo han grabado en los estudios Cal Pau y Santa Pau, y que lo haya mezclado J. Robbins), cuando no has visto previamente la portada… el impacto del presente se triplica. Es como en las peleas, el que pega primero suele ganar. Tano! me han noqueado con sus doce canciones nuevas encapsuladas en escasos veinte minutejos. De hecho, me han asfixiado.
Me gusta correr. Pero, sobre todo, me gusta correr escuchando música. Marcar el tiempo a partir del ritmo. Difuminar el continente que me rodea y centrarme, entre ido e hipnotizado, en el contenido de lo que escucho: las estructuras, las melodías, los arreglos, las letras… Con “Danses a la discòrdia” he pulverizado todas mis marcas. Eso sí, he tardado una semana en recuperarme. He sufrido agujetas en partes del cuerpo que no sabía ni que existían. Ayer volví a salir tentado de, por aquella machirulada de la autosuperación, reproducir de nuevo el largo sorpresa de este monstruo bicéfalo. Acabé escuchando el “Future Quiet” de Moby. No siempre hay que darle alegría al cuerpo, Macarena.
Ahora aprieta el “play” y no te asustes cuando empiece a sonar “El cel es podreix”, perdigonazo screamo de 29 segundos con dos versos que son toda una declaración de principios: “Nou ordre mundial. Un altre crim ancestral. El profeta ara és un dron i porta el teu nom. El sol es podreix quan la raó es rendeix” (“Nuevo orden mundial. Otro crimen ancestral. El profeta ahora es un dron y lleva tu nombre. El sol se pudre cuando la razón se rinde”). Violencia sónica y poética comprometida (escupitajos contra la crisis de la vivienda y la irrupción e implantación en nuestro día a día de la inteligencia artificial son temas, entre otros, que afloran reiterativamente en sus letras) se repiten a lo largo de un disco que explora casi todos los palos habidos desde la orilla del hardcore punk.
Porque Tano! son un grupo de punk, pero un grupo de punk a su manera. Dos tipos que del ruido hacen una ecuación matemática con resultados imposibles. Suma de factores: screamo, math, hardcore e incluso devaneos con el thrash y el metal progresivo (ese ir y venir por el mástil de la guitarra de la instrumental “Tano Turner”) que siempre acaban por entregarnos un producto que nos altera. Desde NOFX a Unsane, de Converge a Refused, de Deafheaven a Touché Amoré, estos bailarines de la discordia son todos tus anarcoterroristas sonoros favoritos en uno, siendo exclusivamente ellos. Esto es una bomba y te va a explotar la cabeza. ∎