Hay una frase que abre y otra que cierra “O cuarto” y que resumen toda la arquitectura emocional del disco. En “na noite”, primer corte, Aida Tarrío, Olaia y Sabela Maneiro cantan que en su pecho ya no crecen flores. En “todo amaina”, el cierre, ese mismo pecho se ha convertido en un jardín tras la noche. Entremedias, once canciones y treinta minutos que son el disco más honesto, más despojado y, sin trampa ni cartón, el mejor que han hecho.
El título se explica solo: “O cuarto” significa habitación en gallego pero es también el cuarto disco de estudio del trío, y los dos significados conviven sin estorbarse. Cuatro años después de “Diluvio” (2022), aquel aluvión de himnosidad que llegó en el momento justo del Benidorm Fest y la exposición masiva, Tanxugueiras vuelven con un disco que hace exactamente lo contrario: recogerse, bajar la voz, quitarse capas. El parón fue asimilación. Tenían demasiado material vital pendiente de procesar como para ponerse a fabricar otra vez canciones con vocación de estadio.
Lo primero que se nota es la textura. La producción abandona el volumen y la épica sobredimensionada de su etapa más visible para apostar por algo más orgánico, más cercano al folklore desnudo del que vinieron. Las pandeiretas siguen ahí, pero ahora funcionan como esqueleto y no como pirotecnia. La única colaboración del disco son las pandereteiras AdeLina, lo que sitúa con precisión la dirección elegida: reforzar la tradición desde dentro, sin alianzas estratégicas hacia fuera.
El manejo del cancionero popular gallego es donde el disco se pone más interesante. En “chorar, chorei” y en “mentres brille” reinterpretan melodías del acervo colectivo con una naturalidad que solo tienen quienes llevan con ese material desde la infancia. El “Ven bailar, Carmiña” que aparece en “mentres brille” suena a algo vivo. Muchos proyectos de fusión folklórica caen en la estetización vacía del material que invocan; Tanxugueiras llevan demasiado tiempo dentro como para cometer ese error.
Tres canciones merecen parada. “non calan”, favorita de Sabela, tiene esa calidad de declaración silenciosa que no necesita gritar para que se escuche. “conmigo” apuesta por la desnudez melódica de forma casi arriesgada en un grupo que podría vivir de réditos de su pasado más grandilocuente. Y “eaea” demuestra que siguen siendo capaces de hacer de la voz un instrumento de percusión, lo más difícil y lo que más las distingue de cualquier otro proyecto de folk contemporáneo en lengua cooficial.
Todo esto tiene también una lectura política de baja intensidad. Que en 2026 un grupo que llena el Coliseum de A Coruña y toca en WOMAD grabe íntegramente en gallego no es folclorismo ni patrimonio cultural en conserva: es una decisión con consecuencias reales. Tanxugueiras han convertido cantar en gallego desde la pandeireta en una operación de mercado sostenible en el circuito generalista. Lo han hecho sin hacer ruido al respecto, que es la única manera de que dure.
Treinta minutos. Los suficientes. ∎