Álbum

Tanya Tagaq

SaputjijiSix Shooter, 2026

Tanya Tagaq (Ikaluktutiak, 1975) es una artista, compositora, cantante y activista climática de nacionalidad canadiense y origen étnico inuit (una de las dos etnias, junto con los yupik, que forman el pueblo esquimal), y se ha erigido en voz radical de su pueblo y sus tierras. Desde hace algo más de veinte años, Tagaq ha promovido el arte del canto katajjaq o canto gutural inuit –uno de los cantos difónicos de origen asiático, mongol y tibetano– al tiempo que ha revolucionado e inspirado tanto el mundo de la música pop como el de la música clásica a través de colaboraciones con Björk, el Kronos Quartet, Paola Prestini y otros.

Aunque su madre nació y creció en un iglú hasta los 12 años, Tagaq es de otra época y se ha criado con el heavy metal de Motörhead y AC/DC, el punk de los Clash de “Sandinista!” (1980) y los Misfits y, sobre todo, los Pixies… así que no metamos a “Saputjiji”, su sexto álbum (más un disco de remezclas; el tercero, de 2014, “Animism” fue galardonado con el Polaris Music Prize ), en el saco de la world music. Veámoslo, eso sí, como un paso más de su activismo social y cultural: en la portada del LP vemos un oso blanco erguido sobre sus patas traseras, detrás de un campo de amapolas y, más atrás, se aprecia la silueta de un helicóptero. Está hablando claramente de un mundo devastado por el hombre blanco y sus fuerzas militares, y no se anda con rodeos: en el tema de apertura, “Fuck War”, no se dicen más frases que esa, acompañadas de sus propios aullidos guturales sin sentido. Es, con diferencia, el tema más directo e intenso del álbum y nos sitúa en el estado de emergencia y frustración que quiere transmitirnos. En “Foxtrot”, el tercero de los temas, en el que participa Damian Abraham de Fucked Up, no baja el pistón: la letra emplea el lenguaje del código OACI de la navegación aérea –“Foxtrot, Uniform, Charlie, Kilo, Yankee, Oscar, Uniform”… es decir, “Fuck You”–… Desde luego, no parece la Tagaq una cantante de world music, sino una versión de la mala hostia que se gastan Lydia Lunch o Moor Mother sobre una base de rock industrial en apenas un minuto y medio de duración.

La nota dominante en la obra de Tagaq ha sido siempre –salvo en “Toothsayer” (S2019)– una rabiosa ferocidad, pero las sucesivas escuchas de “Saputjiji” hacen que este disco parezca aún más apocalíptico y furioso. Incluso en los momentos en los que, aparentemente, juega con la calma, como es el caso de “When They Call” o “Bohica”, aflora siempre una sensación de violencia subterránea contenida. Estas es, sobre todo, evidente, en “Exit Wound”, un tema musicalmente melancólico en el que la letra tampoco deja lugar a dudas de su enfrentamiento a muerte contra el poder establecido: “Te fuiste, pero seguimos viviendo con la herida que dejaste. / Ese impresionante olor a quemado que desprende el arma. / El satisfactorio retroceso de una pistola. / Un pequeño tirón que te hace sentir un cosquilleo en el brazo. / Y ese .303 tan limpio y potente. / Ponme esa bala en la boca para calentarla. / Deja una bala en mi boca como sorpresa. / Me encantaría que esa bala de mi boca se disparara”. El .303 hace referencia al cartucho militar estándar en la Commonwealth desde 1889 hasta los años cincuenta del siglo pasado. Desde luego, y pese a su apariencia de balada semiambient, la bala de la que habla parece que pudiera dispararse de verdad en cualquier momento.

La última composición del disco, “Imiq”, es una pieza vocal –pero sin palabras– a dúo entre Tagaq y Celina Kalluk –otra artista y cantante gutural inuit canadiense, más joven que Tagaq, a la que esta se refiere como “su prima”, un tratamiento que entre los inuit no significa necesariamente que sean familia directa–, elaborada con un hipnótico crescendo que recuerda los experimentos vocales de Meredith Monk o Pamela Z. Una extraordinaria forma de concluir un disco absolutamente misántropo y desgarrador, en el que la furia y el dolor se alternan en enfrentarse al carácter depredador del ser humano. ∎

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