Álbum

Tashi Dorji

low clouds hang, this land is on fireDrag City, 2026

En el ecosistema de la vanguardia guitarrística actual, pocos nombres han operado con la densidad conceptual de Tashi Dorji. El guitarrista nacido en Bután y afincado en Asheville ha cimentado su carrera sobre un acercamiento técnico a la guitarra que bebía directamente del free jazz y del anarco-punk: una práctica donde el ataque y la inmediatez parecían inseparables del gesto político. Sin embargo, “low clouds hang, this land is on fire”, su nuevo álbum, propone un giro casi epistemológico. Aquí, Dorji empuña la guitarra como si fuera un instrumento de música ambient: si en trabajos previos como Stateless (2020) o we will be wherever the fires are lit (2024) exploraba la saturación mediante una guitarra acústica grabada en un cobertizo de jardín, en esta entrega se traslada al interior de su hogar, cambia a la guitarra eléctrica y, sobre todo, modifica su relación con la violencia.

Su nuevo LP es místico y paradójico. Dorji sigue hablando de conflicto (el título insiste en una tierra que arde), pero decide afrontarlo desde el reverso de lo esperable. Es decir: en lugar de redoblar la agresividad, baja el volumen. Por ello, más que un disco sobre la destrucción, “low clouds hang, this land is on fire” termina siendo un disco sobre la calma tensa que queda después, o quizá sobre la necesidad de encontrar un espacio de paz dentro del desastre.

Dorji crece en Bután rodeado de música monástica (cantos, percusión ritual, ceremonias tsechu), aunque en un primer momento la percibe como algo ligado a lo ceremonial y generacional. Más tarde, esa huella aparece de forma más explícita en proyectos como To Catch A Bird In A Net Of Wind (2020), donde el disco se abre con una invocación de carácter mahayana, o en Master Of Time (2022), junto con Susie Ibarra, vinculado directamente a la figura budista de Padmasambhava. Más que citar directamente ese imaginario para su nuevo álbum, Dorji lo incorpora en su forma de tocar: repetición, atención al timbre, desarrollo no lineal; una práctica cercana a una lógica dhármica basada en el presente, la impermanencia y la ausencia de estructura fija.

Así, esa herencia se manifiesta como una ética de la atención. A través de un pedal de volumen, Dorji suprime el impacto de la púa para dejar que la nota emerja desde el vacío, invirtiendo la física natural del instrumento. La guitarra deja de ser un objeto de percusión (de cuerda pulsada) para aproximarse a la cualidad sostenida de un órgano o de los vientos rituales del Himalaya, pero filtrada por el ruido de un amplificador que respira en una habitación. Así, en piezas como “black flag anthems”, el título sugiere una combatividad que la música decide subvertir: no hay marchas ni proclamas, sino una masa de feedback controlado y armónicos que flotan como ceniza. La distorsión aparece de forma puntual, como recordatorio de la violencia exterior, pero nunca llega a romper el espacio que el guitarrista ha construido.

La estructura del LP sigue una lógica cercana a los ragas alap de la música clásica india: una exposición lenta de tonos y resonancias que evita la tiranía del pulso. En “but go not ‘back to the sediment’ in the slime of...”, Dorji explora las cualidades escultóricas del sonido, dejando que las notas se extingan hasta que solo queda el rastro del ambiente. Hacia el final, con “storm the heavens” y el cierre “a new morning breaks”, el sonido se vuelve más luminoso, menos denso, como si tras procesar el duelo y el cansancio, la guitarra (y la guerra, la mente, el yo) encontrara la claridad. No se trata de gritar más fuerte que el sistema, sino de ser tan consciente de su propia impermanencia que el sistema no pueda absorberlo. ∎

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