Han pasado más de veinte años desde que The Cribs debutaron y “Selling A Vibe” llega tras más de cinco sin publicar disco. No regresan por la puerta grande ni parece que les haga falta buscar acomodo en ningún sitio. Se trata, más bien, de un álbum que se ensambla con naturalidad en una trayectoria extensa, irregular por momentos, aunque bastante coherente en su conjunto.
A lo largo de su historia, los hermanos Gary, Ryan y Ross Jarman han desfilado por estudios de lo más heterogéneo: Alex Kapranos en “Men’s Needs, Women’s Needs, Whatever” (2007), Nick Launay en “Ignore The Ignorant” (2009), Ric Ocasek en “For All My Sisters” (2015) o Steve Albini en “24-7 Rock Star Shit” (2017). En el camino aparecieron también nombres como Lee Ranaldo o Johnny Marr, cuyas entradas puntuales han quedado más como una nota al margen que como un verdadero punto de inflexión. Esta nueva entrega la produce Patrick Wimberly, procedente de trabajos con Solange, Lil Yachty o MGMT. Una elección que, si bien desplaza el sonido ligeramente hacia un pop más diáfano, no altera el ADN de la banda. Encontramos guitarras más despejadas, canciones bien trazadas y melodías que se fijan en el oído con rapidez.
De entre las doce pistas que componen el álbum, “A Point Too Hard To Make” aparece en el tramo inicial y orbita en torno al peso de llegar tarde a ciertas conclusiones y de cargar con decisiones, roles y expectativas que ya no encajan. El estribillo gana empuje al clavar la voz con el golpe de guitarra, dando forma a un tema pensado para ser cantado en conciertos y llevando la voz de Ryan a un registro muy exigente. En esa misma energía de directo entra “Never The Same”, una pieza que podrían firmar perfectamente The Strokes y que, al mismo tiempo, arrastra un aire algo anacrónico.
A medida que el disco avanza aparecen los momentos más logrados. “Summer Seizures” se erige en una de las cimas del álbum, con una melodía límpida y un fondo melancólico que termina por imponerse. Por su parte, “Looking For The Wrong Guy” destaca como un ejercicio de autocrítica sobre el extravío mental. Versos como “you’ve got no veins, but you’re still in pain” funcionan como fogonazos directos. Esta balada indie rock podría leerse incluso como el núcleo emocional del LP, generando una atmósfera donde el tiempo parece diluirse. En otra línea, la pista “If Our Paths Never Crossed” lleva la ligereza casi al límite, con un aire californiano que refuerza el lado más amable del conjunto.
Quizá la mayor anomalía sea “You’ll Tell Me Anything”. La irrupción de la voz operística del tenor Francisco Morales descoloca desde el primer compás. Es el pasaje más llamativo del álbum por puro atrevimiento, aunque la base rítmica mantenga el sello reconocible de los Jarman. El cierre llega con la comunitaria “Brothers Won’t Break”, un ejercicio de introspección sobre la alianza entre los tres hermanos. Los aplausos operan aquí como un elemento rítmico que refuerza la sensación de rito compartido. Ryan Jarman ha hablado en entrevistas recientes de la grave enfermedad de su pareja, del desgaste acumulado tras una larga batalla legal con su antigua gestión y discográfica y del impacto de la pandemia en paralelo. Todo eso se percibe en el disco, aunque nunca se vuelva explícito ni caiga en un tono confesional.
The Cribs nunca fueron la banda más visible de su generación, al menos no al nivel de Franz Ferdinand o Arctic Monkeys. Lo cierto es que llegaron pronto e influyeron a muchos, pero se mantuvieron en un segundo plano mientras otros crecían a mayor escala. “Selling A Vibe” asume esa posición sin asomo de dramatismo. Es una obra continuista que, quizá por ese mismo aroma a madera curtida, corre el riesgo de resultar algo fatigosa en lugar de ganar con las escuchas, salvo para quienes ya forman parte de la parroquia. Es, en definitiva, un capítulo más dentro de una carrera larga, sostenida y de una honestidad irreprochable. Un consejo: conviene no quemarlo. No es un álbum que pida volver para reajustar la escucha ni para andar descubriendo capas ocultas. Al contrario, reclama una entrega inmediata y poca paciencia. Apela más al flechazo que a la convivencia. A partir de ahí, cada cual decidirá si ese pacto le interesa, si se cumple con creces o si se queda a medio camino. Buen primer bocado, otra cosa es el guiso. ∎