Debut para el prestigioso sello canadiense Constellation de The Dwarfs Of East Agouza, supertrío integrado por Maurice Louca (Lekhfa, Elephantine, Karkhana, Nadah El Shazly y una jugosa discografía a su nombre), que se ocupa de teclados, cajas de ritmo y electrónica; Alan Bishop (Sun City Girls y cofundador del sello Sublime Frequencies) toca saxo alto, guitarra acústica y voces, y Sam Shalabi (Land Of Kush), que se encarga de la guitarra eléctrica. Su cometido es el navegar por las procelosas aguas de la improvisación, el avant-folk y la electrónica y su nombre es una jocosa combinación de enanos, para referirse a ellos mismos, y el barrio de El Cairo donde vivían cuando empezaron a tocar juntos por mera diversión.
Se dieron a conocer con “Bes” (2016), que sigue siendo su mejor trabajo, y en su quinto álbum de estudio, grabado en Berlín, “Sasquatch Landslide”, siguen imperturbables en su voluntad experimental. Y aunque hayan reducido la duración de los temas –su anterior “High Tide In The Lowlands” (2023) está compuesto de dos largas suites que superan los 20 minutos– siguen sin facilitar la definición de su música. El single de adelanto, “Neptune Anteater”, está construido sobre riffs de guitarra obsesivos y superpuestos de Shalabi, que van de la querencia medio oriental al libre albedrío punk, en los que se nota que también es un experto en el oud, que en el disco brilla por su ausencia. Otro detalle es que la percusión parece orgánica, aunque todos los ritmos son programados, y hay también un zumbido de fondo similar a un bajo, pero tampoco figura ninguno en los créditos, lo cual cabe atribuirlo a la maestría de Louca como arquitecto fundamental del sonido del grupo.
La segunda entrega previa al estreno del álbum fue “Titular”, lo más groove del lote, con un cálido y mullido fondo, que parece un órgano, sobre el que sobresalen una panoplia de guitarras de diferentes tonalidades, dejando también espacio a unas percusiones que alternan el aroma acústico con un latido industrial. Ambas piezas son una inmejorable introducción a un álbum que empieza con un “Swollen Thankless” orientado a su vertiente más de trance psicodélico, en una marejada cósmica que toca de pies en el suelo gracias a la percusión.
En “Saber Tooth Millipede” es una especie de post-rock repetitivo el que se impone, entre cabriolas guitarreras de diferentes tonos y una marejada percusiva, ejerciendo de contrapunto rítmico a la tensión convulsiva dominante, hasta que la cosa se va calmando para derivar hacia una zona más ambiental y abstracta, con leves pinceladas medio orientales, llegando a culminar entre arpegios de guitarra disonantes.
Siguen sin ofrecer asideros fáciles en “Double Mothers”, moviéndose entre una especie de lisergia sintética y la abstracción free, jazz y rock, sin olvidarse de los resquicios que nos recuerdan su origen cairota. Los diez minutos del tema más extenso, “Body To Match”, continúan jugando con sonar weird (extraño), combinando marejadas electrónicas, guitarras indómitas y graznidos de saxo, a la vez que no dejan de obviar un cierto anclaje en el avant-folk, con un exuberante mar percutivo que deviene otro de los elementos distintivos de su sonido. El cierre, con “Goldfiss Molasses”, supone el momento más calmado del álbum, aunque sin dejar de resultar extravagante por el uso distorsionado que hacen de la voz, desafiando de nuevo los límites de cualquier convención. ∎