Álbum

The The

OdysseyCinéola, 2025

Matt Johnson, que comenzó en 1982 su proyecto personal The The en los cauces de la new wave y el synthpop, y en paralelo a su participación en Marc And The Mambas, ha tenido en cuenta la composición cinematográfica básicamente por cuestiones familiares: ha escrito la música de todos los largometrajes realizados por su hermano Gerard Johnson, entre ellos los relatos criminales “Tony” (2009) e “Hiena. El infierno del crimen” (2014). No ha faltado a la cita en el último filme de Gerard, “Odyssey” (2025), otra historia criminal de ambiente distinto a las anteriores, donde primaban los asesinos en serie y los policías corruptos. Aquí se trata de los adrenalínicos avatares de una ambiciosa agente inmobiliaria arrastrada por un prestamista hasta los bajos fondos londinenses.

La música que le ofrece Johnson a su hermano no tiene nada que ver con el cine negro clásico y sus derivaciones. Es más bien una banda sonora entre cósmica y dark ambient, repleta de recovecos oscuros y una tamizada atmósfera de descenso a los infiernos urbanos. Son diecinueve piezas, la mitad de ellas de breve duración, ajustadas a repetitivos patrones de misterio y zozobra, la que experimenta la protagonista. Buenos ejemplos son los temas “Heavy Weather” y “Beyong Wrong”, de pulsión monocorde e inquietante; los insidiosos veintisiete segundos de “Blow Back”; la tenebrosa “Silent Presence” o el augurio de un final trepidante con “Valhalla”. En otros cortes, como “Fallen Angel”, “Mind Wipe”, “Miss Remembered” o “Voyager”, Johnson se acerca a la graduación electrónica de la banda sonora de Tangerine Dream para otro thriller, “Ladrón” (1981), de Michael Mann. Cósmica planeadora hay también en “Echoes”, “Hidden Impulse” y “Friday”, tres piezas construidas como una sola que quizá sean las que mejor definan tanto la estilización visual como la musical que persigue la película.

Johnson lo toca todo (guitarras tratadas, sintetizadores, bajo, percusión, grabaciones en cinta y efectos) y solo colabora en un par de temas la cantante Gillian Glover, que con sus coros convierte “Live & Let Live” (en oposición al “Live And Let Die” jamesbondiano que cantaron Wings) en una untosa mezcla de banda sonora para giallo y la electrónica alemana de Kraftwerk, y en “Unrequited”, la única rockera del disco, se compenetra bien con la hosca voz de Johnson. Es una banda sonora funcional antes que innovadora, precisa y estilosa, con reminiscencias de los sintetizadores ochenteros y el cine negro que se hizo en esa década. ∎

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