Álbum

Tom Smith

There Is Nothing In The Dark That Isn’t There In The Light[PIAS] Ibero América, 2025

“No hay nada en la oscuridad que no esté en la luz”, declara Tom Smith en “Deep Dive”, el tema que abre el álbum y terminó marcando y titulando su inmersión intimista, un rasgueo en clave folk a cuestionamientos existenciales más o menos profundos. El primer disco en solitario del vocalista y guitarrista de Editors suena reconfortante, una suerte de refugio para las frías noches de invierno y, quizá, los tiempos que corren, la realidad adulta.

Tras veinte años publicando material con Editors y más dos discos como Smith & Burrows, se distancia momentáneamente de la energía de la banda –tanto de su germen indie y post-punk como de su evolución electrónica– en una apuesta más personal, cruda y delicada, con la guitarra acústica como centro.

Desde la apertura, los acordes suenan como suspendidos en el aire, sumergiéndonos en una atmósfera melancólica pero optimista. You are not alone when you are lonely, reitera con piano suave y un sencillo e ingenioso juego de voces en el coro final, que logra sortear edulcoramientos en su resolución luminosa.

Con el productor Iain Archer como cómplice y coautor, Smith entrega una decena de temas tendentes al folk acústico, sobrios en arreglos con guitarras, piano y algunas cuerdas en primer plano, aunque con ocasionales vuelos jazzísticos, como en “Lights Of New York City”, de trompeta crepuscular. También se distinguen reminiscencias ochenteras y de rock-pop británico, como en “Leave” y la nostálgica “Northern Line”, homenaje (y despedida) a otros tiempos y a su amistad con Andy Burrows, autor de un fragmento de la melodía.

Los finales me están rompiendo el corazón”, confiesa vulnerable en el punto alto del álbum, “Endings Are Breaking My Heart”, con un dulce punteo de guitarra, que desemboca en un vivaz interludio de piano. “This shell of a man still has hope”, este cascarón de hombre aún tiene esperanza, clama, llevándonos al corte más épico del conjunto, “Life Is For Living”, con arreglos de cuerda y coros in crescendo, en un grito vitalista, sentido aunque manido en lírica. Quizá con menos pretensiones, la juguetona “Souls” ahonda más, mostrando la interconexión de almas en el entretejido de voz líder y coro: “Aferrándome a la madera flotante / en la cima de la verdad. Que el alma perdida en mí / necesita el alma perdida en ti”.

El artista, de 44 años, ha madurado como compositor y persona. A lo largo del álbum, su voz de barítono articula versos emotivos de forma reposada, contenida en potencia y registro, pero sentida y acogedora, acerca de cuestiones paradigmáticas de la edad mediana: viejas amistades y experiencias (“Northern Line”, “How Many Times”), amores que redimen (“Broken Time”), pérdidas y despedidas, luchas compartidas, aceptación (“Leave”) y resiliencia.

Reflexivo e intimista, puede que no alcance la epifanía, las grandes revelaciones de la madurez. Pero sí teje un puñado de canciones evocadoras, que con delicados arreglos crean la atmósfera, el punto de partida para preguntarse cosas y respirar: el ánimo introspectivo de la vulnerabilidad adulta. ∎

Etiquetas
Compartir

Contenidos relacionados