Nuevo disco de Tori Amos (el decimoctavo ya), nueva inmersión en un universo propio donde la fantasía esconde horrores muy reales. La veterana cantante, compositora y pianista presenta “In Times Of Dragons” como una “historia metafórica sobre la lucha por la Democracia sobre la Tiranía”, pero este álbum conceptual es, a la vez, una especie de ucronía íntima, un intento de averiguar a través de la música qué habría pasado si hubiera llegado a casarse con un hombre rico en lugar de con su soundman.
Habría sido la peor decisión. En la inicial “Shush” aparece como una mujer que lleva “silent all these years” –como se llamaba un clásico de “Little Earthquakes” (1992)– ante un marido tan capaz como Peter Thiel de afirmar que “la libertad y la democracia ya no son compatibles”. Su voz ahora grave pero todavía expresiva y un piano amenazador, dramático, cinematográfico, indicador de que algo terrible está a punto de suceder, nos adentran en el álbum de manera bastante sugerente. Es fácil imaginar a Amos como una colaboradora ideal de Massive Attack.
En el corte titular, esa Amos alternativa ya está a la fuga de “este demonio lagarto y sus sádicos compañeros” (o, dicho de otro modo, Trump y sus afines); convenientemente, la siempre brillante batería de Matt Chamberlain adopta un mayor dinamismo. La heroína se dirige al paraíso gay de “Provincetown”, cuyo clavicordio trae bellos recuerdos del tremendo “Boys For Pele” (1996); vuelve a optar por sus teclas en la notable “Blue Lotus”. En su camino de regreso hacia sí misma se encuentra con La Hija, encarnada por la propia hija de Amos, la estudiante de derecho penal Natashya Hawley, que canta y cocompone varios temas: “Veins”, “Strawberry Moon” (muy Kate Bush) y la declaración de apoyo mutuo eterno “Stronger Together”. El segundo de ellos forma parte (con “Song Of Sorrow” y “Flood”) de una trilogía sobre un affaire sensual con el dios celta Lug: Amos siempre será Amos, abrazada con pasión a las referencias religiosas y mitológicas.
El disco acaba igual de bien que empieza. “23 Peaks” es un título más que apropiado para un epílogo con tanto del Angelo Badalamenti de “Twin Peaks”: colchón de sintetizadores melancólicos para entonar un cierto mea culpa, para señalarse como parte del problema, una entidad “medio dragón, medio mujer”.
Hay un par de problemas que hacen “In Times Of Dragons” algo menos memorable de lo que pudo ser. Está el exceso de minutaje, como en la mayoría de sus discos desde tiempos inmemoriales. Pero, sobre todo, está esa producción demasiado clean, de pop adulto elegante, quizá no tan AOR como en “The Beekeeper” (2005), pero casi. Se echan de menos las (también elegantes) turbulencias sónicas de sus álbumes de los noventa, sobre todo su abrazo de la electrónica en “From The Choirgirl Hotel” (1998) y “To Venus And Back” (1999). Y aquí es donde vuelvo a soñar con esa colaboración con Massive. ∎