Álbum

Víctor Coyote

El propioEl Volcán Música, 2026
Es muy probable que él ya se lo tome a chufla a estas alturas de la película –el sentido del humor es una de sus señas de identidad–, pero es indiscutible que Víctor Aparicio (Tui, Galicia, 1958) es un pionero del mestizaje musical que nunca ha gozado del reconocimiento (al menos no de la popularidad, que ya sabemos que del oropel crítico no se come) de otros precursores hispanos. Otro de sus rasgos, sin duda asociado a su retranca, es no haberse dado nunca demasiada importancia a sí mismo. Quizá por eso en este recopilatorio, el primero que recoge lo más granado de su carrera en solitario tras su trayecto con Los Coyotes hasta principios de los noventa, no ha querido explayarse en demasía: son solo diez canciones de entre las más de setenta que ha publicado a lo largo de más de tres décadas de singladura a nombre de Víctor Coyote. Puede parecer que saca poco pecho, desde luego. Pero creo que la selección es lo suficientemente diversa como para que cualquiera la pueda tomar como una tarjeta de visita más que pertinente a una discografía de rango estilístico tan dispar, siempre con la mirada puesta en los cuatro puntos cardinales bajo la supresión de cualquier clase de frontera. Y con el añadido de que aquí también se recoge parte de su vasto trabajo como ilustrador y dibujante, la disciplina con la que se ha ganado la vida al margen de lo estrictamente musical, y que ha dado pie a alguna de estas canciones.

Hay un corte inédito que bien puede ser una declaración de intenciones: “Ya fui una estrella del rock antes de que el rock muriera, antes de que Puerto Rico agitara la perrera… siempre hay un grupo tributo que revive tus días de gloria”, canta en una “Así me tratan ahora” que, por producción y hechuras, no desentonaría en una playlist junto a cualquier tema de los Khruangbin. El comic street single “Si te falta calle”, publicado originalmente en 2024, ilustra la conexión entre Cuba y África, con el lacre de su descreído costumbrismo marca de la casa. “Joven de cuello vuelto” muestra su veta más pop al tiempo que ironiza –la referencia a Rimbaud– sobre ese tormento impostado que tanto ha cotizado siempre en según qué ámbitos: el malditismo gratuito.

Se nos marchó también Víctor Coyote a Portugal a ritmo de fado cançao para revisitar a Amalia Rodrigues junto a Rita Braga en “Havemos de ir a Viana” (de Pedro Homem de Mello y Alain Oulman). No podía faltar la cumbia: el exotismo sin postureos de “Cumbia de milagro” (2020) es uno de sus más recientes highlights. Tampoco ese psychobilly abolerado yo al menos no me atrevería a calificarlo de punkabilly; aquello quedó muy atrás –remite a sus inicios, el que conjura en “Yo, que creo en el diablo” (2004)–. No faltan miradas a Grecia –“Yo, el extraño– ni a Brasil –el ritmo tribal a lo favela funk de “Jaguarundi”, que fue canción de la Vuelta Ciclista a España en 1995, un año antes de que a los Pet Shop Boys les diera por adoptar una plantilla similar en “Se a vida é (That’s The Way Life Is)”–. Las guitarras a lo cumbia beat sesentero del rocanrol bugalú “La maravilla” y el cálido tacto fronterizo de “Puerto Rico en mi corazón” (escrita por Mort Shuman en 1972) me recuerdan, respectivamente, a los Radio Futura de “Veneno en la piel” (1990) y al Ry Cooder de “Chávez Ravine” (2005), pero ya sabemos todos muy bien aquello que se dice a veces sobre las comparaciones y el odio. ∎

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