En la portada de “It Goes On” hay un caballo sobre un pedazo de césped y, detrás, varios bloques de Armley, Leeds. La estampa parece haber cruzado mal el Atlántico: el animal arrastra consigo toda la mitología del wéstern, pero aquí no hay grandes horizontes ni John Ford esperando detrás de una roca. Hay hormigón británico. Pocas imágenes explican mejor a Westside Cowboy, un grupo de Mánchester empeñado en hacer convivir la tradición americana con su propia realidad. Ellos bautizaron la mezcla como britainicana, una ocurrencia que empezó casi como una broma y que probablemente se les quede pequeña muy pronto.
Aoife Anson-O’Connell, Reuben Haycocks y Paddy Murphy se conocieron en el Royal Northern College Of Music; Jimmy Bradbury, que trabajaba en la tienda Johnny Roadhouse y ya había tocado con Murphy, completó después el cuarteto. Luego llegaron dos EPs, la victoria en el Emerging Talent Competition de Glastonbury en 2025 y giras junto a Geese o Black Country, New Road.
Loren Humphrey, que ha trabajado con Geese y Cameron Winter, tiene bastante que ver. En “It Goes On” apenas hay maquillaje entre el grupo y quien escucha: las guitarras chocan, las voces se pisan y las pequeñas asperezas sobreviven a la grabación. Los cuatro cantan y todos aparecen acreditados en la escritura de las canciones. Aquí el núcleo permanece elemental: guitarras, bajo, batería y voces. Menos botones, más banda. Su verdadero virtuosismo aparece precisamente ahí, en una dinámica colectiva donde importa más cómo se empujan entre los cuatro que cualquier exhibición individual.
Las influencias son reconocibles sin que el debut quede atrapado en ellas. Hay algo del desaliño de Pavement, de la manera en que Wilco retuercen la tradición americana y, por momentos, incluso ese descaro guitarrero de los primeros Strokes. En “Kick Stones (The Boys)”, la guitarra circular apunta hacia “What Goes On” de The Velvet Underground, una referencia que el propio grupo ha reconocido, aunque ellos llevan esa repetición hacia un terreno mucho más tenso y explosivo. Haycocks ha contado que llegó a odiar el tema después de tocarlo tantísimo; sentían que había perdido su intención inicial y tuvieron que llevarlo de vuelta a una forma más cercana al origen. “Pin Up Boys”, que os adelantamos aquí, nació también de la frustración, grabada finalmente casi como la tocaban en directo, mientras “Coyote” baja el volumen y deja respirar especialmente la voz de Anson-O’Connell. Los EPs quizá tenían algo más de peligro; el álbum gana a cambio una coherencia mucho mayor.
El corazón está en “Worried Age”. La ansiedad adquiere allí una presencia casi física: “It eats and it sleeps and it walks”. Más adelante, alguien permanece dentro del coche con el motor apagado y las manos aferradas al volante. Todo está dispuesto para avanzar, pero arrancar parece otra cosa. Incluso el amor tropieza con la incapacidad de expresarse –“I really couldn’t find the words”–. No es casual que coches, ruedas, carreteras y movimiento reaparezcan durante el álbum: la propia banda ha contado que, al terminarlo, descubrió cuánto se repetían las ideas de tiempo y movimiento.
Ese desasosiego reaparece en “You Could Have Died There On The Dancefloor”. Y cuesta no enfrentar dos fotografías de la juventud británica. En 2006, Arctic Monkeys convirtieron pubs, taxis, colas y pistas de baile en el territorio donde una generación bebía, ligaba, observaba y hacía el ridículo; “I Bet You Look Good On The Dancefloor” estaba en el centro de aquello. Veinte años después, Westside Cowboy regresan a una pista abarrotada, pero la luz azul del teléfono cae sobre un rostro agotado y el narrador parece contemplarlo todo desde fuera. No hace falta que ambos grupos se parezcan musicalmente para que esas dos pistas de baile digan bastante sobre lo ocurrido entre medias.
Tampoco “It Goes On” pretende presentarlos como una banda ya definida del todo. Conserva dudas, errores y costuras, justo cuando cuatro músicos empiezan a descubrir hasta dónde pueden llegar juntos. En la portada, el caballo permanece quieto frente a los bloques. Dentro del disco, el tiempo y el movimiento reaparecen una y otra vez. Nosotros ya hemos elegido montura para seguir a Westside Cowboy: este debut es brillante y dan ganas de ver hasta dónde llegan. ∎