ike O’Malley atiende a la videollamada de Rockdelux desde su casa en New Cross, el barrio del sudeste de Londres en el que vive desde hace años. Con una estantería llena de libros a su espalda, no parece el tipo escurridizo y evasivo que dicen que es cuando habla de la música de caroline. Antes de iniciar la charla, pregunta por la ciudad y el barrio desde el que estoy haciendo la entrevista. “Carabanchel, en Madrid”, le respondo, y se le ilumina la cara. “Hablo un poco de español. Mi pareja es argentina y he estado aprendiendo el idioma durante los últimos años. Vamos muy a menudo a Madrid, donde tenemos amigos. Siempre hablamos de mudarnos allí, nos gustaría mucho. Es una ciudad que nos encanta. Mi sitio favorito es el parque del Oeste y, cuando voy, me gusta perderme por allí con un libro al atardecer. Quizá nos mudemos en el futuro”, comenta el cantante y guitarrista, que reconoce haber estado escuchando últimamente al dúo catalán Tarta Relena.
La primera semilla de caroline la puso él junto a su amigo de la adolescencia, el vocalista y multinstrumentista Jasper Llewellyn, en el condado de East Sussex. Se conocieron con 16 años y no tardaron mucho en formar un dúo de versiones de folk de los Apalaches. Dos años después, este último se marchó a la Universidad de Mánchester, donde estudió Teatro e Historia del Arte. Allí conoció al también guitarrista Casper Hughes, que asistía a la facultad de Política y Relaciones Internacionales, antes de convertirse en periodista. Tras graduarse, ambos se mudaron a Londres, donde formaron una banda de post-punk clásico, pero pronto les aburrió. Necesitaban complicar la cosa e invitaron a O’Malley, que no vivía lejos de la capital.
Aquel primer núcleo de caroline fue sumando miembros al mismo tiempo que publicaba sencillos hasta que llegó su disco de debut en 2022, recibido con entusiasmo por medios especializados británicos como ‘The Quietus’ o estadounidenses como ‘Pitchfork’. También por Rockdelux. El pasado mes de mayo publicaron su segundo disco, “caroline 2” (Rough Trade-Popstock!, 2025), en cuya composición han participado sus ocho miembros actuales –sumen a Oliver Hamilton, Magdalena McLean, Freddy Wordsworth, Alex McKenzie y Hugh Aynsley– que funcionan casi como colectivo musical en el que dan cabida a instrumentos como el violín, la trompeta, el saxofón, la flauta o el clarinete, entre otros. Pronto lo presentarán en España: el 31 de marzo en Barcelona (Upload) y el 1 de abril en Madrid (El Sol). “En realidad, cuando nos juntamos los tres hace nueve años no teníamos ninguna intención de mostrarle la música a nadie. Nos reuníamos una vez por semana en un pequeño local de Haringey, al norte de Londres, con la única intención de divertirnos componiendo música, pero sin ninguna pretensión. No pensábamos ni lo más mínimo en grabarla, publicarla o salir de gira. Aunque no lo creas, no hicimos las primeras canciones con esa pretensión, no era el plan. Aún recordamos esa época con mucho cariño. ¡Nos encantaba!”, recuerda O’Malley.
Sin embargo, algo ocurrió. Decidieron dar algún concierto en diferentes espacios alternativos de la capital: una iglesia, una galería de arte, un local autogestionado... No muchos más, porque en su sexta actuación en un pequeño club llamado Moth apareció un tipo del sello Rough Trade. Escuchó atentamente su pequeño set de canciones, alguna de más de diez minutos de duración y, sobre todo, sin la típica estructura de estrofa-estribillo-estrofa, como si estuvieran improvisando. Le gustó tanto que, al acabar, se acercó y les preguntó si tenían algo grabado para publicarlo.
¿Os sorprendió ese interés inmediato por parte de Rough Trade?
Sí, claro, mucho, porque no pensábamos publicar ni un sencillo. Nos juntábamos por el simple placer de tocar. De hecho, teníamos solo dos canciones terminadas. Una era “Dark Blue”, la que abre nuestro primer trabajo, que incluso está mal mezclada, tal y como se escucha en el disco. Iba a ser una mala maqueta. Cuando dimos aquel concierto en el Moth no sabíamos que había alguien de Rough Trade viéndonos. Al preguntarnos si teníamos alguna grabación, le dijimos que solo ese tema mal grabado, pero le encantó.
Esa confianza ciega es muy poco habitual en sellos tan respetados.
Sí, pero de verdad que no lo buscábamos, simplemente sucedió. Esa canción no era suficiente para darle la oportunidad a una banda como caroline, que nadie había escuchado. Llevábamos ensayando muy poco tiempo, estábamos empezando, así que estamos muy agradecidos. Nunca habríamos grabado un álbum si Rough Tarde no nos lo hubiera pedido. ¡Solo habíamos dado seis conciertos!
Seríais una buena banda en directo…
Lo cierto es que no recuerdo bien cómo nos veíamos entonces. Estábamos haciendo algo que nos parecía interesante, pero no era tan cohesionado ni desarrollado como ahora. Sin duda, era una versión interesante de la banda actual, pero muy distinta de lo que somos hoy. En esos conciertos, además, participaron músicos que solo tocaron una vez con nosotros. Todo era muy fluido, no había una formación fija para los conciertos. Fue una etapa muy abierta y en continua transformación.
¿En esos primeros conciertos ya teníais esa mezcla de caos y melodías tan reconocible en caroline? Es una seña de identidad que me recuerda a bandas como Dirty Three o Thee Silver Mt. Zion Memorial Orchestra. “Total euphoria”, la canción que abre el último disco, es un buen ejemplo de ello.
¡Sí, amo a esas dos bandas! Me alegra que percibas esa mezcla entre la vertiente caótica y la más dulce y melódica. Creo que es un aspecto muy importante de nuestra música y nos gusta que ambas convivan. Cuando empezamos a escribir música, nos gustaba pensar que sonábamos, sobre todo, como Dirty Three. Estaba obsesionado con el grupo de Warren Ellis cuando tenía 20 años, aunque ahora no sea la banda en la que primero pensamos cuando estamos en el local. No es porque no nos gusten, sino porque ahora estamos explorando cosas nuevas todo el rato. Pero sí, si suena una canción de Dirty Three, todavía me encanta. Hace unos meses fui a verlos en directo y fue increíble.
¿No es un dolor de cabeza poner en orden las influencias de tantos miembros con gustos dispares?
Sí, en ocasiones se convierte en un pequeño quebradero de cabeza, pero una parte muy importante del hecho de que tantas personas intervengamos en la composición es precisamente que todos somos conscientes de que no debemos intervenir demasiado, tenemos que dejar espacio a los otros. Los ocho entendemos lo importante que es eso. Es inusual que, si estamos trabajando en una canción, alguien tenga que decirle a otro que toque menos o que guarde silencio un rato. Casi nunca sucede. Lo tenemos muy interiorizado y eso es parte del divertimento de escribir canciones en caroline.
¿Cómo surgió la colaboración de Caroline Polachek para el tema “Tell me I never knew that”? No sé si fue fácil o difícil meterla en esa ecuación ya de por sí complicada.
Habíamos escrito la melodía vocal y estábamos convencidos de que sonaba como si la hubiera escrito ella. Estuvimos mucho tiempo pensando en preguntarle si le gustaría cantarla, pero no la conocíamos personalmente y tardamos un año en hacerlo. Al final le enviamos un mensaje a su Instagram y nos respondió enseguida que estaría encantada. Nos conocimos directamente el día que la grabamos e hizo un trabajo increíble sin apenas ensayar. El tema mejoró tanto después de su aportación que no consistió solo en cantar lo que le dijimos, sino que aportó en la composición, que ahora no puedo imaginar que existiera sin ella. Fue un privilegio y, además, creo que Caroline Polachek nos ha traído seguidores que no nos conocían.
¿Quién decide la música que se escucha en la furgoneta?
Bueno… depende de quién viaje y quién tenga el teléfono, porque cambiamos de conductor cada vez. Suele ser música más o menos divertida y, sobre todo, bandas que nos gustaban cuando íbamos a la universidad. Elliott Smith y cosas por el estilo. Al final eso también se complica (risas) y, al final, acabamos recurriendo a todos aquellos grupos de indie rock que nos gustaban cuando éramos más jóvenes, sobre todo, aquellos de la década de 2010.
Ha dado mucho que hablar vuestra canción “Coldplay cover”. ¿Os gusta realmente o es solo una broma?
Fue el nombre que le pusimos en la demo como broma interna dentro de la banda, pero no es sobre Coldplay en sí. Nos parecía divertido, aunque no porque tuviéramos una opinión especialmente crítica con respecto a esa banda, así que lo dejamos así. Sabemos que es un título extraño para una canción, pero no queríamos cambiarlo. Quién sabe, lo mismo nos ha traído algún seguidor despistado de Coldplay, pero lo cierto es que nadie me ha dicho todavía que haya descubierto a caroline por el nombre de ese tema.
Recientemente dijiste que, en realidad, ninguno de vosotros escucha ahora todas esas bandas de post-rock con las que os asocian. ¿Tenéis una relación de amor-odio con esa etiqueta?
Intento no pensar demasiado en ello, aunque personalmente no me siento muy cómodo diciendo que caroline es una banda de post-rock. No tengo la sensación de que ese sea el género que hacemos. Al mismo tiempo, no me importa si la gente quiere llamarlo así o de otra forma. Entiendo que alguien pueda etiquetarlo así y me parece bien, aunque no lo comparta.
Casi ningún músico se siente hoy cómodo con las etiquetas que les ponen...
Es cierto que muchos artistas sienten que poner etiquetas es algo reductivo con respecto a la música que hacen, pero no todos. Hay algunas bandas para las que todavía es importante formar parte de una escena o un género, como el punk. Es algo que buscan de manera consciente, pero para mí lo mejor es no pensar demasiado en cómo la gente etiqueta a caroline. Me da exactamente igual.
Aunque Jasper, Casper y tú sois la base del proyecto, tenéis claro que los otros cinco miembros no son músicos de sesión o instrumentistas que os lleváis únicamente para los directos.
Es que no lo son, de ninguna manera. Somos una banda de ocho personas y todos colaboramos en la escritura de la música. Es verdad que nosotros tres somos los que dirigimos el grupo creativamente, pero es una banda mucho más amplia en la que todos intervenimos. Eso lo hace un poco más complicado y, como he dicho, también más divertido. A diferencia de nuestro debut, en el que Jasper, Casper y yo lo hicimos casi todo, este segundo hemos cambiado tanto la forma de trabajar que también lo sentimos como si fuera el primero. En esta ocasión, nosotros tres trajimos al local un montón de ideas abstractas para convertirlas en canciones de verdad con el resto de la banda. Lo que les presentamos estaban lejos de serlo, eran solo comienzos de algo, y los ocho los transformamos en canciones.
Viendo los problemas que tienen muchas bandas para vivir de su música en estos momentos, me imagino que en vuestro caso ese aspecto se complica aún más.
Sí, es muy duro. En realidad, los únicos momentos en los que podemos vivir de la música es cuando estamos de gira, pero no damos conciertos todo el año. Lo hacemos un par de semanas o un par de meses si hemos publicado un álbum, pero no es sostenible vivir de caroline todo el tiempo. Esos períodos los podemos alargar porque nosotros mismos dirigimos todos los aspectos que no tienen que ver con la música y reducimos mucho los gastos. Organizamos las giras, nos encargamos de la logística… Todo. No hay muchas personas externas a las que tengamos que pagar, tan solo a nuestro ingeniero de sonido y desde hace muy poco tiempo. Lo decidimos porque no habríamos podido llevar al directo las nuevas canciones teniendo a uno distinto cada noche. Pero sí, el hecho de que nosotros nos encarguemos de todo es lo que hace posible que sigamos adelante, y eso es también un desafío en sí mismo.
¿A qué os dedicabais antes de formar caroline?
Además de nuestras profesiones, todos estaban en otros proyectos antes de montar caroline. Yo salía de gira continuamente con las bandas de otros músicos, e incluso conseguí hacerme con una especie de pequeño salario durante un tiempo haciendo eso. También tenía una banda con amigas de toda la vida, Girl Ray. Todavía toco con ellas de vez en cuando. La mayoría de mis compañeros de caroline conservan también los proyectos que tenían antes, con los que están igual de activos y ocupados.
Rough Trade os fichó e inmediatamente después llegó el COVID. Debió de ser un duro golpe para vuestras expectativas.
¡Oh, sí! Rough Trade anunció nuestro fichaje días antes antes de que comenzara el primer confinamiento. Fue un pequeño chasco, porque todo se paralizó. De todas formas, millones de músicos lo pasaron peor, porque acababan de publicar un disco y no pudieron salir de gira, lo que les hizo perder mucho dinero que necesitaban para vivir. Nuestra situación no fue tan mala y además nos dio tiempo para trabajar sin prisas en el debut. Fue un momento horrible para el mundo, pero positivo de alguna manera para nosotros. Tuvimos que cancelar algunos conciertos, pero nos resultó muy útil disponer de ese tiempo.
¿Os sorprendió la atención que recibisteis con el primer disco, teniendo en cuenta que vuestra música no es la que suele sonar en la radio ni tiene estribillos fáciles y pegadizos?
Sí que nos sorprendió, pero nunca he tenido la sensación de que se convirtiera en un álbum muy popular. Es cierto que a mucha gente de Gran Bretaña, Europa y Estados Unidos le encantó, pero a otros sé que les resultó difícil de digerir porque algunas canciones eran muy largas. Para nosotros, en cambio, fue un pequeño triunfo y estábamos muy contentos con lo que la gente decía de él. En este segundo disco, sin embargo, notamos un cambio mucho mayor, con más críticas que han aparecido en la prensa y el aumento de la atención.
¿Nunca os sentisteis inseguros con esa música tan coral y de estructurar poco convencionales?
La verdad es que no, ni con el primero ni con el segundo disco. Confiamos mucho en lo que hacemos, especialmente en este segundo disco, por la sencilla razón de que hemos estado trabajando en él durante mucho tiempo. Nos daba igual lo que la gente pudiera pensar en relación con el primero. Esa confianza en nosotros es todo lo que necesitamos. ∎