Canciones empáticas.
Canciones empáticas.

En portada

Joaquín Pascual

“No me entiendo sin hacer canciones, sin sacar discos, sin tocar”

Fotos: Alfredo Arias

20.01.2026

La edad está para algo. Por ejemplo, para publicar un álbum de canciones en los huesos y no tener pudor de enseñar todas sus influencias en forma de versiones libres de las canciones originales que le provocaron. En “No hay nada que hacer por el romanticismo”, Joaquín Pascual recoge la felicidad de la nueva vida con sus nietos y la enfrenta a la descomposición ética para defender que, a pesar de todo, nos merecemos ser felices.

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na de las cosas más difíciles en este mundo de la música es cumplir años o, por qué no, envejecer y estar conforme con ello: encontrar nuevas satisfacciones en la vida y transmitirlo en las grabaciones. Este caso podría denominarse “la madurez de un indie”, que nos ha invitado a excitantes viajes interplanetarios sonoros y textuales, y que ahora habla de la búsqueda de una chispa de felicidad entre las llamas de la destrucción ética circundante. Y lo hace con un rock esquelético y honesto, homenajeando sus influencias sin alharacas pero con determinación.

Tras cada uno de los singles de adelanto de “No hay nada que hacer por el romanticismo” (Sonicdad, 2025), Joaquín Pascual –cofundador de Surfin’ Bichos, Mercromina y Travolta– ha añadido la versión de la canción original de la que partió la inspiración, algo que había siempre que ocultar, y que generaba que “cuando haces canciones intentas tener tu propio sonido, tu personalidad como músico, una forma de componer… y de alguna manera, siempre se da el momento en el que llega alguien que te dice: ‘Esta canción me suena a tal’, y da un poco de rabia”. Y ya se trate de las publicadas de T. Rex, The Velvet Underground, Simon & Garfunkel, Roy Orbison o de las que puede que salgan durante 2026 de George Harrison y Leonard Cohen, Joaquín ha terminado haciendo una adaptación que es una mezcla entre lo que dice la letra y lo que siente de toda la vida que decía la canción. O lo que es lo mismo; estas versiones libres son, en muchos casos, lo que imaginábamos cuando aún suspendíamos en inglés, como si hubieras llenado los huecos entre el estribillo y las dos frases que te sabías de cada canción, algo que crea un nuevo universo sonoro que encaja con el inconsciente colectivo indie, presente y pasado, a las mil maravillas.

Pero es que Joaquín regresa de un viaje al corazón de la introspección con obras como “EX” (El Ritmo de los Acontecimientos-Gran Sol, 2019), en el que bordea los límites de lo mal llamado neoclásico contemporáneo, o “La Frontera Scores” (El Ritmo de los Acontecimientos-Grabaciones en el Mar, 2013), instrumentales que saben a reunión familiar en torno al calor de un spaghetti wéstern modular. Por el camino de vuelta se rencuentra con la alegría y pureza infantil. De la mano de sus nietos reconoce que su (nuestra) capacidad para saborear un instante de felicidad debería ser, casi, un derecho fundamental frente a la ignominia y la posverdad. “No veo esos golpes de timón que supuestamente pego. Es cierto que tuve la época esta del piano con unos discos un poco más introspectivos y con unos pensamientos un poco más profundos, sobre todo por circunstancias que pasaban en mi vida como el fallecimiento de mi padre o de un amigo íntimo, o el nacimiento de mi nieto… Todo eso me revolucionó por dentro, y notaba que me estaba alejando de lo que normalmente hacía, de manera un poco consciente, pero otras veces no lo noto tanto. Ahora, la única premisa que tenía era hacer un disco, en la medida de lo posible, más empático, más dócil, y que no fuera complejo. Pero fuera de eso, no mucho más”, afirma durante su encuentro con Rockdelux en Madrid.

La música y la vida.
La música y la vida.

Hay últimamente dos líneas musicales en tu discografía, la de tus discos con canciones más usuales y el trabajo al piano, y por otra parte las “Frontera Scores” con un enfoque aún más familiar. ¿Qué papel juegan ambas líneas en tu vida?

Cuando escribes canciones entras en otro juego y te sometes a cierta forma de decir las cosas. Tienes que estar de acuerdo con las palabras, con la música, con lo que realmente quieres comunicar, y eso me obliga a ser más profundo, a meditar más, a ser menos inmediato. Pero también estoy haciendo esa música instrumental, y precisamente ahora estoy metido en otro álbum, porque me propuse hacer uno entre disco y disco, y ahora estoy con un epílogo. Primero hice “La Frontera Scores”, luego hice el del piano, “La Frontera Scores Vol. 2 Solo Piano” (lo autoeditó en 2021), y ahora estoy haciendo uno con sintetizadores un poco Vangelis, y ahí me dejo llevar más, no tengo el texto por medio.

Por lo tanto, ¿son una conclusión del anterior disco?

No. Pero los hago para desintoxicarme un poco de mí mismo, de esas letras y de todo ese proceso de hacer un disco de canciones, que me exigen esa introspección.

Me gustaría hablar un poco de tu necesidad de dar conciertos o de seguir grabando música en este momento, contra viento y marea y cuando tienes una vida completamente encarrilada y tranquila. No comparo nada, pero recuerdo a Keith Richards, que lo tiene todo y sin embargo dice que si no toca su riff se muere.

Pues un poco de razón tiene, no te voy a engañar. Desde pequeño he vivido rodeado de música. Mi padre era compositor también. No me entiendo sin hacer canciones, sin sacar discos, sin tocar. Todo esto, para mí, a nivel vital, es genial, me produce una satisfacción increíble. Pero todo lo demás es bastante complicado, porque llevar las cosas al directo, sacar un disco o hacer un vinilo supone un gran esfuerzo, tanto económico como de todo tipo. Pero parar es que ni me lo planteo.


“Cuando escribes canciones te sometes a cierta forma de decir las cosas. Tienes que estar de acuerdo con las palabras, con la música, con lo que realmente quieres comunicar, y eso me obliga a ser más profundo, a meditar más, a ser menos inmediato”


De vez en cuando hay una reunión de Mercromina o de Surfin’ Bichos. ¿Qué te pueden aportar en este momento y qué pueden aportar a los demás, además de nostalgia?

Vi un documental sobre The Birthday Party en el que Nick Cave decía que hubo un tiempo en el que consiguieron un momento muy especial en los conciertos, una magia que ni siquiera ellos mismos podían controlar, algo increíblemente brutal. Y el hecho de haber tocado en un grupo con el que ha habido una magia que no has vuelto a tener luego ya nunca… Y sucede en esos momentos, cuando toco con Mercromina o con Surfin’. Luego ya no la puedes ni siquiera volver a intuir si no haces un concierto. Es eso. Con Mercromina tocamos muy poco, pero cuando lo hacemos lo que más espero es que suceda eso, tener esas sensaciones que hemos tenido siempre. Y sí, hay nostalgia, pero se trata de recuperar esas sensaciones que solo puedes vivir si vuelves a tocar con ellos. Es por eso. En algunos momentos lo hemos hecho porque económicamente nos venía bien, pero fundamentalmente ahora lo hacemos por esa sensación.

“No hay nada que hacer por el romanticismo” podría interpretarse como “el mundo está hecho una porquería, pero yo tengo mi planeta para vivir y mirarlo cómodamente”. ¿Cómo lo completarías o lo corregirías?

No está mal. El disco está dedicado a mis dos nietos. Creo que ha habido una gran influencia de mi vida con ellos, de descubrir de nuevo esa vitalidad, esa sensación de querer vivir con ellos y esa luminosidad que transmiten, y compararla con la destrucción que hay ahora mismo, con este mundo que no nos deja ser felices. En el disco hay muchas canciones que hablan de eso: “yo estoy contigo, yo te quiero con toda la fuerza, y lo que hay afuera no lo vamos a tener en cuenta, vamos a disfrutar el uno del otro, vamos a disfrutar de nosotros”. Durante el proceso del álbum no me había dado mucha cuenta, pero cuando lo he ido oyendo tiene ese doble rasero: aferrarte a ese amor tan puro, a esa sensación tan vitalista que tienen ellos, y que te aleja un poco de toda esa barbarie.

Mirando al pasado con ojos del presente.
Mirando al pasado con ojos del presente.

¿En esta actitud hay algo de exilio interior, de encontrar una isla de Elba emocional?

Claro, mi refugio es este que te digo y para otras personas puede ser otro. Evidentemente hay que buscar un refugio, no solo climático, sino un refugio espiritual, porque ni este mundo ni el telediario nos dejan ser felices. Todo lo que está sucediendo en el mundo me trona mogollón, y esos días que paso con ellos o esas sensaciones que tengo con ellos me hacen olvidar todo eso.

¿Y cómo funciona éticamente eso de buscarse un exilio en medio de lo que está ocurriendo? ¿Es ético buscarlo y decir “ahí os quedáis”?

No, no es exactamente eso, no es “ahí os quedáis”, es tener la posibilidad, en algunos momentos, de ser un poco feliz, de encontrar por momentos la luminosidad en la vida. Evidentemente la realidad es la que es y el compromiso de cada uno tiene que estar ahí a su manera, pero todos necesitamos en algún momento de la vida tener un atisbo o una pequeña sensación de querer la vida, de querer estar bien.

Creo que nunca habías hecho canciones que reflejaran de una manera tan poco críptica lo que ocurre en el mundo.

Comencé el disco con una canción que se llama “Medio desnudo”. La idea era alguien que ha perdido su identidad como persona al que su corazón ya no le dice nada, ya no se siente libre, por lo que esa persona va por el mundo medio desnudo, como un vagabundo. Quise contarlo todo desde la visión de esa persona que busca su sitio otra vez, mira lo que sucede alrededor y se encuentra con lo que pasa con la mentira, con cómo tratan a la gente. Por lo tanto, hay un intento de retratar un poco más la verdad, y un intento de ser un poco más social, un poco más comprometido.


“Evidentemente la realidad es la que es y el compromiso de cada uno tiene que estar ahí a su manera, pero todos necesitamos en algún momento de la vida tener un atisbo o una pequeña sensación de querer la vida, de querer estar bien”


“Por el bien de la gente” podría parecer un poco cínica: “Por el bien de la gente, pero está todo dirigido, y está bien que seamos gente, pero somos gente a la que dirigen”. Acláralo, por favor.

La palabra “gente” siempre me ha encantado, porque cuando se habla de la gente se habla del montón. Y, mira, cuando acabé esta canción se la mandé a un amigo, a Tórtel, que está en Valencia, para que la escuchara. Justo fue antes de la dana. Luego él me escribió y me dijo “fíjate tú lo que es la gente, la pobre gente”. Es un poco más esto: la desprotección ante entes y administraciones. La gente se protege a sí misma y la canción habla un poco de eso. Parece que todo está hecho para nuestro bien, pero en realidad estamos perdidos en este mundo, por lo que ser solo “gente” en realidad es un orgullo, porque todo lo demás es patético. Prefiero ser “gente” a sentirme del otro lado. Es reivindicar el hecho de ser una persona normal.

T. Rex, The Velvet Underground, Simon & Garfunkel y Roy Orbison aparecieron en los singles de adelanto del disco. ¿Por qué? ¿Qué es esto?

También quería hacer alguna versión de George Harrison y de Leonard Cohen. No me ha dado tiempo, pero seguramente para febrero o así quiero sacar un EP con estas cuatro versiones ya publicadas y dos o tres más. Y la idea era que en el disco hubiese unas influencias que estuviesen claras, porque me apetecía que fuera así y no que fuera algo escondido. Cuando estaba haciendo las canciones me iba inspirando en algunas otras y me dije “¿por qué no?”. Son caras B para que quien oyera el disco identificara esas referencias.

Es un repertorio de homenajes.

Sí, total. Es que en este momento no me importa que esas canciones tengan esas referencias claras y que la gente pueda decir “hostia, pues el principio de esta canción me recuerda a T. Rex”. Pues ahí está la versión para justificar el hecho de que es así. Después de tantos discos no pasa nada si reconoces tus influencias.

Sin máscaras.
Sin máscaras.

¡Has transformado “The Only Living Boy In New York”, de Simon & Garfunkel, en “Vivo y en Albacete”!

Excepto en la canción de la Velvet (se refiere a “Domingo por la mañana”), de la que mandé la letra a Fernando Alfaro porque es muy fan del grupo y le pedí su opinión e intenté ser un poco más comedido, en las demás intenté otra cosa. Quise que en las versiones hubiese frases de mis canciones del disco y llevar esas letras al terreno de mis propias canciones.

Todos los homenajes o inspiraciones son de canciones que ya se habían grabado en los setenta.

Las canciones que hay en el disco no son ni con mucho las canciones que más me han influido. Y sí, son muy antiguas. No hay ni una sola canción de los noventa ni de los ochenta, pero son esos temas que siempre han estado ahí. Por ejemplo, la canción de Simon & Garfunkel es una de las que más me ha gustado desde que era niño. Es increíblemente bonita y tiene todo lo que a mí me ha fasciando en una canción: la melodía es preciosa y los coros son superbonitos. Sobre las letras, tú sabes de qué va la canción, la has escuchado toda la vida y más o menos lo entiendes, pero cuando la traduces hay cosas que no controlabas y que te llevan a terrenos desconocidos, y prefiero sentirla como yo la sentía antes que saber lo que están diciendo. Y lo que quería decir era eso, “Vivo y en Albacete”.

Hablemos del poder de cada canción, ese poder de los tres minutos y medio que ha sido durante tanto tiempo un salvavidas o un manifiesto estético y filosófico. Parece que ese poder se está desmoronando un poco.

Nosotros, como románticos viejos, entendemos el poder de la canción, como las canciones de Bob Dylan en su momento, o las que nos pudieron marcar en los ochenta de los grupos que nos gustaban, como cuando oí por primera vez a Nirvana y me dio un vuelco el corazón. Entendemos el poder de los textos de esas canciones y cómo se te queda grabado para toda la vida. Imagino que la gente de ahora, que va a los conciertos y a lo mejor no conoce al grupo y asiste porque ha oído un poquito de una canción en TikTok, puede que solo con eso tenga suficiente. Pero la vida también ha cambiado. Para nosotros no había tanta información, pero podíamos llegar a esos tres minutos e incluso a discos completos que ahora no oye ni dios. Eso responde un poco a la forma de vivir, a tener internet, móvil, etc., por lo que el modo de escuchar música ha cambiado mucho. Pero yo creo que ese poder de la canción aún está ahí. Y el hecho es que, cuando toca un grupo que nadie conoce pero que tiene una canción que se ha vuelto viral en TikTok, a lo mejor llena el Palau Sant Jordi y a lo mejor esa canción ha influido para que todo ese público vaya como loco a verlo. Entonces, poder tiene, lo que pasa que en otro contexto.


“Nosotros, como románticos viejos, entendemos el poder de la canción, como las canciones de Bob Dylan en su momento, o las que nos pudieron marcar en los ochenta de los grupos que nos gustaban, como cuando oí por primera vez a Nirvana y me dio un vuelco el corazón”


Tus anteriores grabaciones tienen un sonido mucho más limpio y brillante, mientras que aquí es mucho más inmediato. ¿Por qué?

Porque es lo que busqué desde el primer momento: intentar que fuese un disco vitalista, fuerte, con ganas de vivir en cada canción. Y para eso no puedes estar dando vueltas y vueltas a cada tema con una superproducción, porque no vas a conseguirlo. Por tanto, producción mínima, tomas rápidas, inmediatez en la grabación y en la mezcla: la canción ya suena y ya está. He querido eliminar todo lo que siempre ha generado demasiada tibieza. Al final la canción que funciona es un esqueleto. Quería que se sintiera que en el momento que la oyes parezca que la has acabado de hacer.

Escuché una vez a Fernando Alfaro y a Enric Montefusco diciendo que los relajaba haber cumplido años porque por fin podían dejar la pedalera en casa y mostrar las canciones más desnudas. ¿Qué es eso que trae la edad para sentir el gusto de dejar los zapatos de tacón en el armario para vestir con orgullo zapato plano?

Le coges el gusto a necesitar menos para decir lo que antes decías con más elementos. Necesitas estar menos arropado, aunque en mi caso no creo que sea que a partir de ahora todo vaya a ser así, pero es cierto que el ciclo en el que necesitas mucho se va agotando, y te vas dando cuenta de que con menos eres capaz de desenvolverte mejor a todos los niveles, no solo con la música. ∎

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